viernes, 19 de diciembre de 2008

El IFE y sus distritos

Durante el guadalupano 12 de diciembre pasado, se instalaron formalmente los catorce consejos distritales del IFE en la entidad. Son órganos que se integran por siete consejeros electorales, los representantes de los ocho partidos que contenderán el 5 de julio que viene, el vocal secretario y los vocales ejecutivos de capacitación, de organización y del registro federal de electores. Los consejeros presidentes cumplen el doble papel de líderes de los consejos y conductores del área operativa dentro de sus distritos. A pesar de que se trata de un organismo que involucra a un máximo de 19 personas, sólo los siete consejeros tienen voz y voto; el resto sólo voz. Con esta fórmula el IFE ha podido garantizar el equilibrio y la independencia de sus 300 consejos distritales y 32 locales.
La distritación electoral de nuestro país va de la mano con la necesidad de que cada demarcación involucre a un número más o menos equivalente de ciudadanos. Cada vez que se cuenta con nueva información del censo de población, se emprende una redistribución de las secciones –de 1,500 votantes o menos- y de los distritos, como ocurrió en 2005. Por ello en Guanajuato pasamos de tener 13 distritos en las elecciones de 1994, a 15 distritos en las de 1997, 2000 y 2003, y de regreso a 14 en los comicios de 2006. Esto porque nuestra entidad ganó población en los años ochenta, pero luego ha venido perdiéndola a lo largo de los noventa y la presente década del siglo XXI. La razón principal es la migración y el decremento de la fecundidad. La cuestión es que al mes de noviembre de este año Guanajuato cuenta con 3 millones 752 mil 435 ciudadanos en el padrón electoral. Es de hacer notar que poco más de 160 mil de esos electores son jóvenes de 18 y 19 años que recién han adquirido su credencial para votar.
Los consejos distritales tienen como funciones vigilar la insaculación de ciudadanos que integrarán las mesas directivas de casilla; seleccionar a los supervisores y capacitadores electorales; capacitar a los ciudadanos insaculados; supervisar la instalación y ubicación de las casillas; hacer el acopio de material electoral; participar en el cómputo de las actas y, en su caso, abrir paquetes electorales y hacer recuento de votos. Pero ante la reforma electoral federal del 13 de noviembre del año pasado, los consejos distritales y locales del IFE asumen nuevas responsabilidades: deberán también recibir, sustanciar y resolver las quejas relacionadas con conductas referidas a actos anticipados de precampaña y campañas, así como las que atañen a la propaganda política o electoral impresa, pintada en bardas o cualquier otra diferente a la transmitida en radio y televisión. Esto en palabras del consejero presidente Leonardo Valdés, pronunciadas en un mensaje televisivo de bienvenida trasmitido a los consejos distritales al día siguiente de su instalación.
El día de ayer realizamos en la ciudad de Guanajuato un encuentro estatal de los 90 consejeros electorales del IFE, más los 15 consejeros presidentes. Fue una jornada intensa, que se caracterizó por las inquietudes que despiertan las nuevas obligaciones. También causó entusiasmo la buena noticia de que en esta ocasión nos vamos en casilla única con el IEEG, y que se está construyendo una relación más productiva y pareja entre ambos institutos, tal vez gracias a la renovación de las dirigencias en ambos. No todas las dudas pudieron ser despejadas, pero nos queda el consuelo de que ahora deberemos establecer precedentes y criterios, que sólo el tiempo y el consejo general nos permitirán evaluar en su validez. Al tiempo.

viernes, 5 de diciembre de 2008

Los Estados nacionales y el Sistema-mundo

La semana pasada participé en un congreso de estudiantes de ciencia política en la Universidad del Centro de México en San Luis Potosí. Se me ocurrió darle a mi alocución el pretensioso título de “El estado nacional contemporáneo frente al nuevo federalismo y las regiones: tensiones y digresiones en tiempos de globalización”. Juzgué importante debatir con esta joven generación de estudiosos, que no conocieron el viejo centralismo autoritario que nos aquejó, ni tampoco un mundo sin globalización. Comparto aquí una de las secciones iniciales del texto expuesto, que se dedicó al “sistema-mundo del siglo XXI”.
Partí del hecho de que las nuevas condiciones de la competencia y la convivencia internacionales están sometiendo a los estados nacionales a nuevas tensiones que son producto de los requerimientos de la economía postindustrial, que induce procesos extraterritoriales y flujos que se imponen sobre los esquemas político-normativos tradicionales. Con asombro, los analistas vemos cómo la reconfiguración de los esquemas de integración internacional se basa crecientemente en las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. Las famosas NTIC, que no sólo han facilitado la interconexión de personas e instituciones, sino que canalizan los movimientos de un capital cada vez más virtualizado y menos referido a valores objetivos. La actual crisis económica global pone en evidencia los alcances y los límites de este nuevo “Estado” supranacional que se ha ido imponiendo a las naciones periféricas y las hegemónicas.
El Estado capitalista nació en occidente primero como reacción defensiva ante el poderío ejercido por estados orientales sobre las fronteras y el comercio de la vieja Europa. Pero luego los estados nacionales de ese continente iniciaron un proceso de expansión colonialista que pronto se constituyó en la base de la primera manifestación del sistema-mundo: los flujos comerciales, las corrientes migratorias y la imposición de esquemas culturales y de organización política a los territorios dominados se constituyeron en los nexos afianzadores de un mercado global. El Mediterráneo dejó de ser el centro del mundo occidental, y fueron ahora los océanos antes infranqueables los que derribaron las barreras físicas y mentales de la conciencia clásica europea. Es aquí donde conviene incorporar el concepto de “economía-mundo” de Fernand Braudel, del que se desprende el de “sistema-mundo” de su discípulo Immanuel Wallerstein, ambos conocidos teóricos y críticos de la globalización capitalista. Cada “sistema-mundo” es una realidad autocontenida que se desarrolla alrededor de lugares centrales hegemónicos, que eventualmente se expande e impone relaciones subordinadas de intercambio.
Los estados nacionales transatlánticos, como el nacido de la independencia de las colonias de la Nueva Inglaterra, o bien los incipientes estados de la América ibérica, cumplieron un papel diferente al que habían desempeñado los europeos. En este último caso, las estructuras estatales se correspondían más o menos bien con las nacionalidades, definidas éstas en términos culturales e históricos. Los gobiernos centralizados del viejo mundo ejercían el poder social sobre extensiones territoriales que se habían integrado cultural y administrativamente desde tiempos romanos. Existía entonces un basamento identitario que facilitó el trazo de vínculos de solidaridad comunitaria entre conjuntos más o menos homogéneos. No era raro entonces que la “Nación” se correspondiera con el “Estado”. Un proceso contrario observaríamos en tierras americanas, donde los estados “inventaron” a las “naciones”, realidades culturales que sólo existían en el discurso de los primeros nacionalistas e independentistas. El nacionalismo mexicano es entonces un producto posterior al nacimiento del estado nacional en la tercera década del siglo XIX. Ingresamos así por la puerta trasera a la construcción de un sistema-mundo capitalista, y nos mantuvimos en su periferia.

viernes, 21 de noviembre de 2008

Décimo aniversario de la SOMEE

La semana pasada no pude contribuir con esta columna semanal porque debí participar durante cuatro intensos días en el XX Congreso Nacional de Estudios Electorales, que se desarrolló en Morelia. Los que conocen mis intereses y actividades, sabrán que cada año acudo a este encuentro académico, y lo he hecho desde 1994. En ese año me vinculé con el llamado Grupo Especializado en Estudios Electorales del Consejo Mexicano de Ciencias Sociales (Comecso), que entonces lideraba un joven profesor de la UAM-Iztapalapa: Leonardo Valdés Zurita, hoy consejero presidente del IFE. Ese grupo promovió lo que entonces se denominó VI Encuentro Nacional de Investigadores en Estudios Electorales, y se realizó en la hermosa Casa de la Primera Imprenta de América en la esquina de Primo Verdad y Moneda, en el centro de la ciudad de México. La UAM mantiene un centro cultural en ese hermoso rincón de la capital. Creo que acudimos unos 60 académicos de buena parte del país, aunque aún predominaban los defeños, y sobre todo los uamitas. Fue ahí donde me vinculé con Leonardo, Juan Reyes del Campillo, Javier Santiago, Ricardo Espinoza, Mario Alejandro Carrillo, Murilo Kushick, Ma. Eugenia Valdés y otros profes de la UAM, de donde yo mismo había egresado en 1982. Pero también participaban analistas provincianos como René Valdiviezo de la BUAP, Jaime Rivera de la UMSNH, Marina Garmendia de la UABCS, Efraín Poot de la UAY, Lilia Venegas del ITESM, Francisco Muro de la UAZ, Lourdes Pacheco de la UColima, Pablo Vargas de la UAEH, Ernesto H. Norzagaray de la UAS, y otros.
Era natural que una buena parte de los especialistas en los tópicos electorales fueran profesores de la UAM-I. El área de procesos políticos del Departamento de Sociología de esa universidad cultivaba desde pocos años antes una línea especifica de investigación electoral que produjo importantes resultados, tanto en la conformación pionera del Centro de Estadística y Documentación Electoral (CEDE), un espacio de acopio de fuentes primarias de información para la investigación; como la realización del Diplomado en Estudios Electorales, que hasta la fecha se sigue impartiendo en varias entidades de la república -en Guanajuato se dictó en dos ocasiones.
Tanto la UAM en sus unidades Iztapalapa y Xochimilco, como la UNAM en sus facultades de Ciencias Políticas y Sociales, la de Derecho, y el Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades, han sido los espacios que desde los años sesenta -la UNAM- como los ochenta -la UAM- dieron origen a los primeros estudios de carácter sociológico y científico de la dinámica electoral mexicana. Los “electorólogos” reconocemos a don Pablo González Casanova como el pionero de este campo; su simiente fue recogida por sociólogos, abogados, psicólogos sociales, antropólogos, historiadores e incluso por profesionales de las ciencias naturales. El grupo especializado de Comecso, que nació hace 22 años, fue el aglutinante de muchos de ellos, y pronto rebasaron a la matriz que les dio origen. En 1998 el Comecso quiso desaparecer al grupo, y los integrantes del mismo decidimos constituirnos en asociación civil. Para ello fuimos auxiliados por el entonces magistrado presidente del Tribunal Electoral de Michoacán, don Adolfo Mejía González, el joven abogado José Méndez Bravo y nuestro colega Jaime Rivera Velázquez, quien se constituyó en el primer presidente de la naciente Sociedad Mexicana de Estudios Electorales A.C. (SOMEE). Otros firmantes del acta constitutiva del 10 de julio de 1998 fuimos Juan Reyes del Campillo, Marina Garmendia, René Valdiviezo, Francisco Valerio, Javier Santiago Castillo, Ricardo Espinoza Toledo y yo mismo. Eso fue hace diez años, y por ello decidimos dedicar este vigésimo congreso a conmemorar en el mismo lugar donde nació la asociación, en la bella -y sufrida- ciudad de Morelia. Otra vez el tribunal estatal nos ayudó, pero ahora contamos con importantes apoyos del IFE -gracias a Leonardo-, el TRIFE -gracias a la magistrada Alanís-, el Instituto Electoral de Michoacán –gracias a su presidenta Ángeles Llanderal-, el Centro de Investigación para el Desarrollo del Estado de Michoacán -gracias a nuestro colega y exmiembro de la SOMEE Guillermo Vargas Uribe-, y por supuesto con el apoyo indispensable a la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo -gracias a los doctores Héctor Chávez y Héctor Pérez, del Centro de Investigaciones Jurídicas, quienes fueron los eficientes organizadores.
Se inscribieron ahora casi 250 ponentes, que presentaron 200 ponencias en once prolongadas mesas temáticas, que requirieron del uso de seis espacios simultáneos, casi todos ellos en el Centro Cultural Universitario. Por supuesto, destacó el tema de las reformas electorales federal y locales, que han provocado tanto debate en este año que termina. Leonardo Valdés nos brindó una amena y poblada conferencia magistral en el Congreso del Estado, y no pudo dejar de hacer referencia a sus vínculos con nuestra asociación. También nos acompañó nuestro querido amigo y también electorólogo Marco Antonio Cortés, hoy Rector General de la Universidad de Guadalajara. Y culminamos con una incisiva conferencia de José Antonio Crespo, colega y celebridad. Para concluir, vale la pena mencionar que los diputados locales michoacanos solicitaron consejo a la SOMEE para definir una reforma electoral local de avanzada. Ojalá esa fuera la actitud de otros congresos locales.

