viernes, 30 de diciembre de 2005

De enmiendas y reflexiones

Algunas reacciones al diario de campo de la semana pasada me convocan a continuar en esa línea de reflexión, aunque ahora concentrándome sobre este año que termina. La principal de esas reacciones fue la de mi señor padre, don Isauro, quien me llamó la atención haciendo uso de su estilo enfático y vehemente tan característico –ustedes que lo conocen sabrán a qué me refiero sobre el hecho de que él no participó en mi educación religiosa infantil, sino que de tal formación fue responsable total mi señora madre y su familia, los Ramírez de Yuriria. Me convoca también a reconocer que él me implantó los valores racionales y humanistas de los que hoy me ufano, y me pide publicar esta enmienda, a lo que gustoso accedo. En efecto, el maestro Rionda fue un padre riguroso con la ética familiar, y nos emplazó a sus cinco hijos a mantenernos en la senda del bien, ya fuese con o sin el apoyo de valores religiosos, que al fin y al cabo pueden ser vistos como simples muletas o recursos de intermediación que no deben sustituir la honesta moral personal. Nos enseñó que el buen comportamiento debe regirse por convicciones basadas en la razón y el sentido común, en el compromiso con los valores sociales convencionales, y no en su imposición mediante el miedo, que finalmente es a esto a lo que acuden las diferentes religiones para imponer lo que se juzga como correcto.
Por otra parte, también atiendo a los comentarios que recibí de parte de algunos amigos, pues alguno de ellos me recordó que los valores que hoy identificamos como “cristianos” no lo son propiamente, sino que son herencia común de toda la tradición judeo-cristiana-occidental. Incluso alguno de estos valores, la piedad, no es frecuente encontrarla en los evangelios, donde por lo contrario menudean las maldiciones terribles a los no creyentes, las repetidas amenazas con el infierno, las promesas de venganza e incluso el odio a conjuntos étnicos completos, como a los fariseos. Y todo ello proferido por la boca de Jesucristo. Esto me hizo recordar una vieja lectura a la que me convocó mi buen amigo Vicente Aboites mi compadre, a pesar de que ambos somos no creyentes , el texto clásico de Bertrand Russell “Por qué no soy cristiano”. Ahí el filósofo hace una crítica contundente hacia las religiones en general, pero concentrándose en las diversas iglesias cristianas. Y no se abstiene de criticar hasta la figura del propio Cristo, a quien le reconoce muchas virtudes, pero que se acompañan de serios inconvenientes. Y rechaza con fuerza aceptar la bondad de doctrinas que se apoyan en el miedo, la amenaza, la ignorancia y el dogma. Luego de una exposición magistral de sus razones para no aceptar el pensamiento cristiano, concluye sin embagues: “Yo no puedo pensar que, ni en virtud ni en sabiduría, Cristo esté tan alto como otros personajes históricos. En estas cosas, pongo por encima de él a Buda y a Sócrates.” Por supuesto él parte de la convicción de la humanidad –y no la divinidad de ese personaje. Y en este asunto mejor ni meterse. Preferible asumirse agnóstico y recolectar lo mejor del mensaje cristiano despojándolo de lo que resulte anacrónico.
Otro comentario tuvo qué ver con el hecho de que los valores de cualquier religión siempre son considerados como “universales” por parte de sus creyentes. Y esas universalidades son lógicamente excluyentes entre sí, pues cada momento histórico, cada pueblo, cada cultura define de manera diferente su concepción de lo bueno y lo malo. Así nos lo hicieron ver los racionalistas del siglo de las luces y los antropólogos del siglo XX. La ética y la moral son redefinidas según su circunstancia concreta. Por ello el pundonor personal debe corresponder al momento y al conjunto; sólo así sabremos si nuestro accionar puede ser considerado honesto y positivo.
En fin, que mi texto de hace una semana desató una pequeña polémica familiar y de amistades. Pero adornó las tertulias postnavideñas y las reuniones sociales de fin de año que tan ocupados nos mantienen en estos ocios vacacionales. Al parecer nunca hay descanso para los que nos encanta debatir, manía que nos inyecta nuestra racionalidad como seres humanos falibles.
Y dejando por la paz el tema semireligioso al que nos convocó la fecha navideña, debo expresar mi beneplácito por la culminación feliz de un año más de nuestras vidas. Felicito a Correo y a sus lectores con motivo del año nuevo y les agradezco su paciencia hacia mis eventuales desvaríos y disparates. Reciban todos un abrazo de parte de este cronista aficionado.

viernes, 23 de diciembre de 2005

En esta Navidad

Estas notas se publicarán en la víspera del día de nochebuena, a dos mil y cinco años de que diera comienzo oficialmente la era que denominamos cristiana, en función precisamente del nacimiento –la natividad— del personaje que se constituyó en el referente más importante para nuestra civilización occidental de lo que hoy identificamos como los valores fundamentales de la virtud: me refiero a la solidaridad, el amor al prójimo, la bondad, la sabiduría y el sacrificio. Independientemente de los debates interminables alrededor de la figura de Jesús, podemos acordar tanto cristianos como no cristianos –como el que esto escribe— que se trata sin duda, más que de un hombre, de un símbolo. Un símbolo que nos permite recuperar la fe en nosotros mismos, en la esencia positiva de nuestra naturaleza, en la permanente posibilidad de redención de nuestros errores.
La fecha a conmemorar este domingo es un buen motivo para reflexionar un poco sobre la religión y la espiritualidad. Permítanme hacer un ensayo. En mi caso, yo renuncié a las creencias religiosas dentro de las que fui criado cuando llegué a la adolescencia. El pensamiento racional me obligaba a cuestionar con fuerza la necesidad de mantener las verdades dogmáticas que necesariamente defiende cualquier tradición religiosa. Al proceder de una familia católica –pero de religiosidad bastante laxa— en un principio debí defender con alguna vehemencia mis nuevas convicciones. Afortunadamente el jacobinismo me duró poco, y pronto aprendí no solamente a tolerar las diferencias de pensamiento sino incluso a convivir e interactuar con ellas. Por ello desde hace muchos años he aceptado de buen grado participar en los ceremoniales y tradiciones cristianas. Por ejemplo, como mi esposa es católica me casé con ella por la iglesia y todos mis hijos fueron bautizados, esto como una forma de expresar mi respeto y mi voluntad de interactuar con la comunidad cristiana. Y sin duda festejo la navidad con el mismo entusiasmo que podría hacerlo un creyente. Lo hago porque también me considero un devoto de Jesús, pero no de su figura divinizada, sino de su profunda humanidad.
Creo en Cristo como hombre extraordinario que fue. Como un adalid de las causas justas, como un líder de un pueblo abrumado, como un sacerdote de la fe en la trascendencia de nuestras acciones. Considero que su mensaje es uno de los pocos lazos que pueden unir a nuestra civilización, tan acongojada por los odios, las riñas y la violencia. Festejamos su nacimiento –del que nunca sabremos la fecha exacta— como un recurso para reunirnos en torno a la pálida hoguera de nuestro amor por nosotros mismos. Es una forma de recordar que somos humanos, débiles y falibles, pero con una chispa de divinidad que puede ser reavivada si nos lo proponemos. Lo que llamamos “espíritu navideño” es precisamente ese intento regular de reencontrarnos, de redescubrirnos y de festejar el advenimiento de un redentor siempre necesario. Esto porque necesitaremos ser salvados, salvados de nosotros mismos y de nuestras debilidades. Aunque al final ese redentor nos mostrará que la única salvación es la que reside en nosotros mismos. Ayúdate que yo te ayudaré, reza una máxima cristiana que siempre ha calado en mi alma.
Como cualquier otro festejo, la navidad también ha sido transformada en ocasión para el consumismo y la banalidad. También lo es para los excesos. Sin embargo hay que reconocer que cualquier fiesta va acompañada necesariamente de abundancia artificiosa y de cierta exageración en la convivencia. Sería absurdo pedir moderación cuando lo que se busca es propiciar la alegría y el encuentro. Los seres humanos requerimos de momentos de excepción que nos ayuden a superar las pesadas cargas de la cotidianidad y la lucha por sobrevivir. Los romanos festejaban en esta fecha el solsticio de invierno y la inminente llegada de la primavera y sus dones. Aprovechaban para intercambiar obsequios, como nosotros lo hacemos aún. El trocar regalos es una forma de refrendar nuestra unión –al menos es lo que dijo el antropólogo Marcel Mauss en su “ensayo sobre el Don”--. Un cristiano diría que es otra forma de hacer comunión. En fin, que la navidad siempre será un momento muy especial tanto por sus referencias religiosas y espirituales, como por su significado humanista y social. Yo me congratulo por ambos aspectos.
Me despido ahora de los amables lectores con mis mejores anhelos, y de parte mía y de mi familia les deseamos que tengan una… ¡feliz navidad!

viernes, 16 de diciembre de 2005

Adiós a las armas

Por supuesto que el tema del momento es la tregua política de fin de año propuesta por el IFE. Es impresionante que esta institución se haya visto obligada a imponer esta pausa cuando en la ley es claro que ello no debería ser necesario: las campañas oficiales y formales sólo deberían comenzar después del 15 de enero, fecha prevista por el Cofipe para el registro de los candidatos a la presidencia de la República. Los candidatos a gobernador deberían comenzar su campaña hasta después de su registro el 30 de marzo. Para los candidatos a diputados locales y federales el proceso debería iniciar hasta el 15 de abril.
Desgraciadamente en este país la ley no se obvia: debe ser “acordada” una y otra vez. Por eso abundan los “acuerdos” como el de Chapultepec de Carlos Slim, que de ve en vez nos recuerdan que la ley debe ser respetada, por si sí o por si no. Por ejemplo, los precandidatos de todos los partidos han ignorado el hecho de que sus actividades proselitistas deben dirigirse a la militancia de sus respectivos partidos, que son los que los elegirán como sus abanderados. Por lo contrario, lo que observamos desde hace meses es un activismo dispendioso y excesivo que se ha dirigido a toda la sociedad, contribuyendo con ello a un cansancio electoral prematuro, cuando la gente común se fastidia de la sobre exhibición de los urgidos aspirantes.
Los costos de la democracia se han exacerbado por la inmadurez de nuestros procesos de selección de candidatos. Los partidos políticos deberían avanzar hacia la definición de esquemas más breves, económicos y efectivos para detectar a sus adalides más rentables electoralmente, sin necesidad de apabullar al público y comprometerse con los intereses económicos escondidos, que son los que inevitablemente financian a los precandidatos. Para colmo en ocasiones son recursos públicos desviados ilegalmente, o bien fondos privados de dudosa moralidad.
El ritmo electoral mexicano es agotador. Siempre tenemos elecciones en alguna parte. Por fortuna nuestra entidad es excepcional en este sentido, gracias a que se homologaron las fechas electorales desde 1994. Los ciudadanos siempre agradecen que se les ahorre el desgate que implica informarse de candidatos, plataformas y partidos. En las democracias maduras las fechas electorales son pocas, bien definidas, y las campañas suelen durar poco, sin ser apabullantes.
Afortunadamente el IFE entendió bien esta situación y se decidió a actuar en contra de las pasiones partidistas prematuras. El fin de año debe conservarse como un periodo de descanso, solaz y reflexión, incluso de diversión, pero no ensuciarlo con los aceleres de la lucha por el poder. Se busca acotar la lucha electoral a cinco y medio meses. En mi opinión deberíamos ser incluso más restrictivos: para la campaña presidencial tres meses son más que suficientes, y el resto de las campañas debería ser proporcional. Por ejemplo, para elegir a un presidente municipal los electores podríamos recibir información suficiente en un mes. Más allá de ese tiempo sólo es reiterativo y ocioso. Además se debería prohibir, como en España, la propaganda en televisión y radio. Sólo deberían permitirse programas noticiosos, informativos o de debate. Debe reconocerse que el tiempo y el dinero son escasos, y que es absurdo que el aparato electoral y partidista esté costando en este país más que todo el presupuesto estatal de Bolivia.
Si la democracia esta cayendo en el desprestigio es por el desgaste mediático y el alarde absurdo en el gasto publicitario. Qué bueno que nos olvidemos de todo este relajo hasta que el nuevo año esté bien comenzado. Me encanta la idea de no volverme a ocupar de estos temas en tres semanas. Por lo pronto concentrémonos en la familia y en la reflexión sobre la felicidad que todos nos merecemos. Celebremos el hecho de estar vivos y de que nos tenemos los unos a los otros, aunque a veces deseemos imponer nuestros deseos y opiniones al resto, a quienes juzgamos menos capaces de decidir por ellos mismos. Atrevámonos, al menos por un rato, a reconocer el valor de los demás y a querernos como semejantes, que ese es el sentido de la auténtica cristiandad. Felicidades para todos nosotros.

