viernes, 26 de marzo de 2004

El agua del Lerma: construyendo su futuro

El reciente acuerdo interestatal con participación federal para el rescate de la cuenca Lerma-Chapala representa una buena noticia dentro de un entorno poco optimista. Pareciera que los grandes problemas nacionales y regionales deben esperar a mejores tiempos políticos, pues en los actuales atravesamos aparentemente por una “resaca democrática” traducida en un canibalismo de la clase política nacional, que dificulta la consecución de acuerdos que superen los inmediatismos electoreros de los líderes partidistas y gubernamentales, que se supone deberían estar tomando decisiones por el bien del país.
La cuenca Lerma Chapala es sin duda la más importante del país. No me refiero a sus recursos hidráulicos, que más bien tienden a ser escasos, sino con relación a la población que la habita y a la actividad económica que ahí se desarrolla. Por lo mismo, por su saturación demográfica y su concentración industrial, es también la más contaminada, la más sobreexplotada y la más conflictuada socialmente. Sus problemas se dejaron crecer durante décadas, sin que las autoridades federal y estatales lograran tejer un acuerdo que se convirtiera en medidas efectivas que evitaran el deterioro acelerado. El acuerdo regional de 1991 fue impuesto autoritariamente desde el centro, y aunque atendía la problemática ecológica, cancelaba para entidades como Guanajuato la posibilidad de fundar un desarrollo sustentable que le garantizara su viabilidad a sus campos y ciudades. Se sacrificó lo más (el desarrollo regional) por lo menos (la supervivencia de Chapala y el abasto de Guadalajara), sin que se exploraran alternativas que combinaran ambos objetivos. Entre esas posibilidades se expusieron varias por parte de los especialistas: reducción del espejo de agua de Chapala, compensándolo con un incremento en su profundidad; abasto de agua a Guadalajara por medio de megaproyectos como el del sistema integral del Pacífico; eficientización del sector agrícola regional; tratamiento y reciclamiento masivo de las aguas de uso urbano; reordenación a fondo de derechos, concesiones y afectaciones relacionadas con el recurso; actualización de padrones de usuarios; eliminación de usos clandestinos y/o desordenados de fuentes subterráneas, y un largo etcétera. Ideas nunca faltaron, lo que pareció escasear fue voluntad política.
El nuevo acuerdo aparenta superar ese estado de entumecimiento y confrontación creciente entre los actores involucrados, particularmente entre los gobiernos de Guanajuato y Jalisco. En lugar de continuar con los debates interminables, por fin se toma la decisión de actuar con contundencia: 2 mil 688 millones de pesos van a invertirse durante este año en obras que sin duda se reflejarán en un desahogo de las presiones alrededor del uso del recurso. Los programas y proyectos que implementarán las cinco entidades de la cuenca, más el gobierno federal, parecer ser muy pertinentes para la preservación de la viabilidad hidráulica de la región. Tengo la esperanza de que además de los recursos económicos (aparentemente abundantes, aunque seguramente insuficientes) los gobiernos apoyen un proceso integral de planeación que desglose acciones concretas de acción inmediata, así como de previsión ante las necesidades del futuro, que ya nos alcanzó.
Sobre el aprovechamiento de un recurso tan vital (literalmente) como el agua, deben desterrarse (o mejor dicho deshidratarse) las tentaciones de politizarlo o de convertirlo en espacio para ventilar regionalismos obtusos o un federalismo mal entendido. La responsabilidad de nuestra generación en la preservación de esta hermosa cuenca y sus flujos o depósitos hidráulicos va más allá de la simple administración de un recurso escaso, sino que exige la asunción de una actitud holística (integral), ambientalista y de largo plazo. Debemos apoyar el rescate, restauración y revitalización de la cuenca privilegiando criterios ecológicos y sociales más que económicos o políticos. Recordemos, aunque no nos guste, que los seres humanos no somos dueños de la tierra o del agua; sólo somos sus abusivos beneficiarios y debemos respetar el derecho del resto de las especies animales y vegetales a disfrutar de sus beneficios. Nadie nos escrituró el planeta ni sus recursos. Debemos aprender a comportarnos menos como la plaga calamitosa del planeta y más como uno de sus inquilinos más respetuosos.
Da gusto que nuestros gobernantes sepan construir acuerdos en materias tan delicadas. Ese es el camino: síganle.