viernes, 7 de noviembre de 2008

Bajas de guerra

Los lamentables fallecimientos del joven secretario de gobernación, Juan Camilo Mouriño; el recién estrenado secretario Técnico de la Comisión de la Reforma Penal, José Luis Santiago Vasconcelos, y los otros funcionarios y trabajadores de la Secretaría de Gobernación, ha significado un shock que será difícil de asimilar para la sociedad mexicana. Cuando oí la noticia de la voz de mi esposa, me encontraba concentrado en la elaboración de un informe urgente. No dí crédito: me sentí pasmado y opté por abandonar el informe. Encendí la radio y para mi asombro se confirmó lo que en un primer momento creí que era un posible rumor. Estoy seguro de que esa misma sensación fue la que experimentamos muchos de los mexicanos que nos manteníamos informados sobre las urgencias que atendía esa secretaría, sobre todo en materia de seguridad, pues se acercaba el plazo perentorio marcado por el gobierno federal para reportar avances sustantivos en el combate a la delincuencia organizada.
Por supuesto que todos pensamos de inmediato en que se trataba de un evidente ataque de los criminales que han mantenido en jaque al Estado mexicano desde hace casi dos años. Me imaginé que los embates de Morelia y este “atentado” estaban relacionados. También quise ver algún vínculo entre este suceso y la muerte del exsecretario de Seguridad Pública, Ramón Martín Huerta, sacrificado en circunstancias que se parecen en demasía a las que ahora vemos. Ni modo: los mexicanos somos asiduos creyentes en las conspiraciones. Pero no se nos puede culpar porque un ligero vistazo a la historia nacional nos exhibe múltiples ejemplos de “accidentes” que resultaron demasiado convenientes para algún actor político o social interesado. Como somos herederos de una larga travesía de impunidades y sucesos nunca clarificados a cabalidad, no es inexplicable que nos prestemos a las teorías más arcanas sobre maquinaciones y confabulaciones que se esconden detrás de los sucesos de alto impacto.
Conforme se han dado a conocer más detalles, parecería afianzarse la hipótesis del accidente. Sin embargo, el propio presidente Calderón en su mensaje del martes fue en extremo cuidadoso en la selección de los términos con los que se refirió al suceso: “desgracia”, “percance” y otros que transparentaron su voluntad de no eliminar ninguna alternativa, incluida la del atentado. Fue el secretario Luis Téllez el primero en referirse al hecho como un “accidente”, apenas un día después del mismo.
Al escuchar la grabación que compartió el secretario de Comunicaciones con el público nacional, llama mucho la atención que los pilotos no reportaran emergencia alguna. Me parece que ese es un primer indicio de que el evento tuvo un desenlace abrupto, instantáneo y posiblemente provocado. No es creíble que un avión moderno, con 10 años de uso, se venga abajo así nomás. No había mal tiempo, ni vientos, ni obstáculos a la visibilidad. Se nos ha informado que el avión se encontraba dando el último viraje para atacar una pista del aeropuerto de la ciudad de México, y que estaba cumpliendo estrictamente las instrucciones del personal controlador de vuelos. ¿Entonces qué pasó?
Mi temor es que pronto se aduzca la explicación más facilona en estos casos: “fue un error humano”, nos dirán. Es decir, que el piloto se confundió, se norteó, se ofuscó, o tal vez estornudó sobre los controles y desquició el sistema electrónico. Con la tecnología que cargan esos jets modernos, dudo mucho que el elemento humano sea causa fundamental de estos “accidentes”. O bien dirán que fue un error en el mantenimiento, que un mecánico olvidó apretar la tuerca fundamental del sistema de viraje de las alas, y a lo mejor por eso “se reventó el chicote” que las controla. No me estoy pitorreando: lo digo en serio. Tengo la sospecha de que se nos dará una explicación absurda, pues de lo que se trata es de atajar los rumores y preservar la imagen de los altos funcionarios como intocables para el crimen organizado.
Al mismo tiempo, a diario conocemos de la acumulación de asesinatos de servidores públicos de menor nivel relacionados con la seguridad pública: directores, comandantes, agentes, que son masacrados por pistoleros armados hasta con lanzagranadas. Ellos reciben una muerte menos glamorosa, pero igual de deplorable e injusta. Es posible que las muertes de aquéllos funcionarios no se sumen a la enorme lista de bajas en esta guerra, pero no puedo dejar de pensar que ellos también fueron sacrificados en batalla.

viernes, 31 de octubre de 2008

Un IFE remozado

Con la instalación formal del Consejo General del IFE el pasado día 3, se marcó el inicio el proceso electoral federal 2008-2009. Ese órgano de gobierno ha iniciado sus actividades renovado -muchos dirían “zarandeado”-, con el ingreso de cinco nuevos consejeros generales y un nuevo consejero presidente, el paisano Leonardo Valdés Zurita. De la anterior generación, sólo sobrevivieron Virgilio Andrade, Marco Antonio Gómez y Arturo Sánchez. Los nuevos son Benito Nacif, Marco Antonio Baños, Macarita Elizondo, Francisco Javier Guerrero y Alfredo Figueroa. Ellos exhiben perfiles al menos tan variopintos como sus antecesores, aunque con una constante: sólo unos pocos tienen experiencia en la materia.
La reforma electoral de 2007 fue trascendente por haberle ampliado sus facultades al IFE, por eliminar el enorme gasto en publicidad por medios electrónicos masivos, y por haberle otorgado la administración de los tiempos oficiales del Estado en esos medios durante el periodo electoral: 48 minutos diarios de cada canal o estación radiofónica, dos minutos por cada hora si transmiten todo el día. En precampañas la mitad de ese tiempo corresponde a los partidos políticos; en campaña es el 85%. El resto es del IFE, de los institutos estatales y tribunales electorales. En Guanajuato, por ejemplo, que tenemos elecciones concurrentes, de los 41 minutos que tienen derecho los partidos en campaña, 15 pueden referirse a los procesos locales y serán tramitados por el IEEG ante el IFE.
El anterior dato no es menor: en 2006 los partidos políticos gastaron dos mil millones de pesos en contratar publicidad en radio y televisión, equivalente al 47.6% del total de su financiamiento público. En esta ocasión, el IFE debió invertir alrededor de 600 millones de pesos en adquisición de equipo técnico para el monitoreo de los medios, que es otra de las obligaciones nuevas. Lo bueno es que es un gasto en activos fijos, que ya no volverá a hacerse en los próximos procesos. Se evita así un gasto irracional en propaganda vacua y sin sentido. Ojalá que esto sirva para reforzar nuevas estrategias de convencimiento, que busquen informar y formar criterio, más que condicionar conductas por medio de pautas musicales o visuales.
En Guanajuato iniciamos actividades a partir de la instalación del consejo local del IFE el día de ayer. Lo hacemos estrenando consejero presidente, ya que hace un mes se concretó el cambio de vocal ejecutivo, que algunos considerábamos necesario. Llegó como nuevo delegado el maestro Jaime Juárez Jasso, quien ya se había desempeñado como vocal de organización en los distritos de Pénjamo y San Francisco del Rincón. Aunque mexiquense, tiene raíces en esta tierra por su familia política, pues se casó con una francorrinconense. Es una buena cosa que conozca el terreno y las gentes, pues ya van dos delegados que llegan desconociendo los usos y costumbres de los melifluos guanajuatenses, y luego hacen papelones. JJJ es bien conocido por los vocales distritales y locales, y parece que comienza con el pie derecho. Sin duda, hubo alguna decisión del actual consejero presidente, que conocía la circunstancia por la que atravesaba la delegación, y buscó mejorar el ambiente organizacional del instituto en esta junta local. Qué bueno.
Los seis consejeros que actuamos hace tres años continuamos con la estafeta: Carmen Castro Mata, Guadalupe Rangel Armenta, Beatriz Solomon García, Armando Cabria Pérez, Arturo Lara Martínez y yo. De igual manera repiten los consejeros distritales, aunque se han dado algunas bajas entre ellos. Debo señalar que este será nuestro último proceso como consejeros.
Con 14 distritos y 3.2 millones de electores, Guanajuato es una de las entidades más complejas para la organización electoral en el país. El proceso que culminará el 5 de julio próximo será menos arduo que el de 2006, pues sólo se elegirán diputados federales -los ayuntamientos y los diputados locales se renovarán con el proceso estatal-, pero tenemos una legislación más compleja, con nuevas atribuciones y con el deseo de los contrincantes de hacerse de la mayoría parlamentaria, en espacial los azules y los tricolores. No será raro que volvamos a experimentar momentos de exaltación y violencia verbal, pues hay mucho en juego, particularmente el futuro de las iniciativas necesarias para la segunda parte del régimen del presidente de la República, cuando usualmente se generan las reformas más trascendentes. Habrá que cuidar que el vapuleado prestigio del IFE -azotado por los propios actores interesados- se redima y presente ante los ciudadanos un proceso más transparente y eficaz que nunca.

