viernes, 30 de mayo de 2008

Reforma concreta

Finalmente, la reforma institucional de la Universidad de Guanajuato ha sido aprobada por el Consejo Universitario. Se culminó así un acelerado y a veces accidentado proceso de debate y análisis interno, no exento de problemas e incluso de exabruptos verbales entre los miembros de la comunidad. Como en cualquier empresa humana, se defendieron posiciones de poder, así como intereses de grupo, a veces con éxito y otras no tanto. Varios directivos actuales de las unidades, por ejemplo, no mostraron demasiado entusiasmo en soltar las cuerdas del control de sus nichos tradicionales, buscaron que los cambios no alterasen la distribución institucional que hoy les beneficia, e incluso pretendieron que sólo se diera un cambio nominal, de puras etiquetas de las instancias. Otros más comprendieron bien el momento histórico y aceptaron transformaciones que les afectan en lo inmediato, pero que benefician a las comunidades académicas en su desarrollo futuro.
Hubo debates acalorados tanto por vía electrónica como en los pasillos y espacios de la institución. En mi área, por ejemplo, llamó la atención la pretensión de la rancia Facultad de Derecho de constituirse en una división, a contrapelo de otras facultades incluso más pobladas que aquélla, como la de química, la de arquitectura, la de contabilidad, etcétera, que sencillamente se transforman en uno o varios departamentos, bajo divisiones con una clara intención integradora –“Ciencias naturales y exactas”, por ejemplo, en lugar de una “División de Ciencias Químicas” . La facultad de derecho ni siquiera reunía los requisitos formales para conformar la tal división. Eso despertó una gran polémica, en la que participé junto con varios colegas. Al final la argumentación racional y pragmática imperó, y se aceptó que la dinámica particular y la proyección futura de una de las facultades con más tradición en la universidad, con más de 180 años de historia, demandaba un trato especial que evitara colocarle cinchos a su desarrollo. La propia normatividad permite este tipo de excepcionalidades. Podremos estar o no de acuerdo con la decisión final, pero lo destacable es que se dio la polémica y que se expusieron argumentos de forma respetuosa pero decidida. En suma, en este proceso mejoramos nuestras capacidades argumentativas, sin desbordamientos. Civilización pura.
Los espacios académicos que se verán más beneficiados por el nuevo organigrama serán los foráneos. La nueva organización busca combatir el centralismo, y les dará a los cuatro campus la autonomía mínima que les permita adecuar sus respuestas a las demandas de las regiones que atienden. En la práctica estamos observando el nacimiento de al menos tres nuevas universidades: la UG en León, la UG en Irapuato-Salamanca, y la UG en Celaya. Pronto, así lo espero, veremos el nacimiento de UG en el Sur, y eventualmente de la UG en el Norte. Todo a la manera como han surgido las versiones regionales de la Universidad de California, de la Universidad de Texas, de la Universidad de París, etcétera, en diferentes puntos clave de la geografía de esos territorios.
Se da inicio ahora a lo que seguramente será el proceso más dificultoso: el del nombramiento de las nuevas autoridades unipersonales y colegiadas. Se trata nuevamente de la asignación de posiciones de poder, y es inevitable que se despierten las ambiciones personales o de grupo. Las instituciones deben aprender a trabajar con las veleidades de la naturaleza humana de sus componentes individuales. No me sorprendería presenciar arrebatingas, descalificaciones, agandalles, rivalidades y descontones. Las patadas debajo de la mesa y los codazos por encima de la misma podrían evidenciarse como recursos favorecidos para lograr nominaciones. Ya lo vivimos en la universidad en sus procesos de selección de rector el año pasado, así como en 2003 y en 1999. Los candidatos y precandidatos no suelen ser amables con los rivales; antes al contrario. Los mexicanos en general no hemos aprendido a renovar nuestras autoridades y representantes sin acudir a las estrategias más ruines, como las vistas en las elecciones federales y locales del 2006.
Lo que más me entusiasma de estos cambios es que el elefante finalmente se mueve. Una universidad que prácticamente no había cambiado en su modalidad organizacional interna –excepto por el simple cambio numérico del crecimiento desde su nacimiento en 1946, se ha decidido a explorar un terreno desconocido y escabroso, pero que puede llevar al despegue de sus capacidades hoy trabadas por el viejo esquema. Es preferible arriesgarse a los resbalones y descalabros de recorrer una nueva vía, que resignarse a la cómoda estabilidad de lo bien conocido. La apuesta vale la pena.
Ojalá que el doctor Arturo Lara sepa conducir el proceso con talento y altura de miras, como hasta ahora lo ha hecho. Muchos de sus cercanos buscarán beneficiarse, así como los naturales oportunistas que se lanzarán al ruedo en busca de posiciones, sueldos y poder. Tanto el rector general como la junta directiva deben ser muy cuidadosos para no verse afectados o determinados por los inevitables abusadores. Las nuevas autoridades deberán ser, antes que nada, académicos auténticos –no burócratas disfrazados de académicos para los cuales las posiciones administrativas sean más un sacrificio personal generoso, que un proyecto de vida en sí. Yo opinaría que se les debe exigir –como criterio la posesión de un doctorado, el conocimiento probado de la institución, el haber dedicado la mayor parte de su vida a la academia y el poseer reconocimientos externos. Hay que buscar conformar una nueva clase administrativa, con más compromiso con lo académico que con lo político-coyuntural. En fin, la mía es una opinión más.

