viernes, 26 de octubre de 2007

Fundación Cervantista

Hace veinte años, un seis de octubre, murió el maestro Enrique Ruelas Espinosa, director escénico, maestro de arte dramático y uno de los fundadores del Teatro Universitario de Guanajuato; artífice de los Entremeses Cervantinos, que proyectaron a esta ciudad capital a nuevos espacios de celebridad y viabilidad como sociedad urbana. Dieciocho años después se le uniría su viuda, doña Alicia Barajas –inquieta guanajuateña de cepa. Ambos habían podido participar en el arranque del Festival Internacional Cervantino en octubre de 1972, que terminó de colocar al somnoliento Guanajuato en el mapa cosmopolita de la cultura.
También en otro octubre pero de 2005, el hijo de ambos, el doctor en medicina Enrique Ruelas Barajas, logró la concreción de la Fundación Cervantista Enrique y Alicia Ruelas A.C. en “homenaje a mis padres [pero] también para conservar el legado cultural y apoyar en todas las actividades del teatro universitario, colaborar con el FIC y con la ciudad de Guanajuato. Estoy cosechando lo que sembró mi padre y [deseo] proseguir con su obra'', declaró a La Jornada días antes. Se convocó al esfuerzo conjunto a intelectuales, amigos y familiares como Eugenio Trueba Olivares, Pedro Vázquez Nieto, Juan Francisco Millán, Arturo Lara López, Carlos Barajas Díaz, Sor María Suárez, Yolanda Martínez de Pacheco, Liliana y Mariana Ruelas, y Rubén Aguilar Monteverde. Desde entonces la fundación ha podido desarrollar una creciente actividad cultural y social, con la participación de las activísimas promotoras Laura Lozano y Guadalupe Lemus, con amplia experiencia en el ámbito cultural.
La fundación ha contado con el apoyo de los gobiernos estatal y municipal de Guanajuato, el congreso de la entidad, TELMEX, la Universidad de Guanajuato, el Festival Cervantino y de particulares entusiastas. Gracias a ello pudo armar recientemente todo un programa de actividades de corte cultural y social, que le ha vinculado con corporaciones de la talla del francocanadiense Cirque du Soleil, así como con artistas escénicos y artesanos locales. Es de destacarse el taller para niños “Teatro en Mi Barrio”, promovido por la fundación hace un par de meses con el apoyo del grupo Machincuepa y el propio Circo del Sol, proyecto que tuvo la aspiración de crear un grupo de circo social en la capital del estado. Los chicos, todos de origen popular, acudieron hace dos semanas a Guadalajara a presenciar una función del espléndido montaje Quidam. ¡Qué gran iniciativa! ¡Qué oportunidad para nuestros chavales! (cuando yo quise presenciar una función en Montréal, me enfrenté con que había que hacer reservaciones un mes y medio antes, y que el monto del boleto era de 150 dólares canadienses. En Guadalajara costó entre 400 y 1,400 pesos). Cien chiquillos guanajuateños pudieron deleitarse con el espectáculo gracias a la fundación.
Pero lo que en lo personal me interesa destacar es su programa editorial, que para este año incluyó la edición de un tríptico “objeto”: un cómic infantil denominado “La Guarda Cuidadosa” -el entremés cervantino- que busca motivar a los pequeños a acercarse a la obra cervantina mediante pegotines de personajes que hay que ubicar en un hermoso dibujo de la plaza de San Roque. Luego, la presentación de la espléndida y extensiva biografía del maestro Ruelas, del puño del escenólogo Edgar Ceballos, que hurgó en los archivos personales del divo para obsequiarnos un vivo retrato de un Ruelas poco conocido: el escritor, poeta, actor y educador.
Y finalmente menciono el libro que me tocó coordinar en colaboración con Laura Lozano: Voces en torno de un personaje; teatro, sociedad y cultura entre México y Guanajuato. Convocamos a una docena de autores a participar en un esfuerzo que buscó rememorar colectivamente la obra y trayectoria del maestro Ruelas, como actor clave del avance y progreso del teatro en México, y aprovechar a este mismo personaje como hilo conductor que permitiese ejercitar una reflexión a la distancia sobre la evolución y vicisitudes de la cultura nacional y local de la posguerra. Nos acompañaron las plumas de Tonatiuh Ceballos, Alejandro luna, Aurelio González, Francisco Arellano, Miguel Sabido, Aimée Wagner, María Luisa “China” Mendoza, Margarita Villaseñor, Eugenio Trueba, Isauro Rionda, Ernesto Camarillo y yo mismo, con prólogo de Arturo Lara. Entre todos aportamos pincelazos diferenciados a un gran lienzo que buscó recrear una época difícil, un Guanajuato que ya no existe, y una cultura mexicana en búsqueda de su identidad, que en buena medida logró gracias al teatro y a directores como Ruelas y su generación. El libro está disponible en su versión electrónica (CD), y esperamos verlo pronto en el papel (quien desee adquirirlo, por un costo módico, puede solicitarlo a fundacioncervantista@yahoo.com.mx). Vale la pena.