viernes, 9 de diciembre de 2005

Consejeros para el IFE

Es un tema obligado para mí, como consejero local del IFE, abordar en esta ocasión el reciente nombramiento de los consejeros distritales que supervisarán el desarrollo de los operativos que desplegará este instituto con miras a la jornada comicial federal del 2 de julio próximo. En la sesión del martes pasado, el consejo local aprobó el acuerdo mediante el cual se designa a los 84 consejeros propietarios y a igual número de suplentes que compondrán los 14 consejos distritales federales con los que cuenta nuestra entidad. Recordarán los lectores que Guanajuato vio reducido su número de distritos de 15 a 14 en la reciente redistritación nacional, ya que en términos relativos nuestra entidad ha perdido electores en regiones como la del norte, debido particularmente a la fuerte migración que se experimenta en esa área.
Estas designaciones fueron resultado de un intenso trabajo de estudio y selección de las propuestas que se recibieron por parte de organizaciones sociales y de individuos particulares. El consejo local había emitido un acuerdo el 27 de octubre convocando a la presentación de candidatos a cubrir esas posiciones, y pronto se recibieron 449 propuestas de todo tipo de personas. Gracias al apoyo de los vocales ejecutivos de las 14 juntas distritales del IFE se tuvo esta espléndida respuesta de la sociedad. Sin embargo esto también se tradujo en un importante esfuerzo de elección con base en los perfiles de cada candidato. Nos llegó de todo: profesores de educación básica, media y superior, empleados públicos y privados, empresarios, desempleados en busca de chamba, estudiantes, amas de casa, profesionistas independientes, extrabajadores del IFE y del IEEG, periodistas, escritores, artistas, etcétera. Algunos con trayectorias impresionantes, otros todavía con poca experiencia. Varios dirigieron elocuentes cartas de interés, otros apenas si evidenciaban idea de las responsabilidades que buscaban.
En primer lugar buscamos no solamente personas de probada experiencia, y por lo mismo algunos de los consejeros de los dos procesos anteriores repitieron. Pero fueron los menos. Se trató de enriquecer los consejos con gente que tuviera algún tipo de ascendiente en sus comunidades, que tuvieran prestigio, que pudieran reputarse honestos, que cubrieran la mayor parte de la gama de edades, y que mantuviéramos la equidad de género. Ya en los consejos del 2000 y del 2003 se había logrado que un 42% de sus miembros fuesen mujeres. En esta ocasión pudimos incrementar esa proporción a 45% del total. Sin embargo en cuanto a los consejeros propietarios la paridad es perfecta: mitad y mitad de damas y varones.
Algunos consejeros tienen pasados partidistas. No nos preocupó mucho conocer de afinidades ideológicas, pero sí intentamos equilibrar la composición de los consejos cuando se supo de alguna cercanía pretérita a algún partido. Se asumió que no existe la virginidad política, y que los consejeros pueden tener afinidades, pero que las mismas no deben afectar la imparcialidad y la legalidad del proceso y de la institución. Si en un consejo se nominó a alguien con algún color, se buscó incluir a otro individuo con tinte contrario. Por supuesto nadie podía estar activo políticamente al menos en los tres años anteriores a su nombramiento. Esa es una bondad que tiene el Cofipe, que contrasta con la absurda exigencia de virginidad política absoluta que prescribe el código electoral estatal. Si queremos consejeros electorales profesionales, éstos pueden haber tenido algún tipo de experiencia política previa. Por supuesto, esta es mi opinión personalísima y respirando por la herida.
Los consejos distritales se instalarán el próximo 14 de diciembre. De inmediato les caerá chamba en abundancia, comenzando con el acompañamiento a la contratación de los capacitadores-asistentes electorales, otra dura labor en la que descansa la efectividad de la capacitación a los ciudadanos que se integrarán como funcionarios de mesas de casilla. Nuestro actual sistema de reclutamiento de esos ciudadanos, basado en la inveterada desconfianza en nosotros mismos, exige su selección aleatoria a partir del sorteo del mes y del apellido. Este método garantiza objetividad en su selección, pero impide la acumulación de experiencia y capacidad. Por eso es tan importante que la capacitación sea la actividad más cuidada de todo el proceso, ya que la gran mayoría de los funcionarios de casilla carecerá de experiencia. Eso es parte de lo que un día debemos cambiar, cuando aprendamos a creer en nuestra honestidad. Pero en fin, por lo pronto expreso mi bienvenida a estos colegas que nos acompañarán en los distritos a lo largo de esta aventura cívica.

viernes, 2 de diciembre de 2005

Palabra de Don Quijote

El miércoles pasado se presentó en la Casa de la Cultura de la ciudad de Guanajuato un pequeño libro --pequeño en tamaño mas no en condición-- producto de las inveteradas lecturas que ha realizado a lo largo de su ya larga vida el maestro Isauro Rionda Arreguín, mi señor padre. El opúsculo contiene una sustancial selección de frases y sentencias emitidas por algunos protagonistas de la gran novela cervantina, el ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, que inauguró la modernidad en la literatura castellana. La ocasión no podía ser más propicia ahora que estamos inmersos en la conmemoración de los 400 años de la edición de la primera parte, soberbia, de esa magnífica novela de aventuras. Guanajuato no se queda así sin aporte para esta evocación universal de la palabra.
Mi padre ha convertido a la lectura anual del Quijote en un hábito existencial, así como una presencia cotidiana en las charlas de familia. De su mano recibí tanto el primero como el más reciente de mis ejemplares de la obra, y debo a su entusiasmo cervantista gran parte de la definición de mi personalidad intelectual. Sus lecturas múltiples lo convocaron a iniciar una colección de aforismos que pronto se tradujo en este documento, hoy publicado por segunda vez. La primera compilación, publicada en 2001, fue comentada y criticada por los literatos Pedro Vázquez Nieto y Luis Palacios Hernández. Sus señalamientos fueron atendidos por el maestro Rionda y la nueva edición ve la luz ampliada en sus citaciones y mejorada sustancialmente en lo visual.
El profundo humanismo contenido en las abundantes sentencias que prodiga la obra es un retrato fiel del sentido común y la sabiduría popular que caracteriza a la cultura híbrida de la que formamos parte los hispanohablantes, incluyendo evidentemente a los inefables y contradictorios mexicanos de hoy en día. La estructura y el mensaje amplio de la obra cervantina es un dechado de amor por la humanidad; sin embargo, es a nivel de las pequeñas perlas que adornan las páginas en la voz de los actores concretos donde encontramos el entramado fino de la prudencia y la cordura –cordura, sí-- de don Quijote y sus adláteres. Las frases y juicios en boca del propio Cervantes, de Sancho, de Sansón Carrasco, del cabrero, del cautivo, de Teresa Panza, del caballero del Verde Gabán y de la Duquesa, trasminan profundos sentimientos de generosidad, piedad, bondad, solidaridad, comprensión, justicia, seso lúcido y ocasionalmente ironía, sarcasmo, sagacidad y crítica social aguda (v.gr. cuando Sancho dice: “detrás de la cruz está el diablo”).
Con la ojeada a esta entretenida colección de expresiones no se excusa la lectura de la novela original. Mas sin embargo será sin duda un gancho muy efectivo para atraer a los lectores morosos del Quijote, entre ellos nuestros políticos y empresarios, que no pueden presumir de mucha cultura ni tampoco afición a la lectura. Por eso es irónico que el gobierno federal haya repartido decenas de miles de ejemplares del Quijote entre los profesores de educación básica, cuando el propio presidente de la República no puede distinguir entre la preposición “a” de la forma verbal “ha”, tercera persona singular del auxiliar “haber”, como se evidenció en la sentencia que dejó escrita cuando visitó hace unos días una escuela secundaria que es reputada como la mejor del país.
La dirección de Cultura de la presidencia municipal de Guanajuato se ocupó de la publicación de esta selección, así como del cuidado de su hermosa edición, adornada con primor con ilustraciones del grabador clásico quijotesco Gustavo Doré. Desgraciadamente sólo se emitió medio millar de ejemplares, cuando evidentemente el cuadernillo merece un mayor tiraje. Ojalá que la compilación llame la atención de la secretaría de educación estatal –incluso la de la SEP— y que eventualmente se pudiera concretar un mayor tiraje, ya que su virtud principal es la de atraer –la habilidad de “encantar”, como dijo la profa Elba Esther a Madrazo— a lectores potenciales hacia la obra mayor cervantina. Por lo pronto, para aquello interesados en acceder a esta publicación del maestro Isauro Rionda, pueden bajarla del Internet, en la siguiente dirección: www.rionda.info/IRA_Quijote.pdf
Que les aproveche y la disfruten.
luis@rionda.info

viernes, 25 de noviembre de 2005

El buen comer

Hace algún tiempo publiqué en este espacio algunos comentarios críticos acerca de la baja calidad de los servicios turísticos y de recreación que se padecen en nuestro estado. Quiero volver a insistir sobre este asunto, aprovechando un suceso reciente que líneas más adelante compartiré con mis sufridos lectores.
El azar ha querido que Guanajuato posea una privilegiada posición geográfica, ubicada a medio camino entre los grandes centros urbanos de este país. A esto se une la situación de que varias de nuestras ciudades medias cuentan con un patrimonio histórico y artístico que las hace muy atractivas para el visitante. Tanto que el turismo se ha convertido en una de las actividades más dinámicas y prometedoras para este conjunto de villas hermosas. Un tercer elemento favorecedor de esta “industria sin chimeneas” es el acelerado desarrollo económico que se ha propiciado gracias al establecimiento de grandes y medianas empresas a lo largo del corredor industrial del Bajío. Guanajuato es el sexto generador de riqueza nacional y tiene un potencial futuro muy prometedor. Todos estos factores deberían ser suficientes para propiciar una escalada proporcional en los servicios que la región es capaz de ofrecer a los numerosos visitantes que nos honran en acompañarnos. Sin embargo todavía no es así. Son en exceso frecuentes las quejas que en lo personal recibimos de amigos y conocidos fuereños, que señalan malos tratos, precios desproporcionados, falta de información, abusos o engaños, y en general baja calidad de la oferta tanto hotelera como restaurantera.
En el ramo de la alimentación llama la atención la escasez generalizada de buenos restaurantes. Y por “buenos” entiendo a aquéllos que no solamente tienen buen servicio general, sino sobre todo buena cocina. Es frustrante compartir alimentos mediocres en lugares pretensiosos donde uno es victimado desde el momento mismo de ordenar a meseros y capitales ignorantes de cómo se debe atender a un cliente. Y peor aún si el parroquiano se atreve a protestar, particularmente al recibir una cuenta abultada, sin proporción con la baja calidad tanto de la atención como de los alimentos. El único recurso que nos queda es no volver.
Es cierto que en alguna medida esta situación responde al turismo de bajo nivel económico y cultural que nos visita. El procurador de servicios no se siente obligado a superar la calidad de su oferta ya que la clientela es numerosa y poco exigente. Por eso lo peor que puede hacer el aspirante a gourmet es acudir a establecimientos ubicados cerca de los lugares más atractivos al turismo, como es el caso de los centros históricos de Guanajuato y San Miguel de Allende. Nuestros pocos buenos refectorios y fondas se ubican en lugares escondidos, sólo conocidos por los lugareños aficionados al buen comer. Pero aún en esos establecimientos buenos puede uno llevarse algunos fiascos.
Por esta razón ha sido una buena noticia la reciente apertura de un espacio académico profesional para dotar de capacitación culinaria y vinícola a los aspirantes locales a “chefs de grande cuisine”. Se trata de la Academia de Gastronomía “Agatha” (www.agatha.org.mx, Bvd. Campestre 403, en León), que regentean mis queridos amigos y colegas Beatriz Calderón y Leonardo Valdés, quienes acaban de inmigrar a la ciudad de León huyendo del caos de la ciudad de México. Beatriz es una chef profesional, egresada de prestigiosas instituciones del ramo y con amplia experiencia educativa. El segundo es un politólogo muy reconocido en el país, hoy profesor de la Universidad de Guanajuato, pero que tiene como segundo oficio el de ser experto catador de vinos finos y degustador entusiasta de la buena cocina. Ambos piensan contribuir de forma significativa a mejorar la calidad de los servicios culinarios que se ofrecen en la entidad mediante la capacitación tanto de los trabajadores como de los empresarios del ramo de los placeres de la alimentación.
Ya mi querido amigo Hugo José Suárez nos compartió en su espacio de esta semana en el Correo, los detalles de la apertura de este nuevo negocio. Yo aportaría a su espléndida crónica la sesión de cata y degustación de buenos vinos mexicanos que desarrolló para Agatha el catador profesional de origen argentino Rodolfo Gerschman (periódico Reforma), el pasado martes. Unos treinta comensales recibimos un cúmulo de información sobre la creciente riqueza vinícola de nuestro país, que se está uniendo aceleradamente a las privilegiadas zonas de cultivo y producción de cepas y vinos de alto registro. El placer del buen beber se acompañó con el arte y ciencia de la cata experta.
Les deseo la mejor de las suertes a este par de jóvenes empresarios de la buena cocina. Ojalá que hagan escuela en todos los sentidos, por el bien de nuestro sector turístico.