sábado, 20 de marzo de 2004

Capital oxigenada

El gobierno estatal y el municipal de Guanajuato capital vienen de anunciar un ambicioso proyecto de obra pública para el resto del trienio que les resta a sus administraciones. Es un proyecto cuya envergadura no se había conocido desde hace décadas, al menos para una localidad tan castigada como Guanajuato. Y la califico así porque se trata de una ciudad que ha visto debilitarse o incluso desaparecer sus fuentes de sustentación, como lo fueron la minería, la burocracia y la educación. El turismo es la única actividad que plantea potencialidades de desarrollo, pero que todavía no alcanzan a concretarse debido a la incapacidad del empresariado turístico local para involucrarse en el mejoramiento radical de sus servicios.
La ciudad de Guanajuato padece los problemas típicos de la mayoría de las capitales estatales: manifestaciones políticas, población flotante, exceso de circulación vehicular, fuerte demanda de servicios públicos y poca recaudación municipal por derechos e impuestos. Los recursos nunca alcanzan para cubrir las necesidades, muchas de las cuales se generan por su calidad de capital estatal. Esto conduce a que exista una dependencia histórica hacia la buena voluntad del gobernador en turno, quien puede (o no) sentirse identificado con el villorrio cuevanense.
La distribución de las participaciones estatales y federales a los municipios se basa en una fórmula que pondera criterios demográficos y económicos, pero no sutilezas como la de que esta ciudad debe proveer servicios a instituciones estatales y federales que no pagan ni siquiera su impuesto predial. Pero en cambio sí demandan seguridad y vigilancia (y en esto participan también los bancos, que siempre le endilgan a los gobiernos locales buena parte del costo de su vigilancia), generan enormidades de basura, consumen agua (que en ocasiones tampoco pagan), atraen protestas públicas y congestionamientos, y provocan población flotante que acude a hacer trámites desde otros municipios. Para colmo, resulta que recientemente y gracias a la mejora en las vías de comunicación, esas oficinas ya no son una opción de empleo y riqueza para la localidad, ya que crecientemente se hace uso de funcionarios y trabajadores que provienen de otras ciudades, y que prefieren vivir (y consumir) en sus localidades de origen.
El plan de obra pública de los gobiernos de Juan Carlos Romero y Arnulfo Vázquez para la capital del estado ayudará a corregir parte de esas desviaciones e insuficiencias. Tal vez en algo influya que el gobernador sea guanajuateño, y no leonés como fueron Fox, Martín y Medina (quienes sin embargo sí invirtieron recursos importantes en la mejora de la capital). Pero también influye el hecho de que esta administración municipal sí ha dado muestras de tener idea de qué hacer con el montón de problemas de la cañada de las ranas. Por lo menos ahora sí ha visto trabajo, tesón y presencia física de parte de este presidente municipal, en contraste con la administración precedente. Dicen los que saben de chismes políticos que el gobernador no había soltado antes los apoyos al constatar la ausencia de un proyecto viable de desarrollo municipal. Pero más vale tarde que nunca, y todo parece apuntar a que al fin hay coincidencia de voluntades para rescatar a la ciudad más emblemática del estado, joya urbana llena de herrumbre que soporta con estoica altivez e incurable orgullo los fastidios de su crisis interminable. Se abre así un espacio de respiro para la “Atenas de por acá”, cuya viabilidad urbana se encuentra en peligro creciente.
Ojalá que los gobiernos locales sepan involucrar a la federación en estas labores de rescate y potenciación de este patrimonio urbanístico. La belleza y personalidad de la capital guanajuatense es un valor que debe ser preservado y justipreciado por los guanajuatenses de todos los municipios, así como por todos los mexicanos. El sistema de desarrollo regional de la entidad es uno de los más interesantes del país, gracias a la diferente vocación productiva de cada una de sus ciudades. A Guanajuato capital le ha tocado ahora concentrarse en los servicios (gobierno, educación, turismo y cultura), y por ello debe preservarse como un espacio digno donde se recreen cotidianamente los valores humanísticos, incluyendo los democráticos, mismos que garantizan la convivencia armoniosa y la buena política. No hay de otra.