viernes, 12 de octubre de 2007

El gusto por las cosas del César

Con una regularidad que se ha hecho preocupante, el clero católico, más bien su alta jerarquía, vuelve a plantear viejos asuntos que la historia nos haría esperar que estuviesen superados. Volvemos a conocer de requerimientos anacrónicos como el de que se les otorgue una mayor capacidad para incidir políticamente en los asuntos de este mundo, incluso la demanda del voto pasivo –que los religiosos puedan ser votados—; también exigen la posibilidad de tener en propiedad medios de comunicación, y regresan sobre la mentadísima “libertad” religiosa, libertad que en los hechos no es más que para ellos mismos, no para el resto de las iglesias, que además acompañan invariablemente de la “libertad” de enseñanza, que en realidad es la posibilidad de aplicar oficialmente la moral absoluta y dogmática de la religión sobre el pensamiento autónomo y científico en las mentes infantiles y juveniles. Recientemente, además de todo esto, han agregado nuevos objetivos, como el de obtener trato de ONG, y hacer deducibles de impuestos los donativos y óbolos; o bien que la iglesia sea consultada en materia de políticas públicas orientadas hacia los valores familiares o comunitarios –como sucede en Guanajuato.
La jerarquía eclesiástica no ha aprendido nunca las necesarias lecciones de humildad, ni siquiera provenientes de su propia tradición misionera. Y una evidencia de ello es la actitud soberbia del enviado papal, el arzobispo de Francia Dominique Mamberti, quien en la reciente conmemoración de los 15 años del restablecimiento de relaciones diplomáticas con el Vaticano –que es un Estado, no una religión , planteó ante funcionarios mexicanos sumisos la exigencia de “superar las limitaciones y equívocos” de la ley en materia religiosa. ¿Cuáles son esas limitaciones? Las que todavía impone el Estado laico a la participación activa de las iglesias en asuntos terrenales. Se demanda con altanería que el gobierno federal reconozca la necesidad de impulsar la “libertad” religiosa y que se abran nuevos espacios de poder a los representantes de una potencia real, nada espiritual, muy apegada a los beneficios de la vida cómoda e incluso a los placeres de la carne, como la siempre ignorada pederastia –ignorada aquí, no en las cortes federales de Los Ángeles.
Los jerarcas se quejan de ser víctimas de agresiones y persecución, de que la turba les hace “temer por su vida”; todo por unos manotazos aplicados por un grupito de alocados manifestantes a la lujosa camioneta Toyota, blanca como los ángeles, del cardenal Rivera –pero eso sí, blindada para protegerlo de su peligrosa feligresía, pues el miedo no anda en burro. También es impresionante el gusto por la exhibición pública y por las candilejas de parte de “nuestros” cardenales y arzobispos. No pierden oportunidad de salir en los medios y hacer declaraciones, siempre sobre asuntos terrenales, pero nunca sobre lo que realmente les concierne, como sucedió con el obispo leonés Martín Rábago cuando en el periodo electoral pasado pontificaba en sus homilías dominicales sobre la necesidad de un voto consciente e informado, y su toma personal de posición ante múltiples temas del momento, ya que “sería una deformación totalmente inadmisible querer limitar la misión de la Iglesia sólo a predicar verdades abstractas y sin conexión con los momentos y circunstancias históricas que viven los hombres.” Contrastaba su posición con su negativa a opinar sobre asuntos más cercanos a su responsabilidad terrenal, como el caso del sacerdote De María y Campos, acusado de corrupción de menores.
La estulticia cuenta con aliados insospechados entre las propias autoridades, que olvidan que uno de sus mayores deberes es cuidar la laicidad del Estado. Acabamos de testimoniar el vano, pero significativo intento del alcalde de Celaya Gerardo Hernández, apoyado por el empresario Julián Malo y un fantasmal “Consejo Ciudadano Pro Recuperación del Nombre de Celaya de la Purísima Concepción”, de violentar el orden jurídico nacional al reasignarle un toponímico con contenido religioso a la ciudad de marras. Los funcionarios públicos municipales se volcaron en la promoción de esta iniciativa. Afortunadamente el propio obispo de Celaya, Lázaro Pérez, se dio cuenta del despropósito y en un alarde de buen juicio defendió ante miembros del ayuntamiento la sabia idea de que hay problemas más urgentes qué resolver en ese municipio, que el de poner el nombre de la concepción de la Virgen en boca de todos. Y remató con aún más sabiduría: "Me hacen líder sin serlo, yo soy pastor y quiero serlo siempre". Ese es el tipo de prelados que requiere la religión y la iglesia auténticas, que saben separarse de las cosas del César.