sábado, 19 de noviembre de 2005

La intifada francesa

Se dice que la democracia es un sistema político que nos permite contar cabezas sin cortarlas. Totalmente cierto. Gracias a este esquema de construcción de acuerdos es que hoy día la complejísima y abultada sociedad humana ha podido sobrevivir sin demasiados conflictos. Subrayo el concepto de demasía, porque es indudable que continuamos padeciendo lances y embrollos que en ocasiones se transforman en conflagraciones y pugnas de gran envergadura, como el conflicto social que hoy vemos en París, en Francia y en otros lugares de Europa. Cuando la democracia deja fuera a conjuntos importantes del complejo social, como es el caso de los jóvenes y los trabajadores originarios del África y de los países árabes, no es extraño que el sentimiento de exclusión y sujeción se desfogue por las vías violentas. Ya lo vimos en Los Angeles con los disturbios en Watts a fines de los ochenta; lo testimoniamos con la intifada (“guerra de piedras”) palestina en 1987; lo experimentamos en Chiapas con el levantamiento zapatista en 1994; con las diversas sublevaciones étnicas en Europa del este luego de la caída del muro de hierro, y ahora con prístina claridad en la ciudad de las luces (y las sombras).
Tuve la oportunidad de vivir durante un periodo de mi adolescencia en París, a fines de los años setenta. Ahí estudié un par de semestres de mi carrera de antropología y también un año de sociología. Esto último en la universidad de Vincennes (Paris VIII), en donde se concentró el profesorado y el estudiantado más crítico y rebelde, productos directos del agitado mayo de 1968. Era un espacio propicio para acoger a estudiantes extranjeros pobres, o bien a hijos de inmigrantes. Además me tocó vivir en el norte de la ciudad, en la Place d’Anvers, muy cerca del empobrecido Barbés Rochechouart, la zona donde se concentra una enorme proporción de inmigrantes musulmanes. Fue en esos espacios donde pude percibir de primera mano el clima de inconformidad y rebeldía latente que ya se gestaba entre las comunidades marginales de la urbe parisina. Los estudiantes de origen islámico, así como los africanos subsaharianos, experimentaban en carne propia las injusticias de un régimen político que no solamente los ignoraba, sino que también aplicaba políticas discriminatorias y medidas represivas ante una población “diferente” que estaba cambiando rápidamente el perfil cultural, racial y demográfico de la sociedad francesa. La intolerancia iba en aumento. Pronto florecieron los movimientos de ultraderecha formados por otros jóvenes, sobre todo punks, skinheads y neonazis que provocaron andanadas de violencia racista y xenófoba que pusieron en evidencia la hipocresía de una colectividad que se beneficiaba del trabajo de los inmigrantes pero que los rechazaba por su origen y su apariencia.
Los jóvenes que hoy han puesto contra la pared al aparato de seguridad francés son producto de décadas de descontento y rencor reprimido. Son los hijos rebeldes de los discriminados trabajadores que un día se trasladaron desde las viejas colonias francesas africanas hacia la tierra promisoria de la Europa comunitaria. Han querido compartir los beneficios del desarrollo y encontrar las oportunidades que se les negaron en sus países. Pero que irónicamente han encontrado, junto con empleo y mejores medios de vida, un clima de rechazo y segregación que cotidianamente les recuerda que no forman parte de la gran Europa y la “belle société française”. Es por ello que estos excluidos han formado enclaves islámicos en el norte de la ciudad capital, así como en muchos otros arrabales de las ciudades francesas y europeas donde reproducen los usos culturales y las redes sociales que les permiten sobrevivir en un entorno hostil. No es accidental que sea ahí donde se ha desatado la violencia irracional y destructiva que está afectando sobre todo a inocentes y a las clases medias, que ven destrozados sus patrimonios familiares por las turbas de rapazuelos de piel oscura. No me extrañaría que con esto se empeorara la situación de la población inmigrante, pues se reforzarán los sentimientos de racismo, exclusión y xenofobia.
Difícilmente esta situación encontrará una solución fácil o inmediata. Se arrastran demasiados agravios y rencores. Dudo mucho que la sociedad francesa y la del resto de Europa aprenda a aceptar el ineluctable destino conjunto que le espera en un mundo globalizado, que no solamente consiste en la aceptación de los flujos comerciales y financieros, sino también las corrientes humanas y la convivencia necesaria con el otro, el diferente. Lo mismo sucede en los Estados Unidos con relación a la inmigración hispánica, la de nuestros hermanos, por lo que debemos observar atentos la evolución de los convulsos sucesos europeos de hoy.

viernes, 11 de noviembre de 2005

Sobre el IFE y sus retos, III

Decía yo en mi pasada colaboración que los 192 consejeros locales del IFE nos reuniríamos durante el fin de semana con los nueve integrantes del Consejo General, quienes nos convocaron a una reunión nacional con la finalidad de capacitarnos, coordinarnos, conocernos y debatir varios puntos inquietantes que se plantean al instituto frente a las elecciones federales del 2 de julio próximo. En efecto nos reunimos en un hotel del sur de la ciudad de México, y debo decir que la sesión me sorprendió gratamente, sobre todo al compararla con las que realizamos con los miembros del anterior consejo general para preparar y evaluar las elecciones del 2000 y 2003, dos para cada ocasión. A mí me ha tocado participar en cuatro reuniones nacionales anteriores, pues fungí como consejero local para esos comicios. Las sesiones de entonces me parecieron largas y pesadas, pero me llamó la atención la lejanía que establecieron los entonces consejeros generales con respecto a sus colegas locales. A la gran mayoría, incluyendo a José Woldenbereg, los vimos en la inauguración y la clausura, y nada más. Sólo Jesús Cantú y en alguna medida Jaime Cárdenas y Mauricio Merino participaban activamente en las mesas de trabajo junto a sus compañeros de los estados. Al resto prácticamente no los vimos. En esta ocasión no sucedió así: todos los consejeros generales, excepto Marco Antonio Gómez –quien se disculpó por ello en la clausura— nos acompañaron a lo largo de los dos días de trabajo, cada uno coordinando una mesa temática. Inclusive Luis Carlos Ugalde y el recién nombrado secretario técnico Manuel López Bernal –abogado guanajuateño egresado de la UG en 1972— rondaron las mesas y convivieron con sus colegas consejeros.
Considero que por ello el ambiente de trabajo fue sumamente positivo y cordial. Los consejeros generales establecieron vías de comunicación directas y personales con sus pares en los estados, y la franqueza fue la regla. Fue evidente el interés de este nuevo consejo de instaurar una nueva modalidad de interacción con sus semejantes en los espacios locales, lo que sin duda contribuirá mucho a establecer relaciones de confianza y sentido de equipo. No sucedía así antes, por lo que con frecuencia los consejeros locales nos sentíamos huérfanos de liderazgo o bien francamente ignorados. Eso fue bien aprovechado por algunos protagonismos que en su tiempo provocaron la sensación de que existían “varios IFEs” en el instituto.
Muchos analistas y opinadores como el que suscribe señalamos y criticamos el aparente bajo perfil que exhibían los nuevos consejeros electorales cuando fueron nombrados hace exactamente dos años. Algunos tenían experiencia en la materia electoral –Andrés Albo había sido consejero local en el DF, Tere González Luna fue consejera distrital y local en Jalisco, Lourdes López fue vocal ejecutiva en Coahuila, Rodrigo Morales fue consejero del IEDF, Arturo Sánchez fue director ejecutivo en el IFE— pero en general sus perfiles palidecían cuando se les comparaba con los anteriores consejeros, quienes además dejaron sus cargos con una aureola de honestidad, capacidad y valentía. Sin embargo creo que con el tiempo la percepción pública hacia estos nuevos consejeros irá cambiando, y seguramente contribuirá mucho el trabajo pulcro y transparente que realizaron para escoger a los consejeros locales.
Los consejeros de Guanajuato son un retrato fiel del tipo de perfiles que buscaron los consejeros generales: paridad de género –tres hombres y tres mujeres--, experiencia y conocimiento en materia electoral –tres fueron consejeros distritales o locales en los procesos anteriores--, representación territorial –dos consejeras de León, otra de San Diego de la Unión, uno de Salamanca, otro de Guanajuato y uno más de Irapuato--, presencia de abogados –tres de los seis--, variedad en edades –el menor con 30 años y el mayor con 63— y también en ocupaciones. Excepto los tres que ya habíamos colaborado con el IFE, ninguno se conocía entre sí hasta ahora. Además el consejero presidente y vocal de la junta local, Antonio Manjarrez, tiene menos de un año en el cargo, es nativo de Nayarit y viene de ser vocal secretario en Querétaro. No tiene ningún nexo con grupos políticos locales.
Ahora nos toca a los consejeros locales nombrar a los 84 consejeros para los 14 distritos federales. En estos momentos las juntas distritales del IFE están afanadas recibiendo las propuestas de organizaciones sociales o incluso autopropuestas de ciudadanos que estén interesados en participar en la dura talacha del cuidado de las elecciones. Y es cierto que en ese nivel se da el trabajo más fuerte. Como nos dijo un colega de otra entidad: “los consejeros generales habitan el cielo, los distritales padecen el infierno y los locales flotan en el limbo”. Muy cierto.