viernes, 17 de octubre de 2008

La UG y los estertores del cambio

La “colmena” está alborotada. Las convocatorias, casi simultáneas, para elegir a los directores de división y los de departamento de los cuatro campii de la Universidad de Guanajuato, están causando reacciones encontradas tanto de entusiasmo -sobre todo entre los que han apuntado en el proceso como de desazón y duda, en particular entre el personal de apoyo. La vieja institución se agita en una especie de estertor provocado por la reforma institucional, ajustada a los tiempos acelerados y perentorios que se fijaron en la ruta crítica de la nueva ley orgánica. Como todo movimiento, estas agitaciones tienen puntos benéficos y otros perjudiciales; entre los primeros podemos señalar la sacudida de viejos usos y esquemas de trabajo que condujeron a la centralización y la ineficacia corporativa. También señalaría la renovación generacional que es esperable de esta transformación. Los procesos de selección y concurso se han descentralizado y hay más actores involucrados que los que eran posibles en el viejo modelo de escuelas, facultades e institutos. Los liderazgos académicos naturales deberán aquilatarse y aprovecharse si se quiere transitar por la vía de la actualización funcional, y tengo esperanza de que en la ponderación pese más el proyecto que plantee cada candidato, que la “experiencia” del mismo, pues con frecuencia se confunde antigüedad con sapiencia.
Entre lo negativo señalaría que, como en todo proceso de competencia, siempre salen a relucir las mezquindades humanas en forma de descalificaciones gratuitas -como las que se escuchan en los pasillos y nunca de forma abierta-, los prejuicios sociales -de género, de edad, de nacionalidad, de ideología-, el interés egoísta de preservar espacios de poder, y la llana envidia personal. Esos factores inducen mucho “ruido” en estas renovaciones, y el verdadero riesgo es que los tomadores de decisiones les presten oídos. Todo psicólogo de las organizaciones sabe de estos fenómenos, que pesan tanto en las corporaciones sometidas al cambio.
Me preocupa que se haya decidido traslapar los procesos de selección divisionales y departamentales, pues ambos se pueden contaminar mutuamente o bien generar situaciones futuras de incompatibilidad entre autoridades unipersonales. En toda organización existen discordias personales. Bien puede suceder que un director de división tenga que trabajar con uno o varios directores de departamento que no comparten su visión y proyecto. Por ello opino que los divisionales, cuando están definidos, deben poder opinar sobre la elección de sus subalternos departamentales, pues de otra forma se prohijarían conflictos futuros. Otro efecto del mecanismo seleccionado es que los candidatos que se registraron para buscar conducir las divisiones, están imposibilitados, por el traslape de los tiempos, para optar por una dirección de departamento. Algunos de los que hoy son directores de unidad quedarán fuera del juego por esta razón. Afortunadamente el dispositivo actual es temporal, pues la ley orgánica prevé que sean los consejos divisionales -que aún no existen- los que propongan al rector de campus los candidatos a directores de departamento, propiciando así la intervención de los representantes de los docentes y los estudiantes de la división, así como el director de la misma.
Sesenta y tres autoridades unipersonales deben ser seleccionadas, antes de poder dar inicio a la integración de las autoridades colegiadas: los consejos de división, de campus y el general universitario, en los que intervendrán representantes electos por los profesores y los estudiantes, y en el caso del último consejo, un representante del personal administrativo. Con ello la reforma institucional culminaría, y podríamos así avanzar en la necesaria reforma académica orientada a responder mejor a los requerimientos educativos de las regiones y sectores sociales. El año próximo yo esperaría que estuviésemos discutiendo, al interior de cada campus regional, sobre mejores modelos de enseñanza, nuevas estrategias y temáticas de investigación, renovadas modalidades de extensionismo social y cultural, y sobre nuevos programas de licenciatura y posgrado que respondan mejor a las exigencias de un entorno postindustrial.
La universidad pública estatal se está expandiendo numérica y geográficamente. Hasta el momento ha logrado mantener la calidad certificada de la gran mayoría de sus actuales programas. Hace poco pude consultar el ranking de las cien mejores universidades mexicanas que publicó Camila Villegas en la revista Selecciones hace pocos meses (www.selecciones.com.mx/content/openContent.do?contentId=21665), donde se ubicó a la UG en el lugar 28, detrás de instituciones tan prestigiosas como la UNAM, el ITESM, el IPN, la UIA, la UAM, la UAG, el ITAM, la UANL, la UDLA, la lasallista, la UVM, la UdeG y otras pocas. Entre las universidades públicas estatales ocupó el lugar 11. Sin embargo hay otras mediciones, como las de la SEP, que la ubican entre las cinco mejores estatales del país. Estas evaluaciones se pueden mejorar con la acentuación de las medidas que se han aplicado desde que se obtuvo la autonomía en 1994: mejora en la planta profesoral, modernización de la infraestructura, evaluación externa permanente, estímulos a la productividad, incentivos a la competitividad, planeación de largo plazo, atención a la pertinencia social, internacionalización creciente, incremento de becas estudiantiles, fomento de la investigación vinculada a la docencia, y un dinámico programa de extensión artístico-cultural complementado con el extensionismo social y productivo. Rubros que habrá que recuperar en el Plan de Desarrollo Institucional 2011-2020.

viernes, 10 de octubre de 2008

UVEG: Ciencias sociales virtuales


Fui invitado por un despacho consultor, Earned Value, a participar en un grupo de enfoque dedicado a “identificar las necesidades que la educación superior deberá satisfacer en los próximos años, en materia de competencias profesionales que los egresados de las áreas de Ciencias Sociales y Humanidades, y de Artes deberán poseer para desempeñarse con éxito”. Los resultados del estudio servirán para que la Universidad Virtual del Estado de Guanajuato (UVEG) pueda definir sus estrategias de crecimiento y oferta en este campo del conocimiento. Una docena de estudiosos acudimos al centro universitario Vinculación con el Entorno (VEN) de la Universidad de Guanajuato, en Silao, para interactuar con el apoyo de la última tecnología para la toma de decisiones ejecutivas. Me pareció una experiencia muy interesante, pues es muy reconocible que una institución de enseñanza superior, antes de definir su oferta, pida el apoyo de expertos en esta área específica para planear su desarrollo futuro en la materia. Y es más importante por el hecho de que la UVEG se plantea como instancia incluyente de las porciones de la población que carecen de un acceso efectivo y práctico a la educación escolarizada.
Las ciencias sociales, las humanidades y las artes son ámbitos del conocimiento tradicionalmente considerados “marginales”, “subjetivos”, “adjetivos”, “teóricos”, “interpretativos” y, para colmo, prescindibles por intrascendentes. Prueba de ello es la escasez crónica de programas de educación superior referentes en Guanajuato. Si contrastamos la situación de nuestro estado en cuanto a formación de especialistas en estudios sociales, políticos, económicos y culturales, con la de vecinos como Jalisco, Michoacán, Querétaro, San Luis o Aguascalientes, podemos percibir fácilmente el enorme grado de rezago relativo. En esas entidades existen desde hace tiempo numerosos programas superiores y de posgrado que han permitido formar una masa crítica muy importante de académicos e investigadores que han acumulado un acervo destacado de conocimiento sobre las realidades de esas sociedades regionales. Con esa sapiencia, se facilita enormemente el diseño y la definición de estrategias de desarrollo social, así como de políticas públicas y privadas para garantizar la pertinencia de la acción de los gobiernos, las organizaciones de la sociedad civil, los partidos políticos e incluso de las empresas y el sector privado emprendedor.
Las ciencias sociales, las humanidades y las artes deben acompañar el desarrollo armónico de un pueblo. Sin ellas no se establece plenamente la conciencia de grupo, la identidad cultural y la solidaridad hacia los conjuntos vulnerables. La ignorancia siempre será mala consejera, y peor cuando acompaña la ejecución de acciones de gobierno o de intervención social, pues sin el conocimiento previo y objetivo de la situación prevaleciente, el ejecutante se arriesga al fracaso o a la intrascendencia de sus acciones. Ejemplos abundan, y no tengo espacio para detallar algunos que he testimoniado.
Mi casa de estudios, la Universidad de Guanajuato, tiene una larga tradición en el ámbito de las artes y las humanidades. Tradición por cierto en mucho debida al interés personal del gobernador José Aguilar y Maya, allá en los años cincuenta. Pero en las ciencias sociales apenas se cuenta con unos pocos programas recientes. Somos muy pocos todavía los profesores e investigadores realmente formados en este campo. Es por ello que debe ser muy bienvenida esta iniciativa de la UVEG, ya que contribuiría a acercar a la población interesada y demandante de conocimiento en estos campos, tan poco apreciados por el resto de las instituciones educativas de la entidad. Afortunadamente el cultivo del saber académico en materias sociales, culturales y artísticas no es demasiado oneroso: sólo demanda vocación, ganas de trabajar duro en el estudio, inquietudes intelectuales, habilidades para la comunicación oral y escrita, espíritu tan abierto a las diferencias como crítico hacia lo establecido. Las ciencias sociales son forjadoras de conciencia crítica, y por ende ayudan a fortalecer la propia materia de su estudio: los vínculos comunitarios.
La UVEG podrá cubrir un “nicho de mercado” -como dicen ahora los tecnócratas- que está poco atendido. Se abre un “área de oportunidad” -para seguir con la jerga yuppie- que puede ser una alternativa interesante para los jóvenes y no tan jóvenes que deseen hacerse de una formación intelectual que es muy demandante y plena de retos, pero también con grandes satisfacciones potenciales. Las ciencias sociales y la humanidades tienen aplicaciones prácticas en nuestra vida cotidiana de las que somos muy poco conscientes, ya que estamos acostumbrados a pensar sólo en función de las profesiones liberales –abogados, contadores, ingenieros, médicos, etcétera-, cuyos campos de trabajo están saturados. Nuestra comunidad requiere en cambio de expertos en el análisis prospectivo de problemáticas sociales que nos afectan profundamente el día de hoy: la violencia social y la delincuencia; la desintegración social y familiar; la crisis de valores éticos y culturales; los impactos de la modernización y la globalización; las causas y consecuencias de las migraciones internas e internacionales; la salud pública y las nuevas pandemias; los aprietos de la democracia liberal y la falta de legitimidad de los gobernantes; el impacto social sobre el medio ambiente natural; la gerontología y el abandono social de los viejos; los límites de la sociedad postindustrial, etcétera. Es mucha materia para el estudio, la reflexión y el diseño de estrategias, con fundamento en la metodología científico social y humanística. Pero somos muy pocos los formados profesionalmente en este campo. Con la UVEG, habrá mejores perspectivas al futuro, gracias a la virtualidad y las nuevas tecnologías de la información y la comunicación.

viernes, 3 de octubre de 2008

Enseñar a investigar

Los días de ayer y hoy se desarrolla el Coloquio “Enseñar a investigar en la complejidad contemporánea”, que impulsa la Universidad de Guanajuato en las instalaciones de su Facultad de Derecho. Se estará discutiendo sobre los problemas concretos con que se enfrenta el docente-investigador para formar o confirmar la vocación investigativa que de forma natural subyace en todos los estudiantes. Desgraciadamente, cuando los chicos llegan a la educación superior traen consigo arrastrando años de una enseñanza autoritaria, desmotivadora de la generación de conocimiento crítico e innovador. Somos herederos de una tradición escolástica y conductista que privilegia la memorización de conocimientos que son considerados “consagrados” por la tradición de la palabra publicada; es decir, que el promedio de nuestros docentes nunca se atrevería a sembrar en las mentes de sus alumnos la sombra de una crítica hacia la tradición académica -científica o no- que se eterniza en las aulas. A todos nosotros se nos impuso durante nuestra infancia y adolescencia la idea errada de que no hay nada nuevo bajo el sol y que no se puede cuestionar lo establecido por la costumbre y la rutina. Prueba de ello es que en las aulas mexicanas no se fomenta, sino que se evade, el debate abierto sobre temas que son considerados tabúes, o al menos poco apropiados, como el de la sexualidad humana, la religión, la política y muchos temas o personajes de la historia real de nuestro país. Al chico se le prepara para convertirse en un trabajador calificado, pero nunca crítico ni consciente de su realidad. De esta manera, la educación no se transforma en recurso para la liberación -a la manera como lo concebía Paulo Freire-, sino para la perpetuación de las relaciones de dominación social.
La investigación es una actitud y una práctica. Desde que nacemos, somos criaturas cuestionadoras y curiosas: todo lo queremos saber, todo lo queremos comprender. Y muchas de las preguntas inocentes de los niños ponen en aprietos a los adultos, ya deformados por los prejuicios y por los conocimientos considerados “válidos” y tradicionales. Con el tiempo, el niño abandona su curiosidad natural y se convierte en un ser conformista y reprimido. Devolverle a un joven estudiante esas facultades, tanto tiempo combatidas por un sistema alienante, es un reto que debemos confrontar con pocas herramientas los profesores-investigadores en el nivel superior. ¿Cómo lograr que se reviva el natural instinto cuestionador en los alumnos? Eso estaremos discutiendo en este evento universitario.
No es fácil enseñar a investigar a muchachos que tienen la impresión de que poco o nada pueden aportar al conocimiento científico y a la tecnología que el mismo genera. México es un país consumidor, y no generador de ciencia y técnica. El gobierno invierte poquísimo en estas actividades, y los empresarios prácticamente nada. Nuestro sistema productivo prefiere comprar el know-how antes que generarlo. Por ello, la educación se ha preocupado poco por formar capital humano proclive a la investigación y la construcción de ciencia. ¿Para qué, si todo marcha tan bien si aceptamos nuestro papel pasivo ante la innovación del conocimiento? ¿Para qué arriesgarse a crear profesionales inquisitivos, críticos y analíticos, que luego pueden dedicar sus aptitudes cuestionadoras hacia la censura del sistema imperante? Un pueblo ignorante y conformista es más cómodo de gobernar, más fácil de engañar, más sencillo de esquilmar.
El epistemólogo Gastón Bachelard identificaba como el principal “obstáculo epistemológico” para la generación de saber científico el llamado “conocimiento ordinario”, que se caracteriza precisamente por su tendencia conservadora y acrítica. La experiencia y los juicios que vamos construyendo a lo largo de la vida tienden a esclerotizarse y a establecerse como verdades inmóviles. Eso es lo peor que puede sucederle a nuestra capacidad de avance hacia nuevos y más válidos conocimientos, particularmente en la ciencia. Hay que evitar caer en ese conformismo. Y hay que hacerlo mediante el fomento de la mentalidad inquisitiva, cuestionadora y de curiosidad permanente que debe caracterizar a los sabios verdaderos. Eso es lo que hay que buscar con nuestros jóvenes estudiantes, antes de que terminen de caer en el inmovilismo intelectual. Yo le he apostado a una técnica sencilla: desde la clase primera “moverles el tapete” a los chicos con quienes he compartido los quince cursos que he impartido sobre metodología de la investigación. Lo hago aprovechando mi formación antropológica, que me permite cuestionarles muchos de los tabúes y prejuicios con los que la cultura “ordinaria” ha condicionado su conducta. Por ejemplo, les lanzo ideas inquietantes como que el tabú del incesto es un constructo cultural, inexistente en el estado de naturaleza; o que la religión es un recurso también cultural para ordenar conductas y justificar un orden establecido; o que mucho de nuestra conducta cotidiana está determinado por nuestra obsesión por el sexo; o que el matrimonio romántico es un invento de la sociedad capitalista; o que el ser humano no nace como tal, sino que se hace; o que… etcétera. ¡Se arman unos debates bien sabrosos! Cuando se les cuestiona sobre elementos de su vida diaria que son considerados imbatibles, inamovibles, los muchachos comienzan a dudar, y con la duda les nace la curiosidad, y con la curiosidad viene el deseo de aprender cosas nuevas, y con ello florece la actitud científica. Así puede vencerse la molicie y la flojera mentales con las que nos educaron nuestros viejos maestros para domesticar nuestro instinto más humano: preguntar, investigar, conocer. De ahí, el paso siguiente es mucho más fácil, el de aprender los métodos y técnicas con que las ciencias nos han provisto desde la revolución de Copérnico, de Galileo y de Gutenberg: la experimentación, la comparación, la verificación y la democratización del conocimiento. Y así la verdad en efecto nos hará libres.