viernes, 5 de octubre de 2007

Estulticias foxianas

Antes de entrar al tema nodal de esta colaboración, distraeré estas primeras líneas para enviar un cordial saludo al amable funcionario guanajuatense del CONACyT que tuvo la deferencia de comentarme que me lee todos los viernes, y que con toda seguridad es mi primer lector del día pues tiene la costumbre de consultar la página electrónica de Correo a las 6:30 de la mañana. Siempre se agradecerá ser leído, y más de manera tempranera, cuando la mente aún no se obnubila con las telarañas del ajetreo cotidiano. ¡Un fuerte abrazo!
Es difícil sustraerse a la necesidad de opinar sobre el asunto nacional que ha hurtado los encabezados periodísticos: la exhibición imprudente de la bonanza personal y familiar del expresidente Fox. Ésta fue desnudada ante el peor de los auditorios, el de una revista de frivolidades que se solaza habitualmente en la ostentación de los ricos y poderosos para alimentar las ensoñaciones del común de los mortales, pobretones y mal vestidos. No puedo evitarlo, me cuento entre estos últimos, por lo que no resistí la tentación morbosa de visitar el sitio de la publicación de marras (www.quien.com/portada/los-fox-su-vida-despues-de-los-pinos) y recorrer las 2 mil 361 palabras por las que trascurre la verbosidad del artículo --nada mal escrito por cierto, incluso con buen sentido de oportunidad periodística. Las respuestas de la entrevista, sin embargo, transparentan la inconsciente inmodestia del nuevo rico, la petulancia disfrazada de sencillez afable. Doña Martha no se quedó a la conversación; dejó a su marido expresidente solito ante los periodistas, y “ya sin la compañía de su mujer, posó para la cámara en el interior de su casa, la cual construyó hace más de tres décadas con su sueldo de 15 años de trabajo en Coca-Cola, donde llegó a ser presidente para América Latina”. Sabemos bien que don Vicente no logró dicho puesto, ni acumuló capital personal de consideración antes de su ingreso a la política. El estado de su casa es sin duda muy diferente al del año 2000 y mucho más al de 1995, cuando acumulaba deudas personales que le hicieron dudar cuando le propusieron buscar la candidatura panista al gobierno de Guanajuato.
El paseo fotográfico resulta lo más bochornoso, tanto por el despliegue de ostentación palaciega como por lo evidente de su novedad. Es claro que la casa experimentó una profunda intervención y renovación reciente, y que no es un inmueble que haya acumulado pátina. Luego se nos muestran láminas de la estancia campirana, un rancho que ha dejado de serlo y que se antoja más a una hacienda de telenovela, o a una finca texana tipo rancho Crawford -con la diferencia de que esta heredad de los Bush es producto de una riqueza familiar petrolera, previa a sus desempeños presidenciales. El paseo por la casa me llamó la atención por dos razones: el derroche de gusto kitsch en los enseres y el mobiliario y la ausencia de sentido arquitectónico que mantuviese el espacio dentro de los patrones de las casas solariegas del Bajío. El arquitecto Serrano sencillamente despreció la racionalidad de la construcción vernácula y les elaboró un castillete con altísimos techos de dos aguas -no vaya a ser que la copiosa lluvia del Valle de Señora les llene de goteras las azoteas.
Luego se han venido acumulando explicaciones inverosímiles por parte de la pareja presidencial. Resulta que el rancho La Estancia, adquirido por Fox en 1997 y nunca reportado en sus declaraciones como gobernador (Miranda y Argueta, Fox 2000 al natural, p. 98), está valuado en la declaración presidencial en 300 mil pesos -menos de lo que cuesta una casa de interés social-, mientras que el periódico Reforma, con base en lo calculado por la asociación de profesionales inmobiliarios, lo estima en al menos 29 millones de pesos. Y eso que en ese año de 1997 el gobernador Fox reportó ingresos totales por un millón 415 mil pesos.
Luego, ¿cuánto está costando la construcción del Centro Fox? No hay información en la página electrónica, pero es evidente que se llevará una millonada el auditorio para 500 personas, la sala de bienvenida, la biblioteca de 25 mil volúmenes -poquísimos para un centro de alto nivel-; el acervo digitalizado de tres millones de documentos; la explanada para tres mil personas -como la Plaza de los Fundadores de León-; el área para exhibir los obsequios que recibió el ex presidente -feos o bonitos-, y la cafetería-restaurante. Los académicos e investigadores serios se sonríen ante esta idea, y se preguntan si no sería mejor dedicar esos recursos a un mejor fin. Las obras de beneficencia de la fundación Vamos México, por ejemplo. Y yo me pregunto: ¿en qué términos habrá firmado la Universidad de Guanajuato el convenio de colaboración con el Fox Center, que se ha anunciado?
El viejo régimen tenía pocas bondades, sin duda, pero una de las más destacables era la tradición sabia del silencio discreto y el recogimiento a la vida privada que los expresidentes debían mantener. Se preservaba así la estabilidad del régimen y se cuidaba que el ciudadano común, siempre desconfiado de la honorabilidad de sus gobernantes, no recibiera confirmación involuntaria de las pillerías presidenciales.