viernes, 23 de mayo de 2008

Día del estudiante

La manía de designar días específicos del año para conmemorar eventos, personajes o temáticas sociales ha poblado el calendario de incontables motivos de conmemoración, cada vez más sofisticados. Tenemos así el “día de la tierra”, “el día del combate a la homofobia”, “el día contra la violencia intrafamiliar”, “el día de la familia”, “el día del transportista”, y un larguísimo etcétera. Sin embargo, dentro de estas jornadas evocativas destaca, por su antigüedad y significación para los que nos dedicamos a la educación, el muy célebre “día del estudiante”.
En ciudades netamente universitarias, como Guanajuato capital, el suceso tiene una trascendencia especial ya que la ciudad está poblada por entre 8 y 10 mil chicos que cursan educación superior, a los que para ese día se unen los estudiantes que se “descuelgan” para desde León, Irapuato, Salamanca, Celaya y otros rumbos. La algarabía puebla las calles, plazas y callejones, además de los eventos –conciertos sobre todo- que organiza la asociación de mesas directivas de sociedades de alumnos de la Universidad de Guanajuato. Son casi cincuenta sociedades de alumnos, lo que da idea de la dimensión. Inclusive algunos de nuestros 106 estudiantes que pueblan el Campus Sur en Yuriria se organizaron para poder acudir al festejo este año, aunque sin mucha suerte.
Desgraciadamente la celebración se realiza sin mayor conciencia por parte de los chicos de las razones que determinaron la fecha –o fechas en que se desarrolla. He recibido versiones de lo más confusas y erróneas: que porque el “padre Pollo” así lo impuso; que porque se ensalza la primavera; que porque debe suceder al día del maestro; que porque corresponde al spring brake gringo... Nada más lejos de la realidad, y creo que vale la pena aprovechar para recordar el verdadero leitmotiv del asunto.
Primero hay que aclarar que el día del estudiante se conmemora en México el 23 de mayo. Pero como en ese año cayó en un viernes –día adverso porque todos los chavos alzan el vuelo hacia sus lugares de origen , se adelantó para el miércoles, a la mitad de la semana, cuando todavía queda un día y medio de clases, lo que ayuda mucho a no llegar a casa con resabios de cruda física y moral. En realidad, el 21 se celebra el día del estudiante politécnico y el 17 el día del estudiante técnico.
En otros países varían la data y el motivo: en Argentina se celebra desde 1902 el 21 de septiembre, al arranque de la primavera austral y en recuerdo del educador Domingo Sarmiento. En Venezuela se realiza el 21 de noviembre, en recuerdo del levantamiento estudiantil de 1957 en contra de la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez. En Panamá se celebra el 27 de octubre, desde 1948, por razones que desconozco. Existe también el Día Internacional del Estudiante, decretado por la ONU en 1941 en conmemoración del asesinato a manos de soldados Nazis de nueve estudiantes en Praga, el 17 de Noviembre de 1939.
La Federación de Estudiantes de Guadalajara, es decir los célebres y derechosos “Tecos”, conmemoran el 23 de octubre como día del estudiante “autonomista” en recuerdo de su movimiento opositor de 1933 al establecimiento de la educación socialista callista. De su movilización “en contra del comunismo” nacería la Universidad Autónoma de Guadalajara un par de años después.
La iglesia católica por su parte, promueve la adoración de la figura del santo adolescente italiano Domingo Savio, estudiante de San Juan Bosco, quien murió en 1857 ejemplificando las virtudes beatíficas del alumno dócil y consagrado al estudio. Muchos estudiantes católicos lo han adoptado como su santo patrono, particularmente en periodo de exámenes.
El realizar el día del estudiante universitario el 23 de mayo en México, se deriva de la conmemoración de la represión que sufrieron varias docenas de estudiantes de la escuela de Medicina de la Universidad Nacional de México el 23 de mayo de 1929, en la Plaza de Santo Domingo ¡vaya coincidencia simbólica con el santo católico! , que se manifestaban a favor de la libertad de cátedra y la autonomía universitaria. Un movimiento conservador que buscaba preservar a la universidad pública libre de las presiones y chantajes de los gobiernos post revolucionarios, que quisieron imponer a la fuerza la ideologización de la educación superior. Octavio Rodríguez Araujo, destacado académico de la Universidad Nacional, explica muy bien el alcance de ese movimiento:
“La autonomía de la UNAM […] no fue una graciosa concesión de las autoridades gubernamentales. Fue una lucha, de estudiantes y profesores en México, una conquista resultado de la petición estudiantil del 23 de mayo de 1929, petición precedida de movimientos y huelgas, por parte de los estudiantes, y de represión por parte del gobierno. Esta lucha fue contra la intromisión del gobierno en la vida universitaria y en la orientación de sus planes de estudio, intromisión que inhibía el pensamiento libre y, por lo mismo, la libertad de cátedra en una lógica de pluralidad y universalidad de corrientes de pensamiento. Era, para decirlo en términos de ahora, la lucha contra el pensamiento único y oficial de quienes detentaban el poder. Por eso, precisamente, la lucha por la autonomía comprendía principalmente un binomio indisoluble: autogobierno de los universitarios y libertad de cátedra (y de investigación).”