viernes, 26 de septiembre de 2008

Candidatos divisionales


Dio inicio la fase intermedia de la reorganización académico-administrativa de la Universidad de Guanajuato con la convocatoria a seleccionar los titulares de las 13 Divisiones -número cabalístico- que conformarán los cuatro campus de esta institución. Una pléyade de 35 profesores se inscribió como aspirante. Ayer y hoy someten sus respectivos proyectos a las comunidades académicas pertinentes. Y como siempre: hay de todo, como en botica. Muchos de ellos, la mayoría, tienen un perfil académico consolidado y con conocimientos validados de la realidad institucional. Pero hay otros que no, y que lo evidencian en sus CV y en proyectos débiles y retóricos. Espero que los rectores y el colegio directivo sepan dilucidar esas diferencias, que yo, atrevido, juzgo evidentes.
Me arriesgaré a opinar públicamente sobre algunos de los que considero como los mejores prospectos a esos cargos, y lo hago desde la comodidad que me da mi calidad de profesor llano, sin mayores responsabilidades o compromisos personales o institucionales. Por supuesto, las divisiones que mejor conozco y que por lo mismo son sobre las que más me interesa opinar, son las de ciencias sociales y humanas. Y comienzo con las del campus Guanajuato. En la de Ciencias Sociales hay tres candidatos, todos ellos actuales directores de unidad. Algunos de muy reciente arribo a tal responsabilidad, por lo que me parece temprano juzgar sus capacidades de conducción. Los tres tienen doctorado, lo que es excelente. Pero confieso que se me vienen a la mente otros nombres de profesores, hoy sin cartera, que eventualmente hubiesen sido mejores cartas que los directores aspirantes. Pero la realidad es que todos aquéllos tuvieron razones personales de peso para no buscar su registro. Leyendo los proyectos de los tres, me parece que el que más me satisface es el del doctor Corona, aunque seguido de cerca por el de la doctora Cervera. El doctor Crawford, muy habituado a la esquematización, no da mucho lugar a percibir el sentido humanista y de pertinencia social que deben tener las propuestas, desde mi punto de vista.
También en Guanajuato, pero en la división de Derecho, Política y Gobierno, sin duda alguna me inclino por el perfil y ofertas del doctor Manuel Vidaurri Aréchiga, académico joven y talentoso que se ha destacado en todos los retos que ha enfrentado en su vida pública. Él garantiza la continuidad de los proyectos que desató el rector Guerrero, y tiene la energía y el buen sentido necesarios para un buen liderazgo. Dejaría la Procuraduría de los Derechos Humanos con más activos que pasivos en sus casi ocho años de desempeño, durante los que se confrontó con numerosas autoridades arbitrarias y atrabancadas, como algunas de las que todavía padecemos en el estado y en los municipios. Me congratulo de su decisión de regresar plenamente a la academia –que nunca abandonó, me consta-, y espero verle en esta nueva responsabilidad. ¡Hay que trabajar para arrancar pronto el Departamento de Estudios Políticos y de Gobierno, Manuel!
En León tampoco hay opciones: la división de Ciencias Sociales y Humanidades debería ser conducida por uno de los profesores más valiosos de nuestra área, el doctor Juan Russo Foresto. Se trata de un politólogo de origen Italo-argentino, con una trayectoria impresionante tanto en el ámbito latinoamericano como en el europeo. Es un líder académico que se ha especializado en el actualísimo tema de la calidad de la democracia. Lo conozco desde el 2004, cuando impartió una conferencia en Guanajuato -a invitación mía, me enorgullezco en decirlo-. Desde entonces soy un admirador suyo, y con el tiempo pude convencerlo de participar en un concurso de oposición para ocupar una de las dos plazas que abriríamos en León para arrancar la licenciatura en Sociología. La otra plaza la ganó Leonardo Valdés, el actual consejero presidente del IFE. Ambos eran investigadores consolidados, con nivel II en el Sistema Nacional de Investigadores. Sin duda nuestra universidad se enriqueció con ese par de contrataciones. Desgraciadamente no los supimos aprovechar, pues ambos debieron lidiar con un oscuro y nefasto personaje que pronto desbarató el espléndido equipo humano que habíamos logrado integrar para las ciencias sociales leonesas. En fin, dejo el anecdotario siniestro y reafirmo que no tengo duda de que Juan será un excelente director divisional, no sólo por su perfil y proyecto, sino por su calidad humana y su don de gentes.
En Celaya la división de Ciencias Sociales y Administrativas debería ser conducida por maestro y doctorante Ricardo Contreras Soto, un colega antropólogo que se ha destacado como el mejor estudioso de las diferentes manifestaciones de la cultura popular y cotidiana de sectores sociales como los migrantes, los indígenas, los jóvenes y las contraculturas, así como sobre la historia cultural de Celaya y su región. No conozco a nadie con tanta tinta en su pluma: es prolífico en sus publicaciones como pocos. Su proyecto me pareció bastante mejor que el de su rival, y mucho más académico. Ricardo no sólo es un experto en la investigación social y cultural, también ha aplicado los métodos de las disciplinas de la administración a muchos rubros de la vida productiva de Celaya y Guanajuato. Su enfoque ecléctico me ha sorprendido en muchas ocasiones con hallazgos insospechados a partir de centenares de entrevistas y trabajo de campo que realiza con sus numerosos discípulos. Es otro líder nato, por su personalidad y disciplina personal.
Esos son mis observaciones a los candidatos de mi área. Son mis momios, ni modo. Del resto no me atrevo a decir poca ni mucha cosa por desconocimiento, pero a todos les deseo lo mejor, por nuestro propio bien.

viernes, 19 de septiembre de 2008

Guerra sin esperanza

De inicio me declaro asombrado, azorado y en…corajinado por lo que sucedió este lunes 15 en la hermosa plaza Melchor Ocampo de Morelia. Pobre gente. Nunca creí ver sucesos así en mi patria. A fines de los años setenta viví en París, y recuerdo cómo era frecuente escuchar las historias del terrorismo de la ETA española, de los palestinos, o del ERI irlandés. En Francia estaban muy frescos los recuerdos de la guerra de Algeria, colonia que logró su liberación en buena medida apoyándose en el terrorismo. El miedo era una característica del ciudadano europeo común. Pero era impensable que una situación similar pudiese presentarse en México; al menos eso creía yo. Acá teníamos algunas guerrillas, secuestros políticos y baja criminalidad. En treinta años nuestro país cayó en un hoyo profundo de violencia social imparable, y ahora padecemos de los mismos problemas que aquejaron a Colombia en los ochenta. Nunca lo hubiera creído. Estoy pasmado y enojado.
Sobre el 15 de septiembre, confieso que nunca me ha gustado “dar el grito” entre las multitudes. Siempre he tenido una aversión innata hacia el gentío, donde el individuo es neutralizado por la enajenación colectiva del evento del que se trate. Por eso prefiero observar la festividad, acompañado de mi esposa e hijos, desde la lejanía de la azotea, o bien desde la comodidad del sofá ante la tele más grandota de la casa. Ya tuve mis buenos festejos callejeros en la juventud, y es tiempo de ser apaciguado. Me da mucho placer ver de lejos la romería y sin embargo sentirme parte de la misma. La emoción del grito siempre será la misma. Pero hoy veo con tristeza que muchos de mis paisanos no tendrán más remedio que imitarme, y recluirse en casa a partir de ahora. El terror a las multitudes va a ser la nota a partir de ahora, y con justa razón. La locura se ha apoderado de los malosos, y ya no se limitan a asesinar con saña a policías, a cómplices o a rivales: ahora van sobre la población, despedazándola con granadas de fragmentación.
El régimen del terror es la peor circunstancia en que puede vivir un pueblo. La historia nos ha dejado múltiples ejemplos. Los mexicanos tendremos miedo ahora de salir al mandado, pues capaz y se les ocurre a los maleantes masacrar a algunos parroquianos inocentes, para que “aprendan”. La guerra declarada por el Estado mexicano contra el crimen organizado está pasando una factura extrema: nunca se nos dijo que habría tantas bajas entre la población civil, o que perderíamos la confianza de andar por nuestras calles y plazas. Los más de tres mil muertos que arrastra esta guerra es una factura extremadamente cara, y da la impresión de que es el Estado, y no los mafiosos, el que la va perdiendo. Parece que se agitó un colmenar sin tener las protecciones para ello, y ya no sabemos cómo deshacernos de las avispas.
Estoy prácticamente seguro de que no se encontrará a los culpables del atentado de Morelia, mucho menos a los que lo concibieron, pues de seguro los perpetradores materiales fueron sólo esbirros a sueldo de los verdaderos asesinos. Los sistemas nacionales de inteligencia preventiva y de procuración de justicia, enanos ante los nuevos retos, se están viendo incapaces de adelantarse –el primero- y perseguir –el segundo- los golpes de los criminales de alto impacto. Y sumémosle la acción sospechosa de ciertos jueces que liberan a los pocos narcos consignados. Estamos cosechando décadas de abandono del sistema nacional de seguridad pública, y de ineficiencias e incluso corrupción de los administradores de justicia, y no será en un sexenio que se componga esta situación, por más buena voluntad que tengan los líderes no corruptos del país. Realmente estamos metidos en un brete.
Estamos en medio de una guerra que no se puede ganar. Las condiciones estructurales de la economía y la política internacionales promueven los intensos flujos de drogas y sustancias ilegales entre los países productores y los consumidores. Es la ley del libre mercado: cuando hay demanda, habrá oferta en la misma proporción. Y si el flujo se declara ilegal, entonces surgirán los proveedores clandestinos que acompañarán su acción con la violencia que se requiera, pues es mucho, muchísimo el dinero involucrado. Así no se puede hacer gran cosa. A la manera del niño holandés del cuento, quisimos tapar la fuga del bordo con nuestro dedo, y ya tenemos metido el brazo hasta el hombro y dentro de poco nos puede arrastrar la corriente de la inundación. La solución verdadera es hacer que el bordo sea innecesario. ¿A qué me refiero? A que deberíamos plantearnos con seriedad la necesidad de emprender acciones que socaven las raíces del comercio ilegal de estupefacientes, y para ello nada mejor que la legalización del comercio de esas sustancias. Es en serio. Otra solución sería mudarnos de región geográfica para ya no ser vecinos del mayor consumidor de narcóticos del mundo, y limitarnos así a controlar nuestro propio consumo. Esto es irreal evidentemente, pero no así la primera solución, que además debe plantearse a nivel global como un acuerdo entre naciones, para evitar que persistieran los “paraísos” regionales de la prohibición.
Hoy día el consumo de alcohol a nivel mundial es sólo un problema de salud individual y pública, pero no es una fuente de violencia y criminalidad; tampoco de corrupción. Y no lo es porque en la mayor parte del orbe su consumo es legal. El alcohol fue prohibido en los Estados Unidos entre 1919 y 1933 y los resultados fueron catastróficos. Con la legalización las mafias criminales debieron dedicarse a otras actividades, incluso a “blanquear” sus negocios. Algo similar podría suceder con la legalización de las drogas. Recordemos que hace menos de cien años eran legales en todo el mundo -Freud y muchos intelectuales eran heroinómanos o cocainómanos por ejemplo- y no causaban mayor problema. Fue a partir de las guerras mundiales cuando los ejércitos propagaron su uso y abuso. Luego los gobiernos prohibieron el consumo y distribución. Y ahora vivimos las consecuencias.