sábado, 5 de noviembre de 2005

Sobre el IFE y sus retos, II

Con todo y lo problemáticos que han resultado los procesos internos de los partidos políticos para elegir a sus candidatos a la presidencia de la República, en general se puede aventurar que esos institutos van a salir bien librados de este trance. El PAN salió fortalecido con la elección de su candidato el doctrinario Felipe Calderón, a pesar de lo ríspidas que fueron sus precampañas, donde no se dejó ir oportunidad para descalificar o zancadillear al contrario. Aunque creo que no podría haber sido de otra forma: hay evidentemente una crisis de crecimiento como resultado de su acceso a las más altas esferas del poder nacional, y a que la posición presidencial se percibe cercana para refrendarla por un seguro periodo. En el PRI se aprecian aires de calma aparente, luego de la tormenta mediática que se desató sobre el renunciante Montiel; ahora lo vemos con dos precandidatos que más parecen uno, ante las pocas posibilidades que se advierten para Everardo Moreno ante la aceitada maquinaria madracista. Sin embargo será interesente observar el debate del jueves 3 –un día antes de que se publique esta columna en el canal 52. Pero ya se anuncia el tono cuando conocemos las declaraciones de Moreno a El Universal: “hay puntos de vista similares entre Roberto Madrazo y yo, porque pertenecemos a un mismo equipo”.
En el PRD ya cuentan con candidato único desde hace rato, y Andrés Manuel continúa su batallar por mantenerse en los titulares de la prensa impresa y electrónica, ahora con la denuncia de un nuevo complot que para variar se gesta en el ciberespacio, la tierra de nadie. Y en el partido verde pasean a su joven y fresco paladín, Bernardo de la Garza, a quien muchos le desearían mejor suerte que la que parece irse cocinando en las ollas podridas de la negociación.
Se aproximan ahora las definiciones del resto de las camadas políticas que buscarán las posiciones legislativas federales y locales, el ejecutivo estatal y los ayuntamientos guanajuatenses. La habilidad de las dirigencias se pondrá a prueba, con el fin de evitar la lamentable tendencia a convertir a los partidos en agencias de colocaciones. Ojalá que los procesos internos privilegien la detección de auténticas vocaciones de servicio y las capacidades que demanda el servicio público, así como un necesario espíritu de sacrificio republicano… generosidad pues. Los buscachambas y arribistas deberían derivarse a las agencias de empleo o a los contratistas privados.
Como siempre los árbitros de la contienda, el IFE y el IEEG, se colocarán en el foco de la atención –o del ataque de estos impetuosos competidores, que no escatimarán oportunidad para achacarles mil y un torpezas o incluso oscuras e inconfesables intenciones. Ni modo: así son las competencias que demandan la intervención de terceros “imparciales” que hagan respetar las reglas, incluso en contra de los siempre inconformes afectados. Y entrecomillo el adjetivo porque dudo mucho que exista tal cosa. Nuestras opiniones y juicios preconcebidos nos acompañan siempre, pues son parte de nuestro bagaje cultural, son “obstáculos epistemológicos” como bien lo señaló el psicólogo del espíritu científico Gastón Bachelard. De lo que se trata es de ser conciente de los mismos y evitar su ingerencia excesiva en el arbitrio. Eso es lo que llamamos ser un “profesional”. Y esa es la tarea que debe enfrentar el IFE, sus consejeros y su aparato logístico y administrativo: ser profesionales.
Es natural que la temperatura del ambiente político se contagie a los espacios de arreglo y consenso donde se deben construir los acuerdos básicos para posibilitar el ejercicio civilizado de la competencia. El desacuerdo es congénito a la esencia humana. Pero siempre hay que buscar encauzarlo y conducirlo por las vías institucionales con el fin de que se convierta en factor de sintonía y sincronía, no de atonía y ruptura.
Este fin de semana habrá una reunión nacional de consejeros electorales locales del IFE. Los 192 consejeros locales y los nueve generales nos reuniremos para capacitarnos, dialogar y compartir convicciones acerca de nuestra tarea. Es una excelente costumbre que el instituto ha mantenido desde su ciudadanización plena en 1997. En esas reuniones se establecen elementos mínimos y compartidos que permitan desarrollar comicios uniformes y de similar efectividad a lo largo del territorio nacional. Ya les comentaré las novedades de esa reunión en mi próxima colaboración. Por lo pronto mantengámonos al alba de los procesos internos de los partidos, que prometen aún más recreación de la buena. Yo por eso no me pierdo a los parodiantes de “el privilegio de mandar”. Valga el comercial.

viernes, 28 de octubre de 2005

Sobre el IFE y sus retos, I

El día de ayer se instalaron en el país los 32 consejos electorales locales del IFE, uno por entidad federativa. De esta manera el procedimiento que se inició formalmente el pasado 6 de octubre con la declaratoria de inicio del proceso electoral federal, se amplía hacia los estados y pronto lo hará hasta el nivel distrital. Por lo pronto 192 nuevos consejeros locales nos hemos unido a la tarea de vigilar y supervisar tanto el accionar logístico del IFE como el apego institucional y político a los principios de legalidad, transparencia, objetividad y certeza que permitan ofrecer al resto de la ciudadanía un proceso comicial pulcro y confiable, que abone efectivamente a la legitimidad de nuestros sistemas de gobierno y de representación democráticos.
En lo personal me entusiasma volver a participar en este gran operativo que en Guanajuato nos llevará a instalar casi seis mil casillas en poco más de tres mil secciones de los 14 distritos en que hoy se ha dividido la entidad. Seremos casi cuatro millones los ciudadanos con derecho a voto que podremos –si queremos por supuesto— emitir nuestro sufragio a favor de los partidos y candidatos que consideremos más adecuados para representarnos o gobernarnos. Este gran acto de volición cívica es la manifestación cúspide del hecho democrático. Aunque reconozcamos que la democracia va más allá del sencillo acto de elegir a nuestros regentes y parlamentarios, y que nuestra propia constitución la define como todo un “sistema de vida”, debemos reconocer que no hay acto más paradigmático del adjetivo “democrático” que el ejercicio libre de cruzar un logotipo en una boleta y que ese voto cuente y se cuente. Si los griegos emplearon piedras depositadas dentro de vasijas de barro –piedras que se ocultaban dentro del puño para garantizar el secreto del voto— nosotros utilizamos pliegos de papel sembrados con numerosos –y caros— elementos de seguridad, todo por la desconfianza que nos prodigamos unos a otros. En fin, que aunque hayan transcurrido dos mil 500 años, los seres humanos que nos asumimos como demócratas hemos variado en poco los mecanismos para contabilizar nuestras voluntades, aunque ahora las sumas las efectuemos con sofisticadas computadoras y con comunicaciones electrónicas de velocidad fulminante. Al final sigue siendo lo mismo: un ciudadano, un voto, y su suma es la expresión de lo que pomposamente llamamos “voluntad general”, o séase de la mayoría.
Los consejeros electorales locales no organizamos las elecciones. Las supervisamos y dictamos lineamientos que contribuyan a mantener al proceso dentro de los márgenes de la equidad y la legalidad. Hemos sido elegidos por los nueve consejeros generales en acuerdo con los partidos políticos nacionales, como coadyuvantes del la causa política institucional del IFE: organizar elecciones justas y confiables, el mortero que une los cimientos del edificio democrático. Nosotros a nuestra vez convocaremos a la sociedad y a sus organizaciones para proponer candidatos a fungir como los 1,800 consejeros distritales necesarios para cubrir los 300 distritos del país. En Guanajuato deberemos seleccionar a 84 mujeres y hombres prudentes que se integren a los consejos de los 14 distritos federales. Para ello el Consejo local emitió ayer un acuerdo para convocar a esas organizaciones a presentar sus propuestas a la brevedad, con la finalidad de que alrededor del 15 de diciembre ya estemos en condiciones de que los consejos distritales rindan protesta, y que contemos con los equipos humanos que acompañen al IFE en esta tarea honrosa.
No es difícil entusiasmarse cuando se colabora con una de las pocas instituciones públicas que, contra todo lo que se diga en los medios, todavía mantiene una imagen altamente positiva en el imaginario social. Las encuestas de cultura cívica que ha levantado Gobernación y empresas de opinión pública evidencian este hecho, que no se ha visto mermado por los recientes debates en los medios acerca de la nueva conformación de la institución, las renuncias escandalosas y demás pirotecnia con que se adorna la vida interna del instituto. Al final se mantiene un hecho: las elecciones federales mexicanas se siguen ubicando entre las más confiables del mundo, inclusive por arriba de varios esquemas del mundo desarrollado.
Esta confianza no se debe dilapidar, eso es cierto. Ni tampoco poner en riesgo por las naturales desavenencias que pueden evidenciarse en la vida interna de esta organización, tan humana y falible como la que más. Pero como empresa humana es también generosa y fértil, para lo cual sólo requiere de la buena voluntad –y sin duda la capacidad— de sus funcionarios y trabajadores tanto de planta como eventuales, a los que acompañaremos voluntariosos los consejeros.

viernes, 21 de octubre de 2005

Garganta profunda

La renuncia de Arturo Montiel a la precandidatura presidencial priísta abre una nueva etapa dentro del desarrollo político nacional. Sin calificar esta decisión, puedo afirmar que los móviles de la misma y el entorno en que se dio son históricos, pues se trata de la primera ocasión en que un personaje de fuste nacional es obligado a desistir de su intención de conquistar la máxima posición política del país, a partir de un simple señalamiento de prensa, en este caso la información que hizo pública Víctor Trujillo en su espacio televisivo en el canal 4 de Televisa, medio que ni siquiera tiene alcance nacional.
Las enormes consecuencias que tuvo el hacer pública la fortuna y los cuantiosos bienes del exprecandidato –mismos que hasta la fecha no han sido explicados en su origen— nos evidencian el hecho de que la sociedad mexicana ha dado un paso fundamental en su búsqueda de consolidarse como una comunidad moderna y democrática. Con las proporciones guardadas, se me antoja comparar este suceso con las consecuencias que tuvo la filtración que permitió a los periodistas norteamericanos Bob Woodward y Carl Berstein publicar una serie de artículos en The Washington Post en 1972, que condujeron a la dimisión del presidente Nixon y el encarcelamiento de dos de sus principales colaboradores. La información y la opinión pública se evidenciaron como dos resortes vigorosos del ejercicio de la vigilancia cívica como contrabalanza ante el gobierno. Esa es la democracia auténtica: la que se funda en mecanismos extra gubernamentales de supervisión sobre los poderosos, impidiéndoles conducirse con impunidad y abuso.
El caso Montiel no es el primero que puso a la luz esta nueva forma de salvaguarda contra la corrupción en los aspirantes a puestos públicos, pero sí es el más espectacular. Recordemos que hace poco otro precandidato, Santiago Creel, fue también profundamente afectado por la revelación periodística de las concesiones otorgadas a intereses creados –curiosamente entre ellos Televisa— para la apertura de casinos y negocios de apuestas; con el tiempo eso le costaría el arribo a la candidatura presidencial panista que, como las encuestas señalan, probablemente perderá este domingo.
Pero esto no es exclusivo de azules y tricolores. El sedicente candidato de la honestidad republicana, López Obrador, también ha sido un damnificado de la prensa vigilante. El mismo Víctor Trujillo causó la debacle de René Bejarano, su brazo derecho, cuya carrera política se desbarrancó como resultado. Y qué decir de su extesorero Gustavo Ponce, ventaneado haciendo apuestas en Las Vegas, o su chofer Nico, expuesto como chafirete sobre-pagado, así como delegados, jefes de policía, asesores y otros servidores que han sido blanco de los francotiradores de la prensa y la industria de la información.
Y ya para cerrar el círculo podemos mencionar un par de ejemplos más. Uno fue la víctima, casi fatal, del big brother mediático: Jorge Emilio González, el llamado “niño verde”, quien también interpretó su propio reality show protagonizando un intento de soborno a costa de nuestra ecología. Otro más es el libro de la periodista Wornat y sus efectos devastadores sobre la casa presidencial y los hijos de doña Martha. De nuevo la prensa haciendo estragos.
En fin, que hoy nadie se libra de ser ventaneado o bien de que le saquen sus esqueletos del clóset. Y ello sin duda es positivo cuando esta vigilancia nos libra de políticos corruptos y depredadores de las arcas públicas. La faceta mala se presenta cuando estas estrategias tienen como finalidad descontar al oponente, descalificarlo o sencillamente calumniarlo. Por eso es muy importante que el gremio informativo establezca –o bien respete— un código de ética profesional, lo que daría lustre a un oficio que sin duda será de enorme trascendencia en el futuro de nuestra democracia.
Y regresando a la renuncia de Montiel, yo consideraría prudente que su partido mantenga abierta la competencia para la selección de su candidato, involucrando a nuevos actores que le den juego al proceso. Nada sería peor que esa selección se convierta en un round de sombra con prácticamente un precandidato único –pues Everardo Moreno es un actor casi testimonial. Eso ignoraría la presencia y fuerza innegables de la corriente Unidad Democrática, que contaba con buenos prospectos. A ver qué sorpresas nos depara el tricolor.