viernes, 16 de mayo de 2008

Un colegio para Guanajuato

En algunos círculos gubernamentales y académicos me he enterado de la intención del gobierno de la entidad de impulsar el establecimiento de un centro de altos estudios e investigaciones sociales para Guanajuato. El rumor, de ser cierto, me parece una noticia extraordinaria y de enorme pertinencia para nuestra región. Dicho centro respondería al mismo modelo de los actuales centros públicos de investigación del CONACyT en ciencias sociales, como son El Colegio de México (ColMex), el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), El Colegio de la Frontera Norte (El Colef), El Centro GEO, el Ecosur, el Instituto Mora, el Colegio de San Luis (ColSan), El Colegio de Michoacán (ColMich) y el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS). Tengo el gusto de ser egresado de estos dos últimos, donde realicé mi maestría y mi doctorado. También pude realizar una estancia sabática en El Colef, en Tijuana. Por ello me siento deudor de este paradigma de alta calidad académica en el campo social, que en los 30 años de su existencia –si exceptuamos al más longevo, El Colmex-, les ha permitido aportar un enorme volumen de productos de investigación que han enriquecido enormemente nuestro conocimiento acerca de gran variedad de aspectos relevantes de las sociedades regionales mexicanas, así como la dimensión nacional.
Quiero compartir algunas convicciones personales sobre la posibilidad de integrar un centro de altos estudios sociales para Guanajuato. Parto de aseverar que nuestra entidad, con su gobierno y sus instituciones educativas, se han visto lentas en la emisión de una iniciativa de este tipo, aunque por supuesto en el pasado hubo algunas tentativas. En nuestro país, durante décadas, la atención de los especialistas y los organismos de investigación social se concentró en los grandes problemas nacionales, abordados particularmente desde la perspectiva central. El estado post revolucionario con su proyecto de construcción de una identidad mexicana homogénea, negó o ignoró la importancia de lo regional y lo local. Hubo de esperar hasta fines de los años sesenta para que algunos estudiosos reivindicaran la importancia de abordar la heterogeneidad del país, como una mejor vía para su comprensión analítica. Uno de ellos fue don Luis González y González, el historiador michoacano discípulo de don Daniel Cosío Villegas, fundador de El Colmex , quien a partir de su libro más célebre, Pueblo en Vilo, llamó la atención de los estudiosos hacia la indagación de lo local a partir de la microhistoria. Reivindicó la historia matria en su contraste con la historia patria. Pero no paró ahí: a su iniciativa en 1979 se fundaría El Colegio de Michoacán en la ciudad de Zamora. Sobra decir que le llovieron las críticas a don Luis, por su necedad en establecer un centro de altos estudios en un villorrio provinciano donde entonces ni siquiera existía una universidad. Era una aventura temeraria, que le apostó al hambre de conocimiento de las regiones y su potencial como espacio para la academia y la ciencia social.
Cuando ingresé al ColMich en 1983, como parte de su tercera generación estudiantil de maestría, lo hice con la duda de que el proyecto pudiese perdurar en el tiempo. El colegio tenía una veintena de profesores, todos foráneos, y una cuarentena de estudiantes, también foráneos, de tres maestrías. El trabajo se desarrollaba en tres casas antiguas, rentadas en pleno centro de Zamora. Pero ya se sentía el intenso clima académico y de investigación del colegio, que pronto acumuló un importante volumen de publicaciones científicas acerca del Bajío zamorano y el resto de las regiones michoacanas. Yo hice mi tesis sobre los vínculos de la migración internacional con la agricultura y el agrarismo en el valle de Zacapu. Ganó un premio del INAH y fue publicada en 1991. Desde entonces me enamoré del modelo de los colegios de altos estudios sociales.