viernes, 12 de septiembre de 2008

Educación en crisis

Cuando en 1985 me involucré con la problemática educativa de nuestro estado, y por ende del país, ya se hablaba con insistencia de la necesidad de reformar a fondo todo el sector, pues para nadie era secreto que todos los índices de calidad apuntaban a una situación dramática que explicaba por qué nuestro país no avanzaba en los ámbitos social, económico y político. En los ochentas, con Jonguitud en el sindicato, con Reyes Heroles en la SEP, y con un sinfín de lastres de carácter político y burocrático, se percibía ya la magnitud del desastre educativo nacional. Para enfrentarlo se inventó la “Revolución Educativa” que resolvería el problema y legaría una educación de primera a las generaciones por venir. Al menos eso presumían los inefables documentos programáticos que le dieron cuerpo. No fue así: no hubo revolución ni tampoco evolución. Corrieron al talentoso pero chocho Reyes Heroles y lo siguió el gris Miguel González Avelar, quien tampoco dio pie con bola y el sexenio delamadridista se fue con más pena que gloria en este campo. Para colmo, le tocó lidiar con la movilización magisterial más virulenta de las últimas décadas, por lo que debió hacer más concesiones al poderoso sindicato.
La subcultura política nacional, producto de una educación autoritaria y anacrónica, se evidenció con el bochorno electoral de 1988, perpetrado por el hoy demócrata Manuel Bartlett, a quien se premió entonces con la regencia de la SEP, la secretaría con el presupuesto más abultado del país. A la sazón se habló de “Modernización educativa”, muy en tono con el sexenio modernizante salinista. Por cierto el nuevo presidente, bajito pero energético, dio un manotazo y se deshizo de Jonguitud, como lo había hecho antes con La Quina. Nuevos tiempos se anunciaban en el sindicalismo mexicano; al menos eso creímos. Pero Salinas impuso a un nuevo leviatán mongol, en la persona de una mujer que hoy es la más poderosa de México: la maestra Elba Esther. Sólo cambiaron los protagonistas, pero no los viejos géneros. Así pervivieron los viejos problemas y lo único que se modernizó fue la corrupción interna, con imaginativos métodos para la venta de plazas y otras componendas sindicales, que se aparejaron con la simulación docente, la crisis interna sindical –SNTE versus CNTE-, la incoherencia en las políticas oficiales y los recortes al gasto educativo. Cuatro secretarios de educación en el sexenio salinista ponen en evidencia el nulo aprecio por el sector; con un político en decadencia, dos economistas que aspiraban a otra cosa –Zedillo y Solana-, y sólo hasta el último año vimos un especialista en materia educativa: José Angel Pescador. Lo más destacable de este periodo fue la culminación de la federalización educativa, que implicó la entrega de recursos y responsabilidades educativas a los estados, que no siempre aceptaron de buen grado el nuevo broncón que se les delegaba.
Zedillo nombró a un medio-abogado y medio-economista que presumía un doctorado falaz: Fausto Alzati. Un guanajuateño que había conducido “por instrumentos” al Conacyt, donde aplicó medidas draconianas que sacaron a casi la mitad de los científicos del país del Sistema Nacional de Investigadores, por carecer de doctorado (!). Yo incluido, lo confieso. La comunidad científica nacional lo repudió por esta causa. No duró mucho en la SEP: pronto la revista Proceso puso en evidencia su inexistente grado, más a la maner a de la Universidad de la Plaza Santo Domingo, que de Harvard. Se fue a freír espárragos y a terminar su licenciatura a distancia en la UNAM. Le sucedió Miguel Limón, otro abogado que se había desempeñado de manera solvente en el Instituto Nacional Indigenista, donde lo conocí. Un profesional de la política y de la administración, pero no demasiado en la educación. El poder de la profesora Gordillo florecía, y al mismo tiempo se deterioraba la situación de escuelas y profesores. El gasto educativo real cayó como nunca antes. Los espacios fueron cubiertos por la educación privada y confesional, que disfrutaba ahora de nuevas canonjías por parte del Estado.
Vicente Fox, el presidente del cambio, no cambió nada importante en el ámbito educativo. Como gobernador de Guanajuato y como candidato, había vilipendiado al sindicato magisterial y a su lideresa. Todo cambió al llegar a la silla presidencial, silla con dos asientos, pues fue ocupada por la “pareja presidencial”. Pronto doña Martita de Fox y la profesora tejieron una alianza que no se debilitaría nunca. El ámbito político de la relación con el sindicato más grande de América Latina fue atendido por la pareja, y la operatividad cotidiana fue dejada en manos del nuevo secretario, el rústico exrector de la UANL, Reyes Tamez Guerra, quien condujo la política educativa concreta sin mayores interferencias de su jefe, pues como muchos recordamos Fox no delegaba, sino abandonaba. No hubo mucha congruencia, y sí muchas ocurrencias, como el proyecto Enciclomedia, que dio a ganar muchos millones a proveedores cercanos al gobierno.
En tiempos de Calderón no parece que se corrija el rumbo. La economista -¡y dale!- Josefina Vázquez Mota no ha introducido golpes de timón, y sí ha continuado con muchas inercias. Su equipo inmediato de tecnócratas es ajeno al ámbito educativo, y ha cedido posiciones ejecutivas al sindicato, entre ellas para el yerno de “la maestra”. A pesar de la proverbial antipatía entre ésta y la secretaria Vázquez, han tejido una “alianza” que se antoja artificial y efímera. Las bases magisteriales no la comparten. El problema es que la resolución de los rezagos transita siempre por la inyección de mayores recursos, y éstos no existen. El gasto educativo se destina en más de un 90% a salarios, cuando entre los países de la OCDE la proporción es de poco más de 50% -Jorge Zepeda dixit-, lo que nos pone ante un dilema: ¿gastar más en mejorar los niveles salariales de una clase docente poco motivada y escéptica, reacia a superarse? ¿O invertir en infraestructura y en un sistema de estímulos vinculados a la calidad y la productividad? El gobierno de Calderón presupuestó un 13% más para educación en 2009. ¿Hacia dónde se irán esos dineros?

viernes, 5 de septiembre de 2008

Los derechos de la diáspora

El día de ayer tuve la oportunidad de participar como sinodal en el examen doctoral del maestro Felipe de Jesús Reyes Romo, dentro del programa de doctorado en estudios del desarrollo de la Universidad Autónoma de Zacatecas. La interesante tesis se intitula “La noción de ciudadanía en las relaciones del Estado y los migrantes trasnacionales, una prospección teórico-empírica para el caso de México”. La dirigió el doctor Miguel Moctezuma, un reconocido estudioso de la migración internacional de nuestro país, en particular sobre el caso de los zacatecanos en los Estados Unidos, una de nuestras comunidades trasnacionales mejor organizadas y de más involucramiento en los procesos de desarrollo regional en su estado natal.
La tesis de marras hace un espléndido análisis sobre la evolución de las posiciones oficiales del gobierno mexicano hacia los paisanos que se han visto en la necesidad –rara vez en la voluntad- de emigrar hacia el país del norte en busca de trabajo y de una posibilidad de mejorar su circunstancia de vida en sus lugares de origen. Alrededor de doce millones de mexicanos se encuentran chambeando duro y sobreviviendo lo mejor que pueden en los espacios laborales que los anglos, los asiáticos e incluso los negros –parafraseando a Fox, autor prolífico de frases célebres- no quieren atender. El ahora doctor Felipe Reyes recorre un siglo y medio de historia de la diáspora mexicana, desde que alrededor de cien mil paisanos se quedaron varados en los territorios que fueron arrancados a México luego de la guerra de 1846-1848, hasta los más recientes acontecimientos que han afectado los patrones y condiciones de la imparable emigración de alrededor de medio millón de mexicanos, que cada año cruzan la frontera de forma legal o ilegal para buscar una oportunidad de empleo en la economía más grande del mundo.
Felipe Reyes se concentra en las variaciones de las nociones de ciudadanía y nacionalidad, que se han evidenciado latentes en el marco jurídico mexicano que ha regido de manera directa o indirecta para discernir el estatuto legal que conservan los mexicanos que abandonan de manera prolongada o permanente el territorio nacional. Históricamente, el marco legal de nuestro país se ha ajustado a los criterios clásicos greco-latinos que anudaban la noción de ciudadanía con la del territorio. Es decir, que para conservar los derechos y las obligaciones del ciudadano ordinario, hay necesidad de mantener residencia regular en el espacio geográfico donde se asienta el Estado. Recordemos que desde esa noción éste último se conforma por la tríada Gobierno-Sociedad-Territorio. Por otra parte, encontramos el concepto de nacionalidad, que está vinculado al lugar donde uno nace (jus solis), o bien a la herencia (jus sanguini) de nuestros padres. Tradicionalmente en México se han vinculado ambos elementos: si renuncias a uno, debías renunciar al otro.
Las fuerzas de la globalización, aunadas a la democratización política de nuestro país, han conducido en las últimas dos décadas a la necesidad de modernizar estos principios legales. Los estados modernos son cada vez más extraterritoriales y trasnacionales. Además, la diáspora mexicana ha ido cobrando una inmensa importancia para el mantenimiento de la estabilidad económica, política y social de nuestro país. Los millones de paisanos, a través de sus líderes, han sabido presionar a los actores políticos nacionales para que, incluso a regañadientes, acepten la necesidad de reconocer la ciudadanía extraterritorial. Los partidos políticos y el gobierno mexicano han ido cediendo y reconociendo que las diásporas de la gran mayoría de los países expulsores han sabido conquistar espacios de representación o de influencia en las decisiones que afectan a sus comunidades de origen. México no podía ser ajeno a esta tendencia mundial. Desde que en 1990 el gobierno de Ernesto Zedillo estableció la primera oficina gubernamental para atender las necesidades de las comunidades de mexicanos en el exterior, nuestro gobierno ha ido ampliando los vínculos y los espacios de participación de esos conjuntos de emigrantes. Tanto, que en 1997 se reformó la constitución mexicana y se aprobó la Ley de No Pérdida de la Nacionalidad Mexicana, con lo que se separó de forma definitiva las dos nociones descritas antes. Decenas de miles de mexicanos han podido optar por la ciudadanía norteamericana, sin perder la nacionalidad mexicana. ¿Dos lealtades? Tal vez, pero es un reconocimiento a que las comunidades migrantes son ya trasnacionales, es decir que un enorme volumen de mexicanos expatriados y México-americanos conservan y fortalecen lazos de vida comunitaria que trascienden fronteras; más aún en un mundo achicado por las nuevas tecnologías de la información y la comunicación.
El “trasnacionalismo desde abajo” que describe y analiza la tesis referenciada, ha sido un hecho imposible de ignorar por el sistema político mexicano, que ha debido iniciar un “trasnacionalismo desde arriba” para corresponder y alinearse con el anterior. De esta manera en 2003 se creó el Instituto de los Mexicanos en el Exterior, cuyo consejo está integrado por cien líderes paisanos, así como por algunos académicos y expertos. Luego, en 2005 se concretaron las disposiciones legales que hicieron posible una de las demandas más sentidas de los paisanos: el voto desde el exterior. Una medida que se implementó una década después de la reforma constitucional que desanudó la obligatoriedad de emitir el voto ciudadano desde la circunscripción territorial del elector. Desgraciadamente en la elección presidencial del 2 de julio de 2006 sólo votaron 32,621 migrantes, cuando las estimaciones optimistas nos habían anunciado a dos millones de potenciales votantes. Sin duda fue un “fracaso” en términos económicos y simbólicos, pero se abrió así una ventana de participación que sin duda se ampliará en el futuro político del país. Hoy, los estados de Zacatecas y Michoacán, y próximamente el DF, posibilitan el voto de los emigrados en sus elecciones locales. Y me pregunto: ¿cuándo debatiremos en Guanajuato sobre este asunto?