viernes, 14 de octubre de 2005

La guerra sucia

Las bullas políticas que adornaron esta semana que fenece ponen en evidencia el infantilismo y subdesarrollo de nuestra cultura política y sus reflejos en el sistema de partidos y su liderazgo. Nuestro acceso a la democracia se ha traducido en la imposición de un larguísimo camino hacia las elecciones, situación que hoy padecemos y que provoca desgastes, confrontaciones, animosidad y escándalo. Las campañas y precampañas se extienden por uno, dos y hasta tres años, contribuyendo al cansancio electoral de los atribulados mexicanos que se preguntan sobre sus líderes: ¿y a qué horas trabajan?
Vemos ahora que la guerra sucia se ha desatado en un momento en que ni siquiera están definidas las candidaturas presidenciales, excepto la del PRD. Y lo peor es que es una guerra intestina, de copartidarios confrontados entre sí. Ni siquiera estamos cerca de la auténtica confrontación entre opciones políticas claramente diferenciadas, sino que el pleito se ha desatado entre presuntos aliados ideológicos. Y pululan los golpes bajo la mesa, la exhibición de trapitos sucios, la denuncia de pasados oscuros y cuentas sin saldar. En el PAN los principales precandidatos se señalan mutuamente como beneficiarios de operativos poco éticos: casillas zapato en Yucatán, acarreo en Veracruz, proselitismo de autoridades, etcétera. En el PRI la situación está peor, y ahí vemos cómo los rivales filtran información a la prensa, se descalifican sin piedad, uno acusa al otro de beneficiarse de una convocatoria a modo, el otro exige que se salden cuentas con la justicia y el fisco, ambos develan viejos esqueletos en el closet del contrario, y para colmo uno de ellos sufre la persecución inmisericorde de los miembros del magisterio. Tampoco el PRD se libra de esos males, tan atravesado como está por los conflictos entre sus tribus. Gracias a todos los partidos los noticieros y los periódicos están desbancando a las telecomedias y los pasquines como vehículos de diversión y risa.
El ciudadano común sigue alimentando su percepción de que la política es una actividad sucia e inmoral. ¿Qué otra cosa podríamos esperar? Se ha perdido de vista que la política es un arte-ciencia que garantiza la convivencia pacífica, la tolerancia hacia el otro y la solución de diferencias mediante el diálogo. La búsqueda de posiciones de poder mediante el voto popular es tan sólo una parte pequeña del amplio espectro de la política. Si se pierde de vista todo esto es explicable entonces que se coloque el acento en la politiquería electorera, comodina e interesada. Se busca así el triunfo electoral no por vocación de servicio, convicción ideológica y compromiso con un proyecto, sino solamente para satisfacer afanes personales y de camarilla, por simple y llana ambición, por hambre de poder, por soberbia e iniquidad. Y esa no es la acción política que debemos apoyar los ciudadanos.
Debemos aprender a construir liderazgos basados en la ética y el respeto a los contrarios. El pragmatismo político nos está haciendo mucho daño, pues corrompe profundamente nuestro esquema de valores. El oportunismo y el cinismo pueden desviar a nuestra clase política de los fines reales de la democracia, que no es un simple procedimiento para renovar autoridades y representantes --si eso fuera sería más efectivo echar a la suerte la selección de los reemplazos— sino que implica la dotación de legitimidad y de un programa consensuado a los beneficiarios del voto popular. No se trata de seducir a electores-consumidores, o bien espantarlos con petates del muerto como los que nos prodigaron esta semana los políticos bufos. Se trata de convencer mediante argumentos congruentes, con trayectorias personales honestas y capaces, con debate de altura y con las armas de la razón.
Si existen antecedentes inquietantes en la carrera de los rivales habría que señalarlos de frente y con evidencias. Las piedras deben llevar la firma de quien las lanza. Los recursos de la guerra sucia no solamente afectan al destinatario, sino también descalifican al emisor, deslegitiman el proceso político y de paso revientan el escaso prestigio de los partidos. Con el tiempo veremos que esta guerra de pastelazos sólo contribuirá a la confusión, al desánimo y con ello al abandono de la arena política por parte del ciudadano. Traducción: que si esto no cambia, veremos cómo el abstencionismo electoral se incrementará sin remedio cuando conozcamos los resultados de las elecciones del 2 de julio próximo. Y de esta manera todos, incluidos los gestadores de la guerra sucia, saldremos perdiendo.

viernes, 7 de octubre de 2005

Elecciones 2006: el arranque

El día de ayer, jueves 6 de octubre, dio inicio formal el proceso federal electoral, como lo ordena el artículo 174 del Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (COFIPE). La máxima autoridad del Instituto Federal Electoral (IFE), su Consejo General, desarrolló una sesión extraordinaria que tuvo como finalidad principal dar este banderazo simbólico que involucra a todo el aparato político-administrativo de ese organismo ciudadanizado. Este evento tiene un especial significado, pues el instituto es hoy sensiblemente diferente al que conocimos en las dos anteriores elecciones federales, que fueron conducidas bajo la batuta del maestro José Woldenberg y un conjunto de consejeros generales que en general demostraron oficio y talento político. Recordemos que el IFE estrenó una nueva troupe de consejeros electorales hace ya casi dos años, la Cámara de Diputados designó a los nueve consejeros generales, incluyendo el consejero presidente, el doctor Luis Carlos Ugalde --politólogo especialista en transparencia y “responsibidad” públicas.
Las elecciones que se avecinan amenazan con someter al nuevo IFE a tensiones y complejidades inéditas. El arribo de nuevos actores políticos al escenario nacional, como son López Obrador, Calderón, Madrazo y Montiel, anuncia una feroz competencia por la obtención de la máxima posición política del país. Por primera vez en nuestra historia democrática --no muy extensa por cierto-- nos encontramos ante la situación de que la silla presidencial tendrá al menos tres aspirantes con posibilidades reales de hacerse de ella; es decir que es casi seguro de que el grueso de los votos se los compartan los tres principales partidos nacionales, en un entorno de alta competitividad y una clara incertidumbre sobre la preeminencia de alguna de las tres opciones. Parece que el virtual bipartidismo que observamos hace seis años será desterrado y que veremos la inopinada irrupción de un tercer actor, al que muchas encuestas le dan ventajas en las preferencias de los votantes. Por supuesto, hay que reconocer que esto puede ser producto de la inexistencia de liderazgos avasalladores en los otros partidos, y que las cosas pueden cambiar conforme se acerque la jornada electoral. Al menos así sucedió en el 2000.
Los nuevos consejeros generales deberán conducir el proceso con un cuidado extremo. Las muchas críticas y comentarios desfavorables que se desataron luego de su nombramiento, debidos sobre todo a un procedimiento de negociación partidista poco afortunado, y no tanto a prendas personales, les constriñeron mucho su espacio simbólico de acción. A esta situación se han sumado otros eventos inquietantes, como la reciente renuncia de María del Carmen Alanís --una funcionaria muy reconocida-- a la vital secretaría ejecutiva del instituto. No estoy insinuando que habría que desconfiar de las capacidades del nuevo consejo; lo que quiero dejar claro es que estos servidores públicos -- por su carácter profesionalizado ya no son representantes ciudadanos netos-- deben construirse un prestigio propio y un eventual reconocimiento social mediante un ejercicio pulcro y profesional del oficio de supervisión de la operatividad electoral federal. No son funcionarios ejecutivos, pues para eso está el cuerpo ejecutivo profesionalizado del instituto, pero sí son agentes definidores de políticas y estrategias de largo aliento, así como fiscalizadores del buen desempeño del tablado político electoral nacional, que incluye no sólo al aparato interno sino también a los partidos políticos y sus actores. Si ejercen estos amplios atributos con prudencia e ingenio políticos, ayudarán a consolidar e incrementar el amplio prestigio y el reconocimiento de los que hoy goza merecidamente el IFE. En retribución recibirán un justo crédito social y político, al que seguramente, como todos, aspiran.
La sesión de ayer transcurrió con suavidad, cordialidad y respeto. Se evidenció el fuerte trabajo previo de los consejeros, que ciertamente supieron debatir con antelación todos los asuntos del orden del día con los representantes partidistas. Un ejemplo esperanzador, que me tocó experimentar personalmente, fue el proceso de nominación y selección de ciudadanos para integrar los consejos electorales de las entidades de la República. El procedimiento que acordó el Consejo General fue sensiblemente más claro y funcional que el que se aplicó hace seis años, más jaloneado y en alguna medida oscuro. En esta ocasión cualquier ciudadano u organización civil pudo proponer o autoproponerse para ser considerado como prospecto a consejero electoral local. Yo así lo hice, junto con otros 90 guanajuatenses. Se concursó abierta y claramente sustentando las propuestas en méritos personales y sociales. Esto me pareció una buena señal y un anuncio de que el proceso federal está en buenas manos. Espero que esto se convierta en regla y que el árbitro electoral dé ejemplo de civilidad democrática. Comenzamos…

viernes, 30 de septiembre de 2005

Política sin políticos y campo sin campesinos

A pesar de todos los buenos augurios y las promesas que se prodigaron a inicios de sexenio, en el sentido de no repetir conductas que fueron nocivas en el pasado, es inocultable que se ha desatado la desbandada en el gobierno federal. A los necesarios reacomodos producto del deceso del secretario Martín Huerta y de varios de sus colaboradores cercanos, se ha sumado ahora la deserción del secretario de Agricultura, del de Energía y de otros funcionarios de menor rango. La fiebre preelectoral está desatada, y no se guarda recato alguno ante la evidencia de que en nuestro sistema político siguen primando los intereses personales o de partido por sobre los nacionales. No puede negarse que, aunque hemos podido cambiar para bien en muchos ámbitos de la acción política, no ha sido así en el ámbito del compromiso personal con la integridad de los proyectos que supuestamente defienden las administraciones federales y estatales. Cuando la temperatura política cambia, o bien se abre la perspectiva de acomodarse en un nuevo espacio público gracias a una candidatura o a la posibilidad de integrarse a la camarilla de un político en ascenso, nuestros “servidores” públicos de inmediato hacen maletas y dejan colgados compromisos y demás contrariedades que impone la coyuntura del cargo abandonado.
La evidencia más clara la tenemos ahora con el conflicto cañero --y demás broncas de un campesinado deprimido y empobrecido-- y la alegre huída de Javier Usabiaga de la secretaría de Agricultura. Este empresario exitoso había sido refuncionalizado como eficiente funcionario público, gracias a su patente amistad personal con el presidente Fox. Aquí los headhunters no tuvieron nada qué hacer: las capacidades del novel empleado ya habían sido supuestamente calibradas desde el gobierno de Guanajuato --aunque haya muchos que difieran del éxito en su desempeño, tan sólo al recordar que los conflictos de entonces en el agro abajeño fueron resueltos gracias a los oficios del desaparecido Ramón Martín--. No importaban gran cosa las pocas prendas personales de oficio político: se trataba de impulsar un proyecto empresarial en el campo mexicano, basándose en nuestra escasa clase emprendedora agrícola y dejando de lado al campesinado tradicional, al que se ha dejado expuesto a los gélidos vientos del neoliberalismo y la brutal competencia del TLC. Con el esquema de desarrollo agroindustrial de exportación, que ha permitido incrementar espectacularmente el aporte del sector primario al PIB nacional en estos años --logro con el que se adorna el hoy renunciante--, se ha sellado el destino de la clase campesina nacional, a la que no le queda más salida que emigrar a las ciudades o a los Estados Unidos para malbaratar su fuerza de trabajo y confirmar así la vieja máxima marxista de que el desarrollo del capitalismo exige la desaparición del campesinado como clase y su reconversión hacia los mercados urbanos de trabajo, es decir su proletarización y depauperación. Trágico destino para los 25 millones de mexicanos que aún habitan en el medio rural, un espacio que nos definió como nación y que todavía hoy nos identifica y marca culturalmente. Ejemplo claro es el espléndido legado de los pueblos indígenas, que sin embargo comparten este sino desesperanzador con el resto de sus hermanos campesinos.
El secretario Usabiaga emprende ahora una búsqueda personal que lo aleja convenientemente de las broncas inveteradas de los pendencieros y hambreados campesinos. ¿Dónde quedaron los compromisos con el campo que se firmaron hace cuatro años? ¿Qué cuentas podrá entregar la administración ante la evidente ausencia de una política agraria que procure justicia social más que el fomento de la competitividad exportadora? Seguimos siendo uno de los pocos países que no otorga subsidio alguno a sus agricultores pequeños y medianos, y pretendemos que compitan sin protección alguna con la agricultura más subsidiada del mundo: la norteamericana.
Nuestro país carece aún de una clase técnico-burocrática consolidada, que sea independiente de la clase puramente política. Me refiero a que en ciertas áreas de la administración que demandan un alto nivel de conocimiento y experticia --como es el caso de la agricultura--, deberían estar ajenos a los vientos del oportunismo político. Si los titulares de estas áreas se distraen con sus agendas personales y sus proyectos políticos el resultado es el que estamos viendo hoy en varios ámbitos: la inconsecuencia, la ineficacia y la inoperancia. Y en esto no hay partido que haga la excepción, pues en todos estamos viendo esta migración convenenciera. Es cuanto.