viernes, 12 de marzo de 2004

Ausencia de honestidad

Hoy en día no es fácil ser político en México. Esta profesión, tan vieja como la propia humanidad, está cayendo en un acelerado proceso de decadencia y descrédito ante las crecientes evidencias de inmoralidad, espionaje mutuo y la vendetta oportunista. Anteayer observamos otros dos espectáculos lamentables, protagonizados ahora por las planas mayores del PRD y del PVEM. El primero sometió a juicio sumarísimo a Rosario Robles y a Carlos Imaz, a quienes se les suspendió en sus derechos políticos. Pero lo ridículo fue que la primera, más Ramón Sosamontes (a quien no supieron de qué acusarlo), ya habían renunciado varias horas antes a sus membresías, por lo que el juicio resultaba ocioso y sin sustancia. Pero el partido debía cebar sus frustraciones en los defenestrados, para limpiar así su conciencia pública. Una auténtica purga estalinista, sin posibilidad para los acusados de defenderse. ¿Su pecado? Estar próximos al demonio Ahumada, del que ahora todos trazan afanosamente su rayita (Para esto: a ver cómo le va a Imaz en su defensa ante un tribunal sediento de sangre).
A Rosario se le debió haber exhortado a cuidar las formas y a no mezclar su vida personal con la pública. No existía ningún indicio en su contra de falta de probidad. El uso de un avión o una casa no son elementos concluyentes de la existencia de un contubernio para ejercer la corrupción. Lo mismo sucede con el resto de amigos del empresario apestado. A Imaz podría reclamársele no haber informado al partido y al IEDF de la aportación económica de Ahumada (a quien le debió expedir un recibo formal por los 350 mil pesos) para apoyo de su campaña electoral. Si el donante quiso después cobrarse a la mala, Imaz debió denunciarlo, y no solamente echarse la baladronada de que le pagaría de su sueldo.
Por parte de los verdes el espectáculo fue aún peor: ratificaron al “niño verde” como dueño del partido, ¡y lo hicieron por unanimidad! Definitivamente no se les vio el más mínimo pudor político a los dirigentes de ese partido. Se les escapó la gran oportunidad de limpiar la casa (incluyendo en ello el castigo a los autores del “chamacazo”) y recuperar el prestigio del ecologismo ante la sociedad. Lo que pronto veremos es la expulsión fulminante de los opositores a la hegemonía gonzalista y los ajustes de cuentas internos. De nuevo la bola está en la cancha del TRIFE y del IFE, como instituciones responsables de garantizar la limpieza en los procesos internos de los partidos.
Para colmo, nuestras sospechas de que detrás de todo esto podríamos adivinar al gobierno federal parecen confirmarse. El jefe Diego resbaló verbalmente en un noticiero de Televisa, de nuevo en sus afanes de demostrar que nada sucede en la política mexicana sin que él lo sepa, y aceptó haber conocido los videos de Ahumada antes de su difusión. También se dio a conocer una sospechosa reunión con el empresario, donde hubo presencia de funcionarios del CISEN y la PGR. ¿Cuál es el interés de esas instancias en este asunto? Resulta inquietante pensar que todo esto pudiera responder a una campaña preconcebida de desprestigio contra el PRD y López Obrador, en un afán tumbar a éste de las preferencias populares.
Si este fuera el caso, los autores intelectuales de la maquinación están corriendo el riesgo de que al final las consecuencias se les reviertan. Si López Obrador actúa con inteligencia (algo que tampoco podemos augurar) esta pretendida persecución puede fortalecerlo al final, al colocarse como víctima de un acoso injustificable e inmoral de parte de sus adversarios. Todavía sus números en las encuestas continúan vigorosos (sólo cayó del monumental 74% al más modesto 60%: más que suficiente para ganar una elección). Por ello no creo posible que pueda caer aún más, a menos de que le saquen un nuevo video, que ahora lo muestre a él en persona llenándose de billetes los bolsillos.
La honestidad el es valor político más añorado en estos aciagos momentos. Y no sólo la honestidad en términos de ser ajeno a la corrupción, sino también como el arte de decir la verdad, sin importar sus consecuencias. Por eso cada día me convenzo más de que finalmente Vicente Fox tuvo razón cuando felicitó a una señora por no saber leer, pues los periódicos nos traen puras malas noticias desde el mundo de la política. En fin, quién nos manda querer saber.