En Guanajuato, en León concretamente, don Wigberto Jiménez Moreno intentó replicar la experiencia y fundó El Colegio del Bajío en 1981. Desgraciadamente don Wigberto murió antes de poder consolidar el proyecto y su sucesora, doña Guadalupe Rivera Marín, fracasó en su intento de rescatarlo. Su vinculación política con Cuauhtémoc Cárdenas en 1988 provocó la reacción del gobierno de Corrales Ayala, que determinó el exterminio del ColBaj al año siguiente. A pesar de ello, el legado de publicaciones del colegio sigue siendo hasta hoy un referente obligado para los que nos dedicamos al estudio de la dinámica social, económica, cultural y política de Guanajuato y de León.
Otros intentos tuvieron mejor suerte, como sucedió con Jorge Bustamante y El Colef, o con Tomás Calvillo y El ColSan. Otros casos también destacables son El Colegio de Jalisco, que promovió desde 1982 el escritor Alfonso de Alba y desde 1991 el historiador José María Muriá. El Colegio de Puebla, que ha padecido los vaivenes de la veleidosa política local. El Colegio de Sonora, que goza de un amplio apoyo del gobierno estatal. O bien los recientemente fundados El Colegio de Tlaxcala y El Colegio de Veracruz, también sometidos a los caprichos de los gobernantes estatales.
El común denominador de estos colegios ha sido el compromiso con la investigación social de alta calidad y de fuerte pertinencia. Todas estas instituciones tienen una vinculación estrecha con las problemáticas regionales y locales, y se han convertido en interlocutores calificados de los gobiernos y de las organizaciones civiles. Casi todos tienen interacción con organismos internacionales, y concursan por la consecución de recursos para financiar la investigación de alto nivel, siempre costosa. En Guanajuato requerimos de una instancia con estas características, que se avoque al estudio riguroso de las grandes problemáticas que atravesamos como sociedad: crisis agrícola, migración internacional, industrialización desordenada, crecimiento urbano caótico, marginación y pobreza crónicas, desajustes culturales y étnicos en las sociedades regionales, violencia social y crimen organizado, desconocimiento de la historia local, ausencia de evaluación de los programas públicos de intervención social… y así podríamos construir una enorme lista de cuestiones potenciales que demandan su investigación y comprensión científica.

viernes, 9 de mayo de 2008

Tortícolis de los analistas

Por: Enrique Montalvo (INAH, Yucatán)

Estimado Luis Miguel:

Tu artículo, "Tortícolis de la izquierda" resulta muy interesante, ya que resume una tendencia o un modo de reflexionar sobre la realidad mexicana, tendencia que al parecer ha ido ganando terreno en algunos sectores.

Antes de iniciar quisiera hacer público que respeto como amigo e investigador, la línea que ha caracterizado a tu trabajo académico, por el esfuerzo para mantener rigor y profundidad, además de que eres alguien comprometido con tu tarea de intelectual, y es por eso que me sorprendió el tono de tu ensayo.

Me parece que sin darte cuenta, y por supuesto sin pretender constituirte en un apoyador de la derecha en el gobierno, en tu artículo abonas en favor de esta corriente.