viernes, 29 de agosto de 2008

Centenarios


Los aniversarios que se avecinan, el del arranque de la rebelión de independencia en 1810 y el del inicio de la revolución social de 1910, están causando no pocas reacciones y debates que obligan a ejercitar una reflexión conjunta sobre el asunto. Por eso me decidí a compartir algunas convicciones desde mi visión como antropólogo y guanajuateño. Primero: es evidente que es importante fomentar y reforzar la memoria histórica sobre los dos momentos más trascendentes de nuestro devenir como nación, en especial en estos tiempos durante los que se ha debilitado sensiblemente el conocimiento de nuestros jóvenes acerca de sus raíces. Segundo: sin duda el estado de Guanajuato debe procurar y sostener un claro protagonismo nacional en este asunto. Tercero: las conmemoraciones deben ser compartidas por amplias capas sociales, que son las únicas que deben verse beneficiadas, y por lo mismo hay que evitar que la ocasión se convierta en oportunidad para que unos pocos hagan su agosto. Cuarto: los escenarios privilegiados de la gesta insurgente inicial de 1810-1812 fueron las villas y pueblos del Bajío, incluyendo a Michoacán y Querétaro; pero dentro de esos espacios destacaron la villa de Dolores, la de San Miguel el Grande, la ciudad de Guanajuato, la de Celaya y el pueblo de Acámbaro.
La identidad cultural es el mortero que unifica a una nación soberana, o que aspira a serlo. México ha padecido históricamente fuertes crisis de identidad, que nos han conducido irremediablemente a trances sociales muy complejos, incluso a guerras intestinas o a invasiones extranjeras. El nacionalismo mexicano fue una entelequia durante demasiado tiempo, hasta que la fundación de la Secretaría de Educación Pública en 1921, y la emergencia de un modelo de desarrollo nacionalista en los años treinta, permitieron consolidar un vigoroso sentido de pertenencia que nos dio fama internacional, ya que se evidenció con fuerza en nuestras artes y en nuestra cultura. Desgraciadamente, la globalización y el neoliberalismo de los años noventa cambiaron el escenario, y hoy día los jóvenes con menos de 30 años carecen de los valores identitarios que nos dieron prestigio. Un chavo de hoy se identifica mucho más con los “valores” de la sociedad anglosajona, incluso con los de la cultura japonesa, que con los de la mexicanidad. Si no me creen, charlen con sus hijos adolescentes sobre historia…
El valor de los festejos que se avecinan debe observarse desde la perspectiva de esta crisis de identidad que padecemos. Es una espléndida oportunidad de rehacer el vigor de la nacionalidad mexicana, para que pueda plantarse con pie seguro ante los embates de la globalización sin perderse en esa vorágine. Si recordamos un poco, Porfirio Díaz comprendió bien el valor simbólico del centenario, y emprendió fastuosos festejos que colocaron a México en la atención internacional, aunque no pudieron evitar el estallido social con que se despidió el año del huateque. Décadas después, cuando se desató la crisis social producto de los sismos de 1985 y la debacle económica, el gobierno federal optó por lanzar una magna campaña en torno de los símbolos patrios y los aniversarios 175 y 75 de los inicios de la independencia y la revolución. Fue una medida inteligente, ya que permitió restablecer en cierto grado la confianza del ciudadano común hacia su país, aún cuando ya se la hubiese perdido a su gobierno autoritario. Cientos de miles de mexicanos testimoniamos el recorrido de los símbolos patrios –la bandera, la constitución de 1917 y la campana de Dolores-, y nos sentimos confortados hasta cierto punto.
Vale la pena entonces emprender un festejo con la magnitud necesaria para reforzar nuestra identidad como pueblo que comparte historia y camino. Pero hay que hacerlo bien, sin evidenciar precisamente los problemas de falta de identidad que estamos señalando. Me explico: los Estados Unidos de Norteamérica celebraron su bicentenario en 1976 con toda la majestuosidad y el exhibicionismo a los que ese pueblo está acostumbrado. Muy al estilo hollywoodense, pleno de oropel y falsedad. Los que hayan tenido la oportunidad de visitar los sitios históricos de ese país, como Filadelfia o Boston, estarán de acuerdo conmigo en que esa experiencia se parece mucho a dar un paseo por Disneylandia, con sus coloridos palacios escenográficos de yeso y cartón. Los vecinos del norte han reconstruido los pocos sitios históricos que poseen con artificialidad y mal gusto. Me parece que ahora los mexicanos queremos imitarlos. El megaproyecto de la Expo Bicentenario me suena a ese intento. Es absurdo pretender replicar los sitios históricos de Dolores Hidalgo, Guanajuato y San Miguel en maquetas y pabellones turísticos, que además se ubicarán a poca distancia de los sitios originales. ¿Para qué malgastar el dineral que se ha anunciado, en obras de oropel? ¿De veras se considera que la memoria histórica y la identidad se refuerzan con museografías y carpas de artificio? Si tenemos al mero tablado de la independencia en la añosa Dolores y en las tres entidades consideradas patrimonio cultural de la humanidad –Guanajuato, San Miguel y Atotonilco-, a no más de 100 ó 200 kilómetros de urbes como León o Querétaro, ¿qué no será mejor invertir esos dineros en el reforzamiento de la infraestructura cultural, histórica, hotelera y de servicios para soportar una gran conmemoración en las propias calles de esas ciudades? ¿Por qué se pensó en los lomeríos de Silao y no en los llanos de Dolores-San Miguel?
Sin duda algo huele mal en Dinamarca…

viernes, 22 de agosto de 2008

Seguimos adelante…

Ya lo saben, desde el miércoles pasado fui excluido por el pleno del Consejo Universitario de la UG como candidato a Rector del campus Irapuato-Salamanca. De 106 consejeros, sólo 31 consideraron que mi oferta era plausible. A éstos les manifiesto mi agradecimiento sincero. Para el resto debí haber evidenciado demasiadas limitaciones en mi proyecto o en mi persona, y no me otorgaron su voto. En fin, así son todas competencias: muchas veces no nos conducen al resultado que deseamos, pero lo que importa es participar en ellas.
Envío una felicitación cordial a mi buen amigo y colega René Jaime Rivas, quien sí supo aglutinar las voluntades de los consejeros. Estoy seguro de que sabrá realizar una excelente gestión durante los cuatro años que se avecinan. Es un hombre bueno, con gran capacidad y don de gentes, lo que le hace un líder natural. Yo me uniré a sus esfuerzos desde la posición académica que ocupo en el Departamento de Estudios Multidisciplinarios-Campus Sur, que formará parte del nuevo Campus Irapuato-Salamanca. Habrá que trabajar duro para que la nueva instancia universitaria cumpla las expectativas que está despertando en los municipios donde tenemos o tendremos presencia; las sociedades locales demandan servicios educativos de alto nivel pero accesibles para todos, y nuestra universidad tiene las capacidades para hacerlo.
Cambio de tema, y ahora les comento a los pacientes lectores que en nuestro departamento universitario, ubicado en Yuriria, recibimos el día de ayer la visita de una delegación de México-americanos provenientes de Chicago, quienes acudieron por invitación de la Fundación Comunitaria del Bajío y su directora general Adriana Cortés Jiménez, para que conocieran –o reconocieran-- la región centro-sur de Guanajuato. Se trató de ocho líderes sociales o académicos, algunos con vínculos personales con el sur de Guanajuato. La Fundación tiene interés en despegar un programa de desarrollo autogestivo en algunas comunidades de Irapuato, de Dolores Hidalgo y del eje Yuriria-Moroleón-Uriangato a partir del próximo año. Se trabajará con familias de migrantes tanto en sus localidades de origen como en las de destino, y también se involucrará a activistas y académicos de Pennsylvania, aprovechando el nexo que tenemos Adriana y un servidor con los doctores Laura González y Víctor García, de la Indiana University of Pennsylvania, estudiosos que han trabajado por muchos años sobre la problemática de los migrantes guanajuatenses en diversas regiones de los Estados Unidos.
La Fundación Comunitaria del Bajío busca promover un acercamiento vigoroso entre las organizaciones civiles de paisanos en el vecino país, para que participen y apoyen proyectos concretos de creación de oportunidades productivas en las comunidades del centro-sur guanajuatense. Adriana Cortés es una experta en found-rising y en diseño de estrategias de desarrollo local, y nos ha convocado para que la Universidad de Guanajuato, en concreto su Campus Sur, se involucre en un proceso de largo plazo mediante la participación activa de los profesores y estudiantes de nuestras licenciaturas en Gestión Empresarial y en Enseñanza del Inglés, quienes plantearían los proyectos específicos de desarrollo comunitario a ser fondeados por las organizaciones México-americanas. Por supuesto, se busca involucrar a los gobiernos estatal y municipales, por lo que se sostuvieron encuentros con el secretario de Desarrollo Social estatal Juan Carlos López, y con los alcaldes de Irapuato Mario Turrent, y de Yuriria Gerardo Gaviña, quienes se avinieron a participar incluso con fondos públicos, apoyándose sobre todo en programas federales y estatales como el “tres por uno”. Por nuestra parte, aunque la universidad no puede comprometer financiamientos, sí podemos ofrecer el esfuerzo de estudiantes y profesores, los primeros mediante el servicio social universitario, y los últimos con el planteamiento de proyectos de investigación a ser fondeados por el Concyteg o el Conacyt. A los académicos, mexicanos y México-americanos, nos tocará generar los conocimientos pertinentes sobre el fenómeno migratorio, así como detectar las posibles vías para facilitar el desarrollo comunitario.
Compartimos el día con líderes sociales como Oscar Chacón, director ejecutivo de la National Alliance of Latin American and Caribbean Communities; Luis Gutiérrez y Juan Francisco Orozco, directores ejecutivo y de desarrollo de Latinos Progresando; María Pesqueira, presidenta de Mujeres Latinas en Acción; Robert Ramos, director ejecutivo del Chicago Youth Boxing Club; y Silvia Rivera, administradora de Radio Arte 90.5 FM. Junto con ellos acudieron los académicos Sylvia Puente, del Institute for Latino Studies de la University of Notre Dame, y el antropólogo y buen amigo mío Víctor Ortiz, director del Latino and Latin American Studies de la Northeastern Illinois University. Les expusimos nuestro incipiente proyecto de incubación de empresas, en el que se han involucrado varios de nuestros estudiantes de Gestión Empresarial. Ellos serán nuestra cabeza de playa para intervenir en las comunidades con los programas de la Fundación.
Por cierto, la Fundación Comunitaria del Bajío es presidida por dos irapuatenses distinguidos: Armando Sandoval Pierres y Juan Miguel Alcántara, dos expolíticos de signo contrario, pero unidos por su compromiso social y calidad humana. Pero sin duda el alma de esta organización de la sociedad civil ha sido Adriana, desde su establecimiento en 1997. Con su red FODICOM (Fortalecimiento al Desarrollo Integral de Comunidades de Emigrantes) la FCB ha podido ayudar a 39 comunidades con altos índices de migración. Ahora, desde el sur, podremos añadir algunas más en los próximos cinco años, horizonte temporal que nos hemos dado para ver florecer los proyectos específicos que buscaremos impulsar entre familias de migrantes de Yuriria, Moroleón y Uriangato. Si logramos el éxito en esta alianza entre sociedad civil, empresarios, gobierno y academia, podríamos marcar una línea de acción digna de imitarse. Ya te mantendremos al tanto, resignado lector.