viernes, 23 de septiembre de 2005

Don Ramón Martín

La tragedia amenaza con teñir la parte final de la administración del presidente Vicente Fox. Millones de mexicanos nos pasmamos la tarde de este miércoles al enterarnos, de boca en boca, del deceso insólito del secretario Ramón Martín y otros siete funcionarios públicos del área de la seguridad pública y los derechos humanos. Lo rumores inmediatos tejieron sobre la posibilidad de un atentado o un ataque directo de la delincuencia organizada sobre el helicóptero que los trasladaba a Almoloya de Juárez. Si esto resultase cierto o al menos factible estaríamos hablando ya de una guerra abierta y declarada del hampa en contra del Estado. Y en verdad que esta hipótesis nos sonó a muchos bastante admisible, pues son ya docenas los asesinatos perpetrados en contra de policías, funcionarios, periodistas y civiles inocentes por parte de los forajidos a sueldo de los cárteles. No dudaría yo que detrás del “accidente” fatal que arrebató la vida a ocho buenas personas, pueda existir una artera agresión hacia los agentes del Estado. Las prisas por declarar que el incidente fue accidental, aún antes de una mínima investigación de campo, parecen insinuar la intención del gobierno de negar la existencia de una guerra de grandes proporciones con la delincuencia organizada. No puedo dejar de coincidir con la demanda de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, que exige que no se descarte a priori ninguna hipótesis de trabajo en la investigación de los hechos.
En lo personal deseo hacer público mi pesar por el deceso del licenciado Ramón Martín Huerta. Tuve el placer de tratarlo en varias ocasiones por motivos de trabajo. Cuando él fue secretario particular del gobernador Carlos Medina (1991-1995) coincidimos en varios espacios, sobre todo cuando yo colaboré en la secretaría de Gobierno como asesor del licenciado Salvador Rocha (1992) y como secretario particular de don Roberto Suárez Nieto (1993). Participamos juntos también en la fundación de la Dirección de Atención a Comunidades Guanajuatenses en el Extranjero, cuestión que siempre le interesó sobremanera a don Ramón. Tanto, que dicha instancia se estableció originalmente como dependencia de la secretará particular a su cargo, y luego que ocupó la cartera de secretario de Gobierno la atrajo hacia su égida.
Reconozco que tuvimos más de un debate, siempre de forma respetuosa, por diferencias en nuestras ideologías y concepciones de la función pública. Pero siempre destacaron sus habilidades como negociador, como buscador de acuerdos y como persona tolerante y abierta. Todo ello se evidenciaría con más claridad cuando fue secretario de Gobierno del gobernador Fox y por supuesto en el año de su gubernatura. Sinceramente creo que fue uno de los mejores colaboradores de Carlos Medina y de Vicente Fox; supo ser buen subalterno, y cuando le tocó también supo ser un buen regente, tanto en el gobierno estatal como en el federal. Su gesto hosco era más fachada involuntaria, que mueca de hostilidad hacia su contraparte. En verdad era un hombre bueno y solidario, que estaba conciente de sus propias limitaciones y que por ello reconocía los méritos y capacidades ajenas. En lo personal, creo que siempre mantuvimos una silenciosa deferencia el uno por el otro.
Me permito aprovechar este medio para enviar una respetuosa condolencia a los familiares de los desaparecidos. Particularmente duele pensar en los pequeños que han perdido tan abruptamente a su padre en cumplimiento del deber. Ojalá que el Estado mexicano provea las atenciones necesarias para garantizar el bienestar y la formación de los huérfanos más jóvenes.
La seguridad pública del país atravesará con seguridad una crisis momentánea al quedarse acéfalas la SSP y la PFP. Si ya de por sí teníamos problemas serios para responder a los embates de la delincuencia, ahora tendremos que padecer la improvisación de funcionarios noveles que para colmo sólo contarán con 14 meses para hacer cualquier cosa. Será difícil que en estas circunstancias se responda con estrategias ambiciosas y de largo plazo que superen las evidentes limitaciones del operativo “México seguro”, que hoy día hace agua por su ineficacia y su superficialidad. Seguiremos insistiendo en que lo urgente es profesionalizar --pero en serio-- a las corporaciones, unir las policías preventivas con las ministeriales, establecer la Policía o la Guardia Nacionales, privilegiar la investigación sobre la persecución, reformar el sistema carcelario, y un no muy largo etcétera. De esta manera estaríamos honrando la memoria y el legado de los hoy caídos.

sábado, 17 de septiembre de 2005

Soberanía e independencia

Al inicio del tercer milenio, México se inaugura como uno de los países que lideran el imparable proceso de globalización. Luego de que nuestro país mantuvo durante décadas una política de “fronteras cerradas”, “desarrollo hacia adentro”, proteccionismo y desarrollo estabilizador basado en el nacionalismo económico, a partir del salinismo nos volcamos con un entusiasmo excepcional hacia las mieles del mercado globalizado, gracias al TLC y a toda una colección de convenios internacionales que han convertido a México en el país más abierto en la aldea global que envuelve hoy al planeta. El nacionalismo y la imaginaria mexicanidad están cayendo en desuso y descrédito. Luego de que México logró conformar una identidad nacional que fue reconocida internacionalmente por su consistencia y solidez, hoy nuestra patria experimenta un creciente fenómeno de desculturización y homogeneización de valores que parece conducirnos hacia la anomía identitaria y la renuncia a un proyecto conjunto de nación. Esto es muy patente en las generaciones más jóvenes, que han crecido dentro de un marco de crisis económica y cultural, aunque con libre comercio y una facilidad creciente para acceder a bienes y servicios generados desde el extranjero. En términos de Carlos Monsiváis, ya andamos por la segunda generación de norteamericanos nacidos en México, en el sentido de que nuestros hijos consideran poco adecuado imitar los sentimientos nacionalistas de sus padres y abuelos, y prefieren asumirse como habitantes de un cyber planeta vinculado por el Internet y la pasión del consumismo inmoderado.
La escuela ha dejado de ser desde hace un par de décadas el espacio privilegiado de conformación de la ciudadanía y los sentires nacionalistas. El culto a los símbolos patrios ha caído en un ceremonial vacío que nada les dice a los muchachos, que cada vez conocen menos de su historia patria y en cambio se forman como expertos en los figurines del consumismo global, gracias a su intenso contacto con la televisión (la verdadera Secretaría de Educación, dice también Monsiváis), los video juegos, el cine hollywoodense, los ídolos deportivos mercantilizados, la ilusoria globalidad del Internet y el resto de la parafernalia tecnológica de oropel. Los flujos económicos han derribado fronteras a la circulación de bienes y con ello borran identidades culturales y la riqueza que representa la variedad humana.
No deseo sonar como un nacionalista radical en una época donde la moda es ser global, pero sin duda sí me preocupa el empobrecimiento cultural y la renuncia a un sentimiento compartido de identidad. Y es que México es uno de los países donde la cultura de sus etnias y conjuntos simbióticos ha dibujado uno de los caleidoscopios más ricos y variados que podemos encontrar en el mundo. Nuestra cultura no sólo es distintiva, también es portadora de una extraordinaria belleza, un carácter original y recio, una gran fuerza simbólica y una vitalidad que sólo ha mermado ante los embates de la modernidad consumista.
Celebramos el mes de la patria para regocijarnos de contar con un país independiente y soberano. Ambas características son puestas a prueba cada vez con mayor virulencia por las fuerzas de la interdependencia y el sometimiento económico (antes le llamaríamos “imperialismo”). Los medios masivos de comunicación contribuyen a socavar los valores culturales que permiten mantener la soberanía ideológica, y nos hacen consumidores dependientes de “bienes” culturales chatarra, a la manera como nuestros hijos también se alimentan con productos llamativos, plenos de sabor artificial pero vacíos de nutrientes. La cultura chatarra también es colorida y estridente, simplona en su vacuidad pero atractiva por su facilidad de acceso y su ausencia de compromisos con los objetivos comunitarios. La globalización cultural se basa en ese vacío existencial al que conduce el hedonismo y la trivialidad consumista.
El nacionalismo bien entendido (no fundamentalista y obtuso) nos enriquece y ubica dentro del concierto polifónico de las culturas humanas. Es parte de nuestro aporte a la civilización. Es nuestro lazo de unión con los semejantes que nos dieron vida y sentido. Renunciar al sentido nacional a cambio de la diamantina sosa de la globalidad es abandonarnos a las fuerzas irracionales del mercado, sin siquiera rescatar nuestro semblante. Seríamos de nuevo, como apodaron los cultos mesoamericanos a los aztecas cuando éstos arribaron al lago de Texcoco en el siglo XIV, el “pueblo sin cara”.