Veamos el caso: el presidente, quien juró defender y hacer defender la Constitución envía una serie de iniciativas que violentan la Carta Magna del país. Iniciativas que podrían tener una gravísima consecuencia para el futuro de varias generaciones, consecuencias tal vez más graves que las que está teniendo la aprobación del IPAB-FOBAPROA, y que además de ser aprobadas, introducirían al país en un terreno de vulnerabilidad y conflicto con otros países, al otorgarles derechos a poderosas empresas multinacionales que no se caracterizan precisamente por su interés en la justicia y el respeto a los derechos humanos.

Empresas que conspiran y han conspirado contra muchos países para hacer prevalecer sus utilidades.

Ante este intento de violar la Constitución (con todas las consecuencias que esto tendría), un grupo de diputados toma la tribuna del Congreso. Las consecuencias son, simplemente
1-que los legisladores se van a reunir a otro sitio, y claro.

2- que se obtiene una resonancia nacional, se evidencia el plan de aprobar al vapor una ley que tendría que discutirse detalladamente por sus consecuencias. Eso es todo.

Lo que me sorprende es el modo en que estructuras tu razonamiento. Ante el intento de violar la Constitución, de entregar jugosas utilidades a través de contratos a un grupo de cómplices (entre los cuales está el secretario de gobernación por cierto), no dices nada.

Pero eso sí, te declaras "mortificado", calificas la toma de la tribuna como un acto de adolescentes, aludes al mesianismo" de AMLO y abogas por "un ¡parlamentarismo respetuoso!" que no se logra porque sus defensores están "amordazados por sus oponentes internos, los telúricos habitantes de la sinrazón autoritaria.

" Pero por favor, la historia de los últimos 7 y medio años de alternancia ha sido la de la falta de respeto al parlamento.

Yo te preguntaría si no adoleces precisamente de una tortícolis que te impide ver hacia los desmanes presidenciales, la desmesura y el abuso de poder de querer hacer prevalecer intereses particulares, por encima de la Constitución, pero eso sí, miras con extremo legalismo un acto, que como traté de mostrar líneas arriba no se aproxima en lo más mínimo a la gravedad e ilegalidad del proyecto presidencial, además de que era la única forma de evitar que se arropara con el manto parlamentario, la ilegalidad, como te recuerdo, se hizo al final del foxismo con la ley de Comunicación.

Como bien señaló Delgado "De no haber sido por las acciones, ciertamente escandalosas, como la toma de las tribunas, pero sobre todo por la movilización de muchos miles de mexicanos, que sin coacción van al Zócalo, usted, muchos mexicanos y yo estaríamos quejándonos --a toro pasado-- de que, otra vez, se consumó una acción que beneficia a un sector, como la convalidación del Fobaproa."

Lo que me sorprendió fue tu respuesta: "¿no funcionan así todos los parlamentos del mundo?" Y es aquí a donde quiero llegar, percibo una ingenuidad (la caracterización no la hago yo, 2 veces la has hecho, de ti mismo, en este debate) gigantesca, y una tortícolis grave, pues si admites que "el asunto de la reforma energética está "precocinado", y que las fuerzas de la mayoría hoy desplazada tenían acuerdos tejidos de antemano.

Eso no puede ponerse en duda." Yo diría, ¿en qué quedamos? Y finalmente respondes a Delgado que "partimos de preconceptos diferentes para juzgar la misma situación." Y ese es el centro del tema, ¿cuáles son esos preconceptos que te permiten ignorar y disculpar la ilegalidad y arbitrariedad del poder, y exaltar, magnificar y condenar la del que resiste como único recurso?

A la tortícolis que se ha venido filtrando en el medio académico, habría que agregaría una especie de conformismo cómodo que se ha filtrado entre la intelectualidad, por el cual se afirma con cierto cinismo: "las cosas son como son, la democracia la imponen los más fuertes, así que no queda más que aceptarla sumisamente, hay que ser realistas".

Creo que los medios intelectuales se han visto de una u otra manera afectados e influidos por la propaganda neoliberal, así como por la del "peligro para México".

Ha penetrado de alguna u otra manera en la intelectualidad que ha mostrado no ser inmune a la misma.

En fin, estimado Luis Miguel, me parece fundamental que podamos debatir nuestras diferencias desde lo que se dice, pero también desde lo que no se dice, y ahí es donde enfoco mi reflexión.

En tu artículo simplemente no miras la estrategia y la ilegalidad trazadas desde el poder de la derecha y a partir de ahí te lanzas a una condena de la resistencia, lo que, estoy seguro que no es tu intención, te acerca a las posiciones de la derecha, o al menos a ser complaciente con ellas.