viernes, 15 de agosto de 2008

Campus Irapuato-Salamanca

Desde el viernes pasado el Consejo Universitario de la Universidad de Guanajuato tuvo a bien considerarme candidato formal a la Rectoría del nuevo campus regional Irapuato-Salamanca. Como profesor del Departamento de Estudios Multidisciplinarios ("Campus Sur") que sirve a Yuriria, Moroleón y Uriangato, soy parte de la comunidad de 336 trabajadores que sostendremos la vida académica del nuevo campus. Y he trabajado arduamente para integrar un proyecto de desarrollo que puede ser consultado en la página electrónica de la UG, donde también aparece mi CV resumido y en extenso.

Durante esta semana pudimos difundir nuestras propuestas y debatirlas con la comunidad universitaria. Pude así presentarme ante los profesores, estudiantes y personal de apoyo del Instituto de Ciencias Agrícolas y la Facultad de Enfermería y Obstetricia, ambas en Irapuato; la Facultad de Ingeniería Mecánica, Eléctrica y Electrónica en Salamanca, y ante mi propia comunidad en Yuriria. Mi percepción fue que mi proyecto y mi trayectoria fueron bien evaluadas, y que pude trasmitir lo fundamental de mis inquietudes y convicciones acerca de esta nueva modalidad organizativa que nos estamos dando en la universidad más importante de la entidad. Quiero aprovechar ahora este espacio que cultivo semanalmente en el correo desde hace más de cinco años, para compartir con mis lectores aunque sea una parte de mis propuestas.

El campus regional e interdisciplinario Irapuato-Salamanca debe volcarse hacia la atención prioritaria de la región centro-sur de nuestro estado, conformada por 13 municipios. Me refiero al corredor industrial, agrícola y comercial que conforman los municipios de Irapuato, Salamanca, Pueblo Nuevo, Valle de Santiago y Jaral del Progreso; unido al consolidado complejo textil y comercial de Moroleón, Uriangato, Yuriria y Santiago Maravatío; así como al dinámico desarrollo agroindustrial y pecuario de Abasolo, Pénjamo, Cuerámaro y Huanímaro. Todos ellos demandan que la universidad pública estudie y defina alternativas para el soporte y atención de las necesidades de capital humano que exige este complejo diferenciado de impulsos regionales y municipales.

Primero que nada necesitamos crecer institucionalmente, pero para ello hay que incrementar la matrícula y en paralelo los recursos humanos y materiales. Pero hay que hacerlo bien, más que rápido. Necesitamos mejorar, pero tener claro en qué ámbitos y con qué recursos; necesitamos ser socialmente pertinentes, pero con definición en las estrategias concretas para apoyar el desarrollo social; necesitamos preservar lo bueno y desechar lo pernicioso, pero también saber cuál es cuál. En fin, que necesitamos renovarnos profundamente y culminar el paso hacia la universidad regionalizada y flexible que todos deseamos. Con esa visión, creo que será fácil ponernos de acuerdo en las estrategias básicas. El esquema de los campus, las divisiones y los departamentos ayudará enormemente a concretar los ejes transversales que hoy no existen; la complementariedad e interdisciplinariedad que sólo vemos hoy en el papel, y la cercanía universitaria a las realidades regionales, que demanda nuestra sociedad.

Los 23 programas que ofrecen las cuatro unidades -16 licenciaturas, 6 maestrías y un doctorado- tienen acreditación externa en su mayoría. No existe un problema de calidad en la oferta y su sustento, pero es conveniente mantener una política de evaluación permanente y atención a las recomendaciones de los evaluadores. Sin embargo el reto del crecimiento pondrá en tensión las capacidades de atención con calidad a los nuevos programas y a los nuevos estudiantes. El proyecto de desarrollo contempla establecer estrategias participativas que involucren a todos los miembros del campus en el despliegue de acciones simultáneas en el ámbito de la calidad -superación académica, actualización curricular, internacionalización, desarrollo de capacidades y habilidades técnicas con enfoque humanístico, etcétera- así como en la cobertura -nuevos programas con pertinencia social, ampliación de matrícula en áreas de alta demanda, apertura de nuevos departamentos y divisiones, etcétera-, de tal manera que en los cuatro años de la nueva administración se pueda lubricar el tránsito hacia un auténtico modelo departamental y regional desplegado en tres nuevos campus, que planteo de esta manera: el Campus Irapuato -a construirse en El Copal o La Garrida-, con una división en Ciencias de la Salud y otra de Ciencias Ambientales, Agropecuarias y de la Alimentación; y eventualmente inaugurar programas en ciencias económico-administrativas y en ciencias sociales. El Campus Salamanca, con una división de ingenierías y Ciencias de la energía, otra en disciplinas económico-administrativas, y una más en artes y humanidades. Y finalmente el Campus Sur que atendería el eje urbano de Moroleón, Yuriria y Uriangato, con una división multidisciplinaria con departamentos en ingeniería, en lingüística aplicada, en disciplinas económico-empresariales, en diseño textil y en humanidades.

Se trata de atender con presteza y pertinencia a las necesidades de una de las regiones más dinámicas de Guanajuato, con 1.3 millones de habitantes y 163 mil jóvenes en edad de cursar licenciatura. Hoy sólo damos cobijo a 1,875 estudiantes. El reto numérico implica doblar esa cantidad en cuatro años, y hacerlo sin sacrificar la calidad y el prestigio del que hoy goza nuestra universidad.

Reitero que el proyecto en detalle está a la consideración del lector en la página institucional www.ugto.mx , pero con gusto responderé a cualquier cuestionamiento dirigido a mi correo electrónico personal. También agradeceré sus manifestaciones de apoyo al domicilio que se ha abierto para consultar a la comunidad: seleccion2008@quijote.ugto.mx

viernes, 8 de agosto de 2008

Ciencia Política latinoamericana

La Asociación Latinoamericana de Ciencia Política (Alacip), culminó ayer su IV Congreso Internacional en las instalaciones de la Universidad de Costa Rica en San José, la capital del país centroamericano. Fue una reunión de alrededor de 300 académicos y analistas políticos que debatieron durante tres días sobre el gran tema que convocó al congreso de este año: "¿Gobernanza sin desarrollo? Repensando el bienestar en América Latina". Tal vez por la cercanía geográfica, en esta ocasión predominamos los mexicanos; tanto que incluso un autobús lleno de estudiantes de Ciencia Política de Chetumal, se dejó venir para acudir a esta cita singular. Nos unimos a docenas de colegas de otros lares para presentar textos sesudos sobre las muy diversas circunstancias que atraviesan las realidades políticas, las conflictividades sociales y la cultura ciudadana en los países del subcontinente latinoamericano.

Fue una oportunidad excepcional para enterarse del estado de la cuestión en lo referente a la evolución de los debates politológicos sobre 25 países de la América continental y del Caribe, ibéricos casi todos pero también de habla inglesa y francesa; todos ellos unidos por las realidades cruentas del desarrollo en ciernes y las desigualdades profundas entre sus componentes sociales. Conflicto, competencia, debate ideológico, lucha entre élites y movimientos sociales, y por supuesto elecciones y democracia, son los grandes hitos que ocupan los análisis de estos especialistas, que se pretenden objetivos y regidos por el método de las ciencias políticas. Pero el gran tema, la "gobernanza", centró los principales debates. Los politólogos contemporáneos, sobre todo los europeos, distinguen gobernabilidad de gobernanza, y conciben el primer concepto como limitado a lo político-institucional y mecanicista. Un Estado busca la gobernabilidad cuando se limita a mantener el control sobre los factores básicos que facilitan la paz social y el mantenimiento del orden, incluyendo las medidas coercitivas. En cambio la gobernanza se refiere a la integración de "los procesos político-sociales y asociativos, cada vez más comunes en el nuevo contexto mundial, incluyendo las acciones de nuevos actores políticos y sociales estratégicos". Los estados entran en competencia con la sociedad civil, y desprecian el potencial de la movilización, tal como acaba de ocurrir en Argentina con el movimiento de los agricultores, que han derrotado al gobierno.

Los congresos académicos son una espléndida oportunidad de actualizarse, pero también de vincularse con redes y grupos de trabajo sobre temáticas comunes. Pude conocer cofrades universitarios de Argentina, Colombia, Brasil, Chile, Perú, España y no sé qué otros pagos más. Es conveniente mencionar que asistieron analistas latinoamericanos y "latinoamericanistas". Estos últimos son expertos fuereños a la región, que laboran en universidades de los Estados Unidos –el principal semillero de latinoamericanistas--, la Gran Bretaña –el segundo--, España, Holanda, Francia, Alemania, Rusia y otros países, incluso algunos asiáticos. América Latina es la "clase media" mundial, y como tal llama mucho la atención de los especialistas de otros países, no todos ellos metropolitanos. El boom de asociaciones de latinoamericanistas fue explicado en una mesa estelar moderada por Klaus Bodemer, y donde participaron Manuel Alcántara –fundador de Alacip--, Timothy Power y Jonathan Hartlyn, dedicada a analizar el estado de la ciencia política latinoamericanista en Europa y Estados Unidos. Es claro que el interés sobre la región se mantendrá entre las prioridades de las ciencias sociales de los países desarrollados.

En lo personal, presenté una ponencia sobre el PAN en Guanajuato, sus orígenes y su conversión en una nueva fuerza hegemónica regional; sin querer aproveché el momento coyuntural de interés que ha despertado la intención de Germán Martínez de "guanajuatizar" México. Todos nos preguntamos qué quiere decir ésto, y dediqué la última parte de mi exposición a tratar de tejer una respuesta coherente: reproducir la estrategia de cooptación indiscriminada, renunciando a compromisos ideológicos históricos, y la opción por el pragmatismo descarnado de la derecha extrema. Puede ser una visión parcial la mía, pero eso es lo que se alcanza a vislumbrar de entre la confusión identitaria por la que atraviesan todos los partidos políticos en México.

También acudí al encuentro en mi calidad de secretario general de la Sociedad Mexicana de Estudios Electorales, la Somee, para anunciar nuestros dos eventos por venir: el XX Congreso Nacional de Estudios Electorales, a realizarse en Morelia del 12 al 14 de noviembre próximos, y el III Internacional, que desarrollaremos en conjunto con la Universidad de Salamanca, España, en sus instalaciones en esa ciudad europea, del 28 al 30 de octubre de 2009. Nos acompañó el doctor Manuel Alcántara, vicerrector de esa universidad, quien anunció la participación de otras instituciones españolas y europeas en la financiación del encuentro. El IFE también colaborará con nosotros en ambos eventos.