viernes, 9 de septiembre de 2005

Guanajuato como patrimonio

Hace ya casi veinte años, la declaratoria de la UNESCO hacia la ciudad capital de nuestro estado como patrimonio de la humanidad puso de relieve el hecho de que un entorno urbano como el que para nuestra fortuna hemos heredado los guanajuateños --esos curiosos habitantes de la cañada--, es una responsabilidad de enorme trascendencia. Y no solamente como habitantes obligados a la civilidad por las necesidades de la convivencia, sino también como custodios de un patrimonio --en el más amplio sentido del término-- que heredarán tanto nuestros hijos como el conjunto del género humano. Quiere decir que responderemos ante las generaciones futuras del buen --o mal-- cuidado de esta riqueza histórico-artístico-arquitectónica, que como buena herencia, viene acompañada de una carga afectiva y sentimental. Vivir aquí no solamente es un orgullo, y de los buenos, sino también un deber hacia la preservación y pulimento de lo que lo que hoy incidentalmente está bajo nuestro cuidado.
La asociación civil Guanajuato Patrimonio de la Humanidad ha sido uno de los productos más destacables de esta circunstancia particular de nuestra ciudad. Hace 21 años un grupo de ciudadanos comenzaron a inquietarse por el evidente abandono y deterioro en que estaba cayendo este entorno urbano, al que entonces no se le daba más atención que la estrictamente necesaria para garantizar su viabilidad urbana. Docenas de edificios religiosos y civiles estaban en franco deterioro, si no es que ya en estado abiertamente ruinoso. Los gobiernos de todos los niveles poco hacían por rescatar incluso aquello que estaba bajo su responsabilidad directa, como era el caso del gobierno federal y las edificaciones religiosas, algunas de ellas auténticas joyas con mayor o menor nivel de menoscabo. No sólo el patrimonio arquitectónico estaba deteriorado, también estaba devastado el patrimonio mueble, sobre todo las pinturas, las esculturas y demás ajuares que acompañan los inmuebles. Ante esta situación alarmante, el empresario Eduardo Castro Busso, que entonces regenteaba el hermoso hotel Posada Santa Fe, convocó a un grupo de amigos inquietos, los señores Isauro Rionda Arreguín --cronista de la ciudad--, el ingeniero Antonio Rivera Buzo --restaurador de inmuebles--, el editor Gonzalo Andrade, la química y experta en iconografía religiosa María de Dolores (la Gusa) Alvarez Gasca, el notario Antonio Ramírez, el escritor Eugenio Trueba, y el arquitecto José Morán, para discutir opciones y comenzar a hacer algo, antes de que fuese demasiado tarde. Sin demora comenzaron a intervenir en edificios religiosos, como el magnífico y muy deteriorado templo de Valenciana. Al principio debieron trabajar armados únicamente de entusiasmo, buena voluntad, amor por su ciudad… y algunos recursos aportados por el propio Eduardo Castro y ocasionalmente por otros empresarios leoneses. El éxito y los buenos resultados los motivaron a formalizar su asociación hace 15 años, y así nació Guanajuato Patrimonio de la Humanidad, que pronto reclutó a un calificado equipo de expertos en restauración, asesores históricos, arquitectos y demás especialistas en arte colonial. Sus buenos oficios lograron el apoyo de algunos gobernadores, como Rafael Corrales Ayala, Carlos Medina Plascencia y Vicente Fox, y con ello pudieron intervenir docenas de edificios y centenares de obras de arte, que fueron rescatadas de la suciedad y el abandono. Todo un taller de restauración fue financiado por la asociación. Sus aportes a lo largo de este breve tiempo permitieron que adquiriera un enorme prestigio nacional e internacional, y pronto fue imitada en otras ciudades patrimoniales. El modelo de una agrupación civil que funcionaba con capital semilla privado, que atraía luego a los caudales públicos hacia la consecución de un objetivo cultural, permitió que hoy día nuestra ciudad pueda enorgullecerse de contar al fin con un dinámico programa de rescate del entorno urbano como el que muy meritoriamente presumieron hace días el alcalde Vázquez Nieto y el gobernador Romero Hicks. Pero hay que reconocerlo: no fueron ellos los que lo concibieron.
La coordinación de la asociación acaba de pasar a las manos del ingeniero Jorge Videgaray Verdad, destacado constructor leonés que tiene un gusto reconocido por la cultura y la preservación del arte del pasado. Es un empresario dinámico que sucede a otro empresario inquieto, reproduciendo el modelo que tanto éxito le ha producido a la asociación. La misma se enriquece con nuevos miembros, que pretenden ampliar su radio de acción hacia el resto de la entidad, lo que representa un reto gigantesco. Ojalá que el gobierno del estado, aún en este periodo preelectoral, sepa apoyar con más decisión la labor de este conjunto organizado de la sociedad civil que mucho ha aportado a la cultura local y a la preservación de nuestra identidad. Y vaya una felicitación al licenciado Eduardo Castro Busso, presidente saliente, por su iniciativa y su guanajuatismo probado. ¡Mucha suerte en sus empresas futuras!

viernes, 2 de septiembre de 2005

Decaimiento y crisis política

Al ejercer su obligación de emitir su penúltimo informe de gobierno, el presidente Fox, ya de lleno sometido a la decadencia tradicional de un gobernante que se marcha, no pudo evitar dibujar un escenario paradójico sobre todo cuando recordamos sus arranques previos de optimismo extravagante que luego contrapuntea con su afán de responsabilizar al resto de las fuerzas políticas de las trabazones que han enfrentado sus iniciativas de cambio. En su comparecencia de 43 minutos ante el Congreso hizo bien en moderar ambos extremos, y se ajustó a un mensaje equilibrado y moderado, que mucho hará para favorecer un cambio en el clima político de ruptura que prevalece hoy día.
Es una opinión muy socorrida el pensar que aquella esperanza que sembró la alternancia en el gobierno federal se ha visto diluida por la impericia de una administración que no supo construir los puntos básicos de confluencia con las otras fuerzas políticas. Fue tal vez el resultado de una euforia triunfalista ingenua, muy justificable luego de 70 años de monopartidismo. Pero es tiempo ya de que se superen esos infantilismos, y que las diversas alternancias que podemos esperar al futuro, incluso hacia la izquierda, no provoquen más esta parálisis autodestructiva.
El informe reflejó la necesaria moderación de estas ocasiones, pero también percibí rabia reprimida, ciertos rasgos de impotencia y un talante general de unilateralidad que de nuevo nos hacen recordar los ceremoniales priístas de culto a la personalidad presidencial. Las interpelaciones son producto del mantenimiento de un formato anquilosado, imperial, imperativo y obtuso. Hasta físicamente el edificio del congreso refleja la centralidad sobre la figura presidencial, ya que el foro no favorece el intercambio entre iguales. Hay que cambiar ese formato si queremos que exista el respeto entre poderes. No justifico las impertinencias, pero sí las comprendo.
En el sentido más general, este quinto informe no superó el tono letárgico y artificial que ha caracterizado a este encuentro de poderes desde los años cuarenta. Por supuesto no existe análisis o debate alguno. No hay diálogo sino monólogos disparejos entre los congresistas y el ejecutivo. Las grandes cuestiones nacionales sólo se abordaron desde la parcialidad del interés presidencial o de los representantes partidistas, ya cargados todos con las urgencias de apoyar a sus banderías frente a la elección que se aproxima. Las desconfianzas volvieron a ensombrecer el ambiente y en ello las responsabilidades se reparten equitativamente.
Los logros reportados no guardan relación con el programa de gobierno trazado a inicios de sexenio. Entre los primeros destaca el programa oportunidades, el seguro popular, los créditos para vivienda, la transparencia gubernamental, el programa carretero, la salud del erario y un breve etcétera, palidecen ante los ofrecimientos originales: reforma tributaria, reforma del Estado, reforma energética, el crecimiento económico, garantía de la seguridad pública, el abatimiento del rezago educativo, la inclusión de los grupos étnicos, la definición de una política exterior soberana, el federalismo fiscal, etcétera. En fin, que no parece un balance que nos pueda brindar tranquilidad, sino zozobras y dudas sobre la viabilidad de nuestra convivencia política.
La semana, además, se adornó con la lamentable crisis interna del PRI, donde sus dirigentes no han alcanzado a construir una visión común de futuro. La figura controversial de la maestra Elba Esther hizo crujir el edificio de Insurgentes hasta sus cimientos, cuando madracistas y antielbistas se pusieron como meta impedir el arribo de una persona que ha sido acusada de colaboracionismo con el gobierno foxista --como si tal cosa fuera un crimen, cuando lo que requerimos con urgencia es precisamente eso: colaborar--. La danza de los radicalismos continúa crucificando al país. Claro, es razonable que ese partido haya preferido zafarse de una presidencia que pudiera poner la iglesia priísta en manos de una Lutero foxista, a un año de las elecciones presidenciales, pero es lamentable que para ello se violen los estatutos internos y se violen derechos evidentes. Mariano Palacios Alcocer es una persona con mejor cartel interno, pero su nombramiento vuelve a evidenciar que, como siempre, la norma se ajusta e interpreta según los intereses del momento. En fin, es sólo una opinión.

viernes, 26 de agosto de 2005

La danza de la pobreza

Al acercarse el ocaso de cada ejercicio presidencial mexicano --dicen que ya no son “presidencia imperial”, sino republicanísimo ejercicio del poder ejecutivo--, es común que los sufridos mexicanos nos veamos bombardeados por machacones mensajes donde se nos devela de qué manera el país ha logrado nuevos estadios en el avance hacia la felicidad y el progreso. Los presidentes priístas se agasajaron con el pretendido ingreso al “primer mundo”, el “bienestar para tu familia”, los espléndidos resultados de los programas Solidaridad y Oportunidades, y en definitiva la caída permanente de los niveles de pobreza y marginación. Pareciera ser que la tierra prometida siempre está al alcance de las manos de los pobres, pero que algo siempre falla en el último momento, pues la siguiente administración se encarga de evidenciar las falacias de la anterior: el populismo, la irresponsabilidad en el gasto, la deuda incontrolable, la corrupción, la “economía ficción”, el “error de diciembre” y demás excusas más o menos verdaderas. Es decir, que los presidentes priístas nos enseñaron por la mala a no creer en las bienaventuranzas cantadas por los agoreros salientes, y mejor reservar nuestro ánimo para posibles desengaños, en ocasiones dramáticos. Tanto así, que las diversas crisis de fines de sexenio de los últimos 25 años del siglo XX ocasionaron la caída a la pobreza de decenas de millones de mexicanos, hasta acumular un inconcebible 54% del total de la población en esa condición en el 2000.
El arribo de un partido opositor al poder ejecutivo federal nos hizo albergar las esperanzas de que las cosas pudieran cambiar. Además, el último presidente priísta fue particularmente cuidadoso en evitar incurrir en el maleficio sexenal y pudo entregar un país sin una nueva crisis y en franco proceso de recuperación. Vicente Fox comenzó su responsabilidad sobre buenas bases macroeconómicas, y tuvo el buen tino de no malbaratar la experiencia acumulada por una clase político-financiera priísta que se había profesionalizado mucho y que no tendría empacho en colaborar con el nuevo gobierno en beneficio de la economía nacional. La autonomía del banco de México, con Guillermo Ortiz a la cabeza, aseguró la estabilidad de precios y la convertibilidad libre del peso. Tan solo el hecho de haber bajado la inflación a un dígito es un enorme paso para que la pobreza no continúe creciendo, e incluso un día pueda revertirse. Luego la presencia de Francisco Gil en la Secretaría de Hacienda amarró el gasto público a los requerimientos de la estabilidad de los mercados financieros y la salud del erario. Ese fue otro factor que ayudó a afianzar una política económica de Estado que ha trascendido banderías partidistas en beneficio de todos.
En la presentación del reporte del Banco Mundial “Generación de ingresos y protección social para los pobres” el miércoles pasado, quedo en evidencia que en la reducción de los indicadores de pobreza ha jugado un papel de enorme trascendencia esos factores macroestructurales, como era de esperarse. Además los programas oficiales de desarrollo social han tenido algún efecto positivo, pero todavía limitados a la superficie asistencialista de la que no se ha podido librar el gobierno del cambio. La prueba más clara la da el hecho de que la pobreza en las ciudades prácticamente no ha cambiado en estos cinco años, pero en cambio la pobreza rural ha experimentado un descenso sensible de casi el 7%. Los programas sociales actúan con más efectividad en los entornos urbanos, gracias a las evidentes facilidades que permite ese medio; pero si la pobreza disminuye más rápidamente en el campo no es debido al languideciente Procampo, o por una revitalización de la agricultura campesina, o por la emergencia de una nueva clase empresarial rural, sino más bien por la estrategia límite que ha adoptado nuestros campesinos desde hace décadas: emigrar en busca de mejores oportunidades. Gracias a las creciente remesas producto de la migración laboral y estacionaria, el campo mexicano se está salvando del hambre y la miseria. Es decir, que han sido los temerarios esfuerzos de los paisanos migrantes lo que hoy le permite al gobierno foxista presumir como uno de sus pocos éxitos el descenso promedio en los niveles de pobreza. Por supuesto que todos debemos alegrarnos por este suceso, pero debemos considerar que parece ser que la tradición del triunfalismo acrítico del gobierno parece no terminar ni siquiera con un gobierno de alternancia, que parece enfrentar con horror las evidencias de su intrascendencia histórica con relación a las esperanzas que nos despertó.