Recibe un fuerte abrazo y toda mi estimación y respeto

Tortícolis de la izquierda, II

Tuve la estupenda idea de circular mi anterior envío de este diario de campo en la poblada lista de discusión de la Sociedad Mexicana de Estudios Electorales, que tengo el honor de administrar. De inmediato algunos amigos y colegas reaccionaron con menor o mayor grado de escrúpulo sobre varios de mis asertos. Debo agradecer sus argumentos, que despiertan la sana polémica que debe caracterizar a los académicos especialistas en temas tan naturalmente debatibles como la dificultosa convivencia en una sociedad contrastada.
Aunque buscaré dar respuesta individual a cada uno de ellos por el mismo medio en que me hicieron llegar sus réplicas, tejo aquí un intento general de autodefinición en algunos de los puntos que se me señalaron. En primer lugar, reitero que siempre me he asumido de izquierda, y que considero que este epíteto refleja un compromiso activo con los marginados y oprimidos mediante los caminos del desarrollo social incluyente y autogestivo, acompañado del ejercicio de la tolerancia, la libertad de pensamiento y la reivindicación del ser humano como un ente superior a sus propios constructos ideológicos. Precisamente por este compromiso libertario, ser de izquierda representa una lucha permanente contra toda forma de autoritarismo y pensamiento hegemónico. Sencillamente me niego a rendirme ante los dogmas que buscan imponer los extremos de la derecha y de la izquierda. No reconozco la existencia de una verdad única, incuestionable, simplificadora, sobre cualquier tópico social o político. La hermenéutica social nos enseña que existen tantas posibilidades de lectura e interpretación de la realidad, como cabezas inteligentes existen en el mundo, y que el pensamiento uniforme es el recurso que buscan imponer los mesías e iluminados de cualquier signo.
Por lo mismo, no puedo aceptar estrategias parlamentarias basadas en el clamor, la balandronada, la amenaza o la violencia, arropados en la pretendida defensa de un “recurso estratégico”, de un “proyecto de nación” o de la “soberanía amenazada”. Por más que se quiera justificar la toma de las tribunas del congreso, el hecho objetivo es que se acudió a una maniobra extralegal y peligrosa, que plantea la posibilidad futura de que se convierta en un procedimiento estándar para otras fuerzas políticas. Sencillamente es estirar la liga de la política –ese arte que nos permite coexistir sin exterminarnos- hasta poco antes del punto del reventón. No hay justificación a evadir el diálogo y construir una posición de fuerza extra argumental, lo reafirmo.
El título de mi colaboración intentó resumir el sentido de mi reflexión: nuestra izquierda –todos los partidos incluidos en el cajón- está transitando por una tortícolis: una incapacidad de voltear la cabeza para ver al otro lado. Las posiciones de poder, los recursos económicos abundantes, la cerrazón ideológica y el odio, sí, el odio, están corrompiendo los afanes originarios del ser de izquierda. Las causas últimas se están desdibujando a favor de causas intermedias: ¿qué es más importante: la defensa de una constitución caduca, la preservación de un PEMEX estatizado, la protección de sindicatos deshonestos (SMTPRM, SME…), o la búsqueda de un desarrollo sostenible y compartido para todos los sectores de la población nacional, particularmente los más pobres? Se están poniendo los bueyes detrás de la carreta. Los dogmas ideológicos deben ser replanteados a la luz de las realidades sociales en permanente cambio, pues lo que era necesario y defendible en los años treinta, o en los setenta, es decadente y reaccionario en los años cero del siglo XXI.
Los colegas críticos me insinúan, o de plano me acusan de que soy gente de derecha. Lo rechazo no por temor al epíteto, pues las etiquetas son mudables y relativas a la circunstancia concreta en que se debata, sino porque me continúo comprometiendo con los fines solidaristas de largo plazo, no con las banderas coyunturales que sólo benefician a personajes concretos que manejan la agenda oculta de la movilización, y que hoy desgarran al último gran partido de izquierda. Me manifiesto a favor del debate civilizado entre los contrarios, sin presiones extra argumentales. El respeto, la tolerancia y la aceptación mutua no son graciosas dádivas entre los rivales, sino condiciones irrenunciables para el desarrollo democrático. La movilización social debe ser el último recurso, no el primero, y debe tener sustento en la imposibilidad de ejercer el debate en términos razonables, sobre todo ante el ejercicio del autoritarismo excluyente. Así, hasta una revolución encuentra su justificación histórica.