viernes, 5 de marzo de 2004

El fisgoneo de la corrupción

La política en México está en plena descomposición. Los actores, tanto públicos como privados, están evidenciándose unos a otros como corruptos o deshonestos mediante una impensable campaña de subrepticias grabaciones mutuas, que ha puesto en evidencia que existe un estado de terror y espionaje donde nadie se encuentra a salvo. Si bien en estos momentos lo que nos ocupa son los escándalos de estas últimas dos semanas, es menester recordar acechanzas previas como fueron las audio grabaciones telefónicas de Vicente Fox y Martita en plena campaña electoral, las conversaciones que le publicaron a la profesora Gordillo, la ventaneada de Fidel Castro del “comes y te vas”, la denuncia de espionaje del que se dijo víctima Patricio Martínez, y numerosos otros casos a nivel nacional y local, que confirman que los mexicanos en política se han convertido en fisgones y chivatos profesionales del adversario. Es una “guerra sucia” que nos conducirá a un estado permanente de paranoia y desconfianza mutuas.
No pongo en duda el beneficio que tiene el evidenciar con las manos en la masa a corruptos y abusivos, que usualmente son demasiado listos como para dejarse atrapar por las vías legales. Sin embargo creo que es necesario preguntarse cuáles son los intereses y actores reales detrás de esas grabaciones, la mayoría de las cuales demandan un grado muy grande de sofisticación en la labor de espionaje. Por ejemplo, sobre el tesorero tahúr del DF, ¿cómo pudo implementarse el operativo de vigilancia en el casino del Bellagio, donde usualmente se hacen revisiones a los clientes mediante detectores de metales? ¿Cómo obtuvieron copia de las facturas de consumo? Me parece que en este asunto debió intervenir una organización sofisticada, con disposición abundante de recursos (como por ejemplo para subsidiar el viaje de los espías y el pago de sobornos para obtener las facturas). Para intuir qué organización pudo estar detrás de esto, sólo hay que preguntarse ¿a quién benefician los escándalos de Ponce y Bejarano? Evidentemente a los adversarios de López Obrador y su precandidatura presidencial. Pero hay rivales internos y externos. ¿Cuál pudo ser? ¿Cárdenas? ¿El PAN? ¿El gobierno federal? Incluso, ¿el PRI? Todos tendrían sus razones para desear que el peje sufra traspiés que lo expongan como un santurrón hipócrita ante la opinión pública (¡y vaya que ya mero lo logran!).
La feria de videos políticos indiscretos no parece que vaya a terminar en lo inmediato. Al contrario, ya se rumora la existencia de más materiales que alimentarán la hoguera obscena. Ante ello, nuestro derecho como ciudadanos es exigir que se investigue a fondo a los protagonistas involuntarios de estas telenovelas, pero también a los grupos de interés que hay detrás del voyeurismo. Insisto, nada de malo tiene el denunciar la corrupción, pero sí tiene mucho de sospechoso que se haga ante los medios antes que con las autoridades competentes. En este sentido tan corrupto es uno como el otro. Ambos demeritan a la política y salpican su decadencia hacia los medios y hacia la sociedad entera.
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Pasando a otro tema, aprovecho el espacio para agradecer a quienes nos acompañaron en la sesión del día de ayer del Seminario Permanente sobre Procesos Electorales en México, con la participación de los doctores Juan Russo Foresto (de la Universidad Autónoma de Guerrero) y Víctor Alejandro Espinoza Valle (del Colegio de la Frontera Norte). Este es un seminario que coordino desde hace más de dos años y que apoyan el Colef y la Sociedad Mexicana de Estudios Electorales. Tenemos sesiones cada seis semanas, sobre todo en la ciudad de Tijuana. Quienes tengan interés en la programación futura (pronto habrá teleconferencias) y los materiales que se han expuesto, envíenme un mensaje electrónico para hacérselos llegar.