Luis en Toulouse, marzo de 2005 Posted by Picasa

viernes, 19 de agosto de 2005

Bonos, estímulos y productividad

Al acercarse el término de los periodos constitucionales de las administraciones estatal y municipales de nuestro estado, saltan a la vista algunas cuestiones que nos demandan atención, antes de que los aceleres de las elecciones y de las entregas impidan otorgarles una atención adecuada. En esta colaboración quisiera abordar solamente una, que ha sido motivo de debate en últimas fechas. Se trata de la persistencia de la nula claridad en cuanto a la asignación de bonos, estímulos y prebendas de la alta burocracia en los tres poderes y los dos niveles de gobierno. El reciente debate sobre el bono autoasignado por los diputados locales develó que este asunto sigue causando escozor y molestia ciudadana cuando vuelve a ser planteado. La aparente improductividad --o al menos falta de oportunidad y eficacia-- del poder legislativo provoca esta reacción. Es muy posible que el ciudadano común, e incluso el ciudadano bien informado, perciban como injustas estas canonjías cuando es bien sabido que los ingresos de los diputados están muy por arriba de los ingresos promedio de los profesionistas y trabajadores de cuello blanco. Igual ha sucedido cuando los ediles y regidores se premian con sendos cheques de despedida al acercarse el término de su encargo. No ha sido raro que se autoasignen hasta tres meses de “dieta” justificándose con el engañoso aserto de que ese es el tiempo que les lleva conseguirse otro empleo. Una falsedad. Todos sabemos que tanto diputados como regidores mantienen sus fuentes de ingresos previas y que muchos de ellos interpretan el cargo de elección como una generosa beca que consolida sus finanzas familiares. Ejemplos concretos se me ocurren muchos.
Los bonos de productividad y cualquier formato de estímulo económico para la alta y baja burocracia deben ser normativizados e insertos en un esquema de competencia y de rendición de cuentas. Se me ocurre proponer un modelo como el que rige sobre los profesores universitarios e investigadores científicos nacionales. Esta comunidad está sometida desde hace más de una década a un esquema de estímulos que se vincula con la productividad y la superación permanente. Cada año --o cada tres o cuatro años en el caso de los miembros del Sistema Nacional de Investigadores-- los profesores de educación superior pública debemos poner en evidencia nuestros productos, logros y actividades concretas para aspirar a recibir “estímulos” económicos. Esto se determina por comités de pares que deben someterse a un riguroso reglamento para asignar niveles diferenciados de estímulo. Yo estoy convencido de que entre los diputados hay grandes diferencias en cuanto a compromiso, productividad y capacidad legislativa. ¿Por qué se les debe otorgar a todos el mismo monto? Como si todos trabajasen a la par. Si esta cuestión se sometiese a un esquema de competencia, como ocurre también en las empresas privadas, nuestros legisladores --y también nuestros burócratas de todos los niveles-- se afanarían en la búsqueda de “puntos” que les redituaran una justa recompensa económica al término del año o de su periodo. ¿En cuantas iniciativas de ley colaboraste? ¿Cuántas fueron aprobadas? ¿Cuántas asistencias efectivas a comisiones o al pleno? ¿Cuál fue tu evaluación por parte de tus representados? ¿Qué actividades de superación emprendiste? ¿Qué promoción social realizaste? Etcétera. El modelo puede reproducirse con los síndicos y regidores.
A la burocracia estatal y municipal debe concretársele la posibilidad de construirse una carrera dentro del servicio público, que posibilite los ascensos por buen desempeño y capacidad y que garantice permanencia ante los avatares de la política. El servicio civil de carrera no existe aún, y esto representa un desperdicio permanente de talentos latentes que carecen de contactos con la política partidista. Si existiera, ese servicio debería acompañarse de un sistema de estímulos que facilitara la profesionalización y el compromiso con el buen ejercicio del gobierno. A los miembros de dicho servicio deben abrírseles las puertas de acceso a los cargos de primer nivel, incluso las secretarías de estado.
Por lo pronto sólo nos queda esperar que conforme se acerca el fin de estas administraciones, se acrecienten los escándalos nacidos de la asignación caprichosa e interesada de bonos de fin de término, que todavía insultan a la sociedad por sus montos inmoderados y la poca justificación de su concesión. Todos tienen derecho a recibir percepciones adicionales por un esfuerzo perseverante y de calidad, pero primero pongámonos de acuerdo en el por qué, el cómo y el cuánto.

viernes, 12 de agosto de 2005

Competencia y buen gobierno

En este mi regreso al terruño guanajuatense, una de las sorpresas más agradables fue encontrarme con una ciudad capital que se encuentra en plena transformación. Es muy estimulante constatar que el progreso comunitario puede ser sensiblemente estimulado cuando se cuenta con autoridades locales que no solamente laboran con intensidad, sino también buscan y convocan a los otros niveles de gobierno para lograr un objetivo común: mejorar las precarias condiciones urbanísticas de la ciudad de Guanajuato y sacar lustre a una joya arquitectónica que enorgullece a todos los mexicanos. Independientemente de que los muy publicitados 500 millones que invertirá en obra pública esta administración municipal tienen origen particularmente en aportaciones estatales, es de reconocerse que el edil Vázquez Nieto ha desplegado habilidades políticas dignas de elogio, pues ha sabido superar las necesarias diferencias partidarias y traducir este acuerdo entre rivales políticos en obras concretas que ponen en evidencia que la democracia y el pluralismo no necesariamente degeneran en discrepancias y enfrentamientos permanentes, pues si la diversidad se acompaña de tolerancia y cortesía es posible que la sociedad se beneficie de la rudeza del pluripartidismo.
Este afán constructor tiene, evidentemente, intencionalidades políticas futuras. Nadie podría negar que los políticos trabajan siempre con la visión puesta en la zanahoria de las posiciones ulteriores. Considero esta situación es plenamente válida cuando dichas posiciones se alcanzan como premio a un desempeño eficiente y honesto. Parece ser el caso en este gobierno municipal, y ello me produce beneplácito, ya que de esta manera podemos mostrar a los numerosos críticos de la democracia un ejemplo de eficacia dentro de esquemas de competencia política abierta.
El contraste con la administración municipal precedente, la del muy popular arquitecto Rafael Villagómez, abanderado circunstancial del PRD, es muy patente. Las esperanzas que despertó un gobierno emanado de un partido que asume las causas populares --“primero los pobres”-- como el leit motiv de su actuar, fueron frustradas por un estilo de gobierno desparpajado, descuidado y sin un plan de trabajo claro. Eso favoreció el retorno del PRI al poder local, y en particular de los llamados “sectarios”, que han acaparado los espacios de representación en la capital del estado. El éxito de Arnulfo Vázquez Nieto ya marcó el camino a seguir por parte de sus compañeros de camarilla, quienes ya se agitan en la búsqueda de la candidatura para el 2006. Destacan los repetidores: Eduardo Knapp y Luis Felipe Luna. Seguramente van a ofrecer un estilo emulador del actual presidente hotelero: mejorar en el segundo periodo el buen papel que cumplieron en el primero.
La política parroquial guanajuatense puede estar adelantando las estrategias que luego podamos ver transportadas al ámbito estatal. Las credenciales de los candidatos de todos los partidos podrán ser avaladas mediante ejercicios aceptables en los ámbitos municipales, casi como prerrequisito para aspirar a la conducción estatal. En la historia no tan reciente del estado de Guanajuato, sólo Carlos Medina Plascencia contaba con esta experiencia previa como edil. Y sin duda que eso le ayudó mucho para enfrentar los retos de la convivencia social en una entidad muy diversificada. Fox y Ramón Martín sólo contaban con experiencia parlamentaria. Juan Carlos Romero nunca había salido de los ámbitos universitarios. Y ni hablar de los gobernadores priístas: todos fueron producto de la burocracia federal --con la rara excepción del doctor Rodríguez Gaona, quien tampoco fue presidente municipal.
Guanajuato capital se está beneficiando de la intensa competencia democrática que se inauguró en 1991. A pesar de que nunca ha sido gobernado por el PAN, no ha sido ajeno a la alternancia hacia partidos de derecha, como sucedió con el PDM en 1982. No puede hablarse tampoco de una vocación priísta, pues el PRD ya tuvo su chance de gobernar, y si encuentra buen candidato puede tener oportunidad de retornar al edificio de las casas reales. El PAN necesita crecer tanto en número como en calidad de su militancia, así como de hacerse de buenos precandidatos, que todavía no veo aparecer. En apariencia en este momento el PRI parece mejor ubicado que sus rivales. Por supuesto no podemos adelantar vísperas, pues muchas cosas pueden alterar el escenario local. Pero sinceramente me congratulo de que la competencia actual azuce las vocaciones de servicio en todos los partidos y que hoy podamos presumir de un buen gobierno, que sin duda dejará huella en la fisonomía urbana y la calidad de los servicios que estamos recibiendo los guanajuateños, sufridos habitantes de la cañada.

viernes, 29 de julio de 2005

De regreso

Luego de un año de ausencia, finalmente un servidor y su familia regresamos a la querencia guanajuatense, a fin de reintegrarnos a la vida académica, social y política de “esta tierra bendita que me vio nacer y donde vi la luz primera”, como cantaba el humilde poeta de Chamacuero al festejar su arraigo. Sin duda hubo mucho de gozo en este retorno, que decidimos hacerlo por tierra, atravesando toda la península de Baja California, tomar el transbordador marítimo de La Paz a Topolobampo, y continuar recorriendo sin prisas y con mucho interés los tres mil kilómetros que representó nuestra travesía.
Ocho días completos nos tomó el viaje, que nos permitió transitar por varias de las regiones más agrestes de nuestro país. Tres días nos tomó atravesar el desierto bajacaliforniano, que sin duda es una de las formaciones naturales más espectaculares con que cuenta nuestro país, tanto que recientemente la UNESCO acaba de integrar a la reserva del Vizcaíno y los desiertos centrales de la península a la lista del patrimonio natural mundial. Nunca imaginé que un páramo desértico pudiera acumular tanta belleza como la que vimos en Cataviñá, donde pasamos la noche. Nada se compara a las luces, texturas, presencias, ausencias y sonidos de un desierto que a veces se antoja alienígena. Presenciamos una de las puestas de sol más increíbles de nuestras vidas. Y la noche… qué decir de una noche misteriosa, sólo interrumpida por el lejano bramar de los generadores eléctricos, que alimentan al único hotel del desierto central. Sólo un detalle lastimó nuestro goce: el darnos cuenta del desprecio que despliega el hombre hacia su entorno, evidente en los miles de graffitis que ofenden las rocas monumentales, muchos de ellos con fines pueriles y comerciales, compenetrados en el ser pétreo gracias a la maravilla de la química moderna, que garantiza la presencia de esos horrendos glifos por los siguientes mil años. Luego se añade la basura, permanente, omnipresente y agresiva: llantas, bolsas plásticas, latas, envolturas, garrafones de plástico y demás parafernalia de nuestra civilización decadente. Lastimamos así el producto de millones de años de evolución trabajosa, y condenamos a nuestros descendientes a recibir un planeta baldado y enfermo.
Por fortuna, la grandiosidad del territorio todavía permite ignorar la ofensa humana. Pudimos continuar pasmados ante los monumentos naturales del Vizcaíno, admirar sus montañas encrespadas ¡el volcán Las Vírgenes! , sus cañones y bajíos profundísimos, las violentas subidas y bajadas a través de una carretera en buen estado, paisajes que cambian cada veintena de kilómetros, animales que cruzan la carretera como un suspiro, y personas fantasmales que habitan en un territorio que parece extraído de las crónicas marcianas de Ray Bradbury. Todo ello aderezado con temperaturas de entre 35 y 40 grados Celsius. Hasta que uno casi cae literalmente en el mar de Cortés, al llegar a Santa Rosalía.
Por esto los oasis como San Ignacio, Mulegé o Loreto son tan llamativos a la vista: explosiones de vegetación rodeadas o bordeadas por la secazón desolada. La inmensidad azul de los mares Pacífico y de Cortés, que recorta los ocres y areniscos de la tierra firme atravesada de evidencias geológicas de su antigüedad milenaria, inclusive de presencia humana arcaica, que nos heredó la riqueza abstracta de las pinturas rupestres y los petroglifos. No pudimos desviarnos hacia alguno de los puntos geográficos con este arte milenario, pues ello representaba una nueva excursión en sí, pero pudimos testimoniarlos gracias a documentales que habíamos disfrutado en la televisión bajacaliforniana.
El arribo a La Paz, hermosísima ciudad que pude disfrutar nuevamente gracias a la hospitalidad de buenos amigos por allá –un saludo a Marina Garmendia, vocal ejecutiva del IFE en esas tierras , fue una justa y plácida culminación del recorrido peninsular. Un par de días de playas en Pichilingue y de ahí al ferry hacia el continente, con Topolobampo como punto de desembarco. Otro par de días en un Mazatlán pletórico de turistas y el sábado pasado decidimos liquidar los 820 kilómetros que restaban para llegar a Guanajuato en un solo día. Por fin en casa. Gracias a la familia y a los amigos por su bienvenida. Retomaremos ahora el hilo guanajuateño de este diario de campo.