Los interesados pueden consultar las convocatorias respectivas en nuestra página: www.somee.org.mx

viernes, 1 de agosto de 2008

Historia antigua de Guanajuato

Este miércoles tuve el gusto de participar en la presentación de un libro del maestro José Luis Lara Valdés, etnohistoriador de la Universidad de Guanajuato, ante la comunidad del campus Sur en la ciudad de Yuriria. El texto publicado bajo el sello de la misma casa de estudios, en su colección Historia General de Guanajuato, se denomina "Historia Antigua de Guanajuato: Disertaciones", y en él se aglutinan tres lustros de trabajo ininterrumpido de este especialista, que ha dedicado sus afanes a compendiar, a mejorar y a dar sentido al disperso conocimiento existente acerca de las sociedades llamadas prehispánicas en lo que hoy es el territorio del estado de Guanajuato. Buena parte de sus afanes, José Luis los ha canalizado en la integración de grupos de trabajo sobre este tema entre profesores del nivel medio superior y superior de la Universidad de Guanajuato. En ese sentido, se ha convertido en el heredero y continuador de la vocación principiada por nuestro maestro, Alfredo Pérez-Bolde, quien nos inició a muchos en el estudio sistemático de las culturas mesoamericanas. José Luis ha retomado la estafeta, pero le ha dado un sesgo afortunado hacia el examen historiográfico de los conjuntos nativos de la región guanajuatense, territorio que dentro de la tradición de la ortodoxia antropológica es identificada como zona de frontera entre las áreas culturales de Mesoamérica y Aridoamérica, linde oscilante y dependiente del comportamiento de las variables climático-ecológicas.


El inquieto y prolífico José Luis se ha dedicado a estudiar y a enseñar lo que todavía llamamos, por comodidad, "Historia antigua de Guanajuato". Sin ser arqueólogo, se ha aficionado al lenguaje altamente técnico de los excavadores del pasado lejano y ha acompañado a la breve comunidad arqueológica que labora o ha laborado sobre los indicios materiales que, para nuestra sorpresa, abundan en estos suelos tan transitados. Con sus estudios en paralelo, José Luis se ha transformado en un etnohistoriador bastante solvente, que concurre con otros especialistas de las ciencias sociales en el escrutinio de lo que el antropólogo Eric Wolf -quien por cierto también discurrió sobre El Bajío hace medio siglo- llamó "la historia de los pueblos sin historia".

Al igual que el concepto "México", lo que hoy denominamos "Guanajuato" es una realidad imaginaria que hemos construido histórica y políticamente desde nuestra visión contemporánea de sociedad mestiza que busca definir una identidad, y encuentra pocos referentes comunes en el pasado. Varios especialistas han discutido con pertinencia el asunto de la construcción de la nación en México, como lo hizo Octavio Paz, David Brading, Enrique Florescano, Ricardo Pérez Montfort y otros. El concepto "México" fue inventado en función de un sistema ideológico de dominación colonial, y posteriormente de un sistema de dominación criollo. La idea de México, la ciudad de los aztecas y capital del virreinato, se vertió sobre el resto del territorio y dio pie al nacimiento del esquema simbólico identitario que sustentó lo que los jesuitas en el siglo XVIII y los insurgentes del siglo XIX denominaron "México", el país, el referente de un nuevo nacionalismo. El concepto "Guanajuato" evolucionó de forma muy similar, aunque sin tanta contundencia como el epíteto nacional. El nombre del real de minas que engarzó el desarrollo regional durante los siglos coloniales, se convirtió en la denominación de la nueva intendencia de Guanajuato en 1786. No hubo mayores referentes culturales, sólo necesidades administrativas y políticas. Su ulterior reconocimiento como estado federado, o bien como departamento, siguió la misma lógica.

El libro del maestro Lara tiene dos valores intrínsecos: el de generar conocimiento científico que nos ayuda a sofisticar nuestra visión del pasado regional, y el de llamar la atención de la comunidad más amplia sobre la urgencia de atender y cuidar de los depósitos aún sobrevivientes de vestigios materiales de las culturas pretéritas. Nuestra sociedad mercantilista ve el hallazgo de sitios arqueológicos como nuevas oportunidades para la atracción de turismo y su explotación económica. Nuestros zafios gobernantes no son la excepción, y celebran alegres cuando una nueva "ruina" es abierta al público depredador. En poco tiempo tendremos conciertos de cantantes famosos en Cañada de la Virgen, y shows esotéricos equinocciales en El Monolito de Victoria o en Plazuelas. Pero mejor no les demos ideas.

El libro recorre la literatura y la creciente tradición científica sobre esta difícil materia y la expone sin mayores concesiones. El resultado es un excelente recuento crítico de la labor de múltiples especialistas, historiadores, viajeros y diletantes, desde el siglo XVI hasta la actualidad, que entre todos ayudan a dibujar el inconcluso y fragmentario panorama de nuestro conocimiento sobre las realidades históricas y culturales previas a la colonización española. El pasado lejano es un rompecabezas del que restan pocas piezas, y muy maltratadas, que además ha sido tergiversado por interpretaciones subjetivas. Por ello, a lo que nos convoca José Luis es a ejercitar la hermenéutica histórica, ya que debemos interpretar los documentos -tomados éstos en el más amplio sentido del término- y las evidencias con que contamos, es decir los registros líticos, cerámicos, escultóricos, arquitectónicos y de paisaje ecológico-cultural. La "construcción de la historia" que anuncia el autor será un terreno fangoso, carente de certidumbres, y por lo mismo imposible de ser completado o incluso clarificado con suficiencia.

Hoy, que en la ciudad de Guanajuato es día de la Cueva de San Ignacio, vale la pena recordar que precisamente en esa zona de la Bufa se han encontrado herramientas líticas y otros vestigios de ocupación humana pretérita. Así nos lo da a conocer el profesor Lara en su libro, y qué mejor oportunidad para reflexionar sobre nuestro pasado más lejano. Si le interesa el texto adquiéralo pronto, porque el tiro de la edición fue incomprensiblemente breve.

viernes, 25 de julio de 2008

Las reformas inevitables

La reforma electoral estatal aparenta sufrir un nuevo retraso, ahora provocado por una estrategia de dar largas a su aprobación a nivel de los ayuntamientos. Esto es de lamentarse, porque hay que ponderar que fue un logro no menor de la sociedad civil el que se haya podido sensibilizar al Congreso del Estado, y en particular a su mayoría parlamentaria, sobre la necesidad de recuperar en algo el liderazgo político perdido por nuestra entidad en materia de confiabilidad en sus procesos y autoridades electorales. La iniciativa consensuada y aprobada el 29 de mayo pasado recuperó algunas de las propuestas que emitimos varios ciudadanos, integrantes algunos del Instituto Guanajuatense de Estudios y Ciencias Políticas (IGECIP). No se atendieron todas las propuestas, evidentemente, pero fue un importante paso en la dirección correcta.

No me cabe duda de que en el golpe de timón oficial con relación a la participación del Ejecutivo en la nominación de consejeros y magistrados electorales, tuvo mucha influencia la charla que nos compartió el maestro José Woldenberg el 13 de mayo pasado, donde, a respuesta de un cuestionamiento del público y la prensa, emitió la opinión de que dicha injerencia no era positiva en un momento donde el resto del país la ha superado. Fue significativo que a los pocos días el gobernador manifestara públicamente su acuerdo en que el Legislativo incluyese este punto en su iniciativa de reforma. Los proponentes ciudadanos nos sentimos de plácemes, aunque lamentando que sólo se haya considerado uno de los puntos de nuestra batería de propuestas discutidas ante la comisión electoral.

Este avance parcial es significativo porque debe entenderse que la reforma electoral es un proceso permanente; nunca un expediente cerrado. Es incorrecto plantear que ciertas reformas pueden considerarse "definitivas", como sucedió en 1996 con las trascendentales modificaciones al Cofipe. Siempre habrá algo que es conveniente modificar, pues las condiciones de la competencia y las expectativas sociales cambian aceleradamente en un país cuya transición política parece no tener fin. Hay que armarse de paciencia, y seguir manifestando ante los legisladores la exigencia ciudadana del perfeccionamiento del marco normativo, siempre por encima de los intereses partidistas. En el ámbito federal, estamos atestiguando un cambio trascendental: el de la prohibición de las campañas en los principales medios electrónicos de comunicación –radio y TV—financiadas con dineros públicos o privados. Así se separan del proceso los intereses de los poderes fácticos, y posiblemente se aliente una auténtica comunicación política que haga posible el debate y la información objetiva sobre candidatos, plataformas y proyectos de gobierno o de representación. Esta modalidad se aplica ya en Brasil, Chile, España, Francia, Gran Bretaña, Australia y Canadá.

En ese sentido debemos prepararnos en lo local a enfrentar en conjunto con el IFE los retos tecnológicos y de fiscalización que implican estas nuevas reglas.

Hace dos contribuciones narré mis impresiones sobre el primer foro de diálogo y colaboración entre autoridades electorales a que convocó el IFE los días 7 y 8 pasados. En su intervención como panelista, Leonardo Valdés nos informó que en el proceso electoral federal de 2006 los partidos políticos se gastaron casi dos millones de pesos en contratar publicidad en radio y televisión. Y ese es el dato oficial reportado por los partidos. El dato real sólo podemos adivinarlo --¿será el doble, el triple?--. Esa cifra escandalosa correspondió a casi la mitad (47.6%) del financiamiento público que recibieron. ¿Cuántas escuelas, carreteras u hospitales podríamos construir con esa millonada?

La reforma obliga ahora a que los partidos ejerzan su propaganda en los tiempos oficiales de los medios. El IFE será la única autoridad competente para administrarlos, incluso por sobre los órganos electorales locales, ya que las telecomunicaciones son materia federal. Nos explicó Leonardo: "Desde el inicio de las precampañas y hasta el día de la jornada electoral, quedan a disposición del IFE 48 minutos diarios, que son distribuidos en dos y hasta tres minutos por cada hora de transmisión, en cada estación de radio y televisión. En las precampañas los partidos políticos disponen en conjunto de un minuto por cada hora de transmisión. En las campañas electorales los partidos pueden disponer del 85 por ciento de los 48 minutos referidos anteriormente. Fuera de precampañas y campañas electorales, el IFE dispone del 12 por ciento del tiempo del estado, del cual el 50 por ciento corresponde a los partidos políticos y 50 por ciento a las autoridades electorales. Y aquí hay que enfatizarlo, no sólo al IFE sino también a los institutos estatales electorales y a otras autoridades electorales como el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación y la Fiscalía Especializada en Delitos Electorales. Para el caso de las entidades federativas, el IFE administra los tiempos que corresponden al estado en radio y televisión, en las estaciones y canales con cobertura en la entidad respectiva. […] De este modo los tiempos de acceso a radio y televisión son los siguientes: para elecciones federales, durante las precampañas, existen 18 minutos para los partidos políticos y 30 minutos para las autoridades electorales. Durante las campañas hay 41 minutos para los partidos políticos y siete minutos para las autoridades electorales. Durante las elecciones locales, cuando éstas son coincidentes, en campañas locales tenemos 15 minutos para partidos políticos y este tiempo forma parte de los 41 minutos reservados, para los partidos políticos en las campañas federales."

El esquema será acompañado de un sofisticado sistema nacional de monitoreo, que se estrenará apenas en esta ocasión, en el que se invirtieron más de 800 millones de pesos. Este monto nos hizo dudar a muchos sobre los pretendidos ahorros. Pero es una inversión necesaria para darle viabilidad a la reforma, y el gasto fuerte es el inicial; en las elecciones subsecuentes se solventará este recurso de fiscalización.