viernes, 29 de agosto de 2008

Centenarios


Los aniversarios que se avecinan, el del arranque de la rebelión de independencia en 1810 y el del inicio de la revolución social de 1910, están causando no pocas reacciones y debates que obligan a ejercitar una reflexión conjunta sobre el asunto. Por eso me decidí a compartir algunas convicciones desde mi visión como antropólogo y guanajuateño. Primero: es evidente que es importante fomentar y reforzar la memoria histórica sobre los dos momentos más trascendentes de nuestro devenir como nación, en especial en estos tiempos durante los que se ha debilitado sensiblemente el conocimiento de nuestros jóvenes acerca de sus raíces. Segundo: sin duda el estado de Guanajuato debe procurar y sostener un claro protagonismo nacional en este asunto. Tercero: las conmemoraciones deben ser compartidas por amplias capas sociales, que son las únicas que deben verse beneficiadas, y por lo mismo hay que evitar que la ocasión se convierta en oportunidad para que unos pocos hagan su agosto. Cuarto: los escenarios privilegiados de la gesta insurgente inicial de 1810-1812 fueron las villas y pueblos del Bajío, incluyendo a Michoacán y Querétaro; pero dentro de esos espacios destacaron la villa de Dolores, la de San Miguel el Grande, la ciudad de Guanajuato, la de Celaya y el pueblo de Acámbaro.
La identidad cultural es el mortero que unifica a una nación soberana, o que aspira a serlo. México ha padecido históricamente fuertes crisis de identidad, que nos han conducido irremediablemente a trances sociales muy complejos, incluso a guerras intestinas o a invasiones extranjeras. El nacionalismo mexicano fue una entelequia durante demasiado tiempo, hasta que la fundación de la Secretaría de Educación Pública en 1921, y la emergencia de un modelo de desarrollo nacionalista en los años treinta, permitieron consolidar un vigoroso sentido de pertenencia que nos dio fama internacional, ya que se evidenció con fuerza en nuestras artes y en nuestra cultura. Desgraciadamente, la globalización y el neoliberalismo de los años noventa cambiaron el escenario, y hoy día los jóvenes con menos de 30 años carecen de los valores identitarios que nos dieron prestigio. Un chavo de hoy se identifica mucho más con los “valores” de la sociedad anglosajona, incluso con los de la cultura japonesa, que con los de la mexicanidad. Si no me creen, charlen con sus hijos adolescentes sobre historia…
El valor de los festejos que se avecinan debe observarse desde la perspectiva de esta crisis de identidad que padecemos. Es una espléndida oportunidad de rehacer el vigor de la nacionalidad mexicana, para que pueda plantarse con pie seguro ante los embates de la globalización sin perderse en esa vorágine. Si recordamos un poco, Porfirio Díaz comprendió bien el valor simbólico del centenario, y emprendió fastuosos festejos que colocaron a México en la atención internacional, aunque no pudieron evitar el estallido social con que se despidió el año del huateque. Décadas después, cuando se desató la crisis social producto de los sismos de 1985 y la debacle económica, el gobierno federal optó por lanzar una magna campaña en torno de los símbolos patrios y los aniversarios 175 y 75 de los inicios de la independencia y la revolución. Fue una medida inteligente, ya que permitió restablecer en cierto grado la confianza del ciudadano común hacia su país, aún cuando ya se la hubiese perdido a su gobierno autoritario. Cientos de miles de mexicanos testimoniamos el recorrido de los símbolos patrios –la bandera, la constitución de 1917 y la campana de Dolores-, y nos sentimos confortados hasta cierto punto.
Vale la pena entonces emprender un festejo con la magnitud necesaria para reforzar nuestra identidad como pueblo que comparte historia y camino. Pero hay que hacerlo bien, sin evidenciar precisamente los problemas de falta de identidad que estamos señalando. Me explico: los Estados Unidos de Norteamérica celebraron su bicentenario en 1976 con toda la majestuosidad y el exhibicionismo a los que ese pueblo está acostumbrado. Muy al estilo hollywoodense, pleno de oropel y falsedad. Los que hayan tenido la oportunidad de visitar los sitios históricos de ese país, como Filadelfia o Boston, estarán de acuerdo conmigo en que esa experiencia se parece mucho a dar un paseo por Disneylandia, con sus coloridos palacios escenográficos de yeso y cartón. Los vecinos del norte han reconstruido los pocos sitios históricos que poseen con artificialidad y mal gusto. Me parece que ahora los mexicanos queremos imitarlos. El megaproyecto de la Expo Bicentenario me suena a ese intento. Es absurdo pretender replicar los sitios históricos de Dolores Hidalgo, Guanajuato y San Miguel en maquetas y pabellones turísticos, que además se ubicarán a poca distancia de los sitios originales. ¿Para qué malgastar el dineral que se ha anunciado, en obras de oropel? ¿De veras se considera que la memoria histórica y la identidad se refuerzan con museografías y carpas de artificio? Si tenemos al mero tablado de la independencia en la añosa Dolores y en las tres entidades consideradas patrimonio cultural de la humanidad –Guanajuato, San Miguel y Atotonilco-, a no más de 100 ó 200 kilómetros de urbes como León o Querétaro, ¿qué no será mejor invertir esos dineros en el reforzamiento de la infraestructura cultural, histórica, hotelera y de servicios para soportar una gran conmemoración en las propias calles de esas ciudades? ¿Por qué se pensó en los lomeríos de Silao y no en los llanos de Dolores-San Miguel?
Sin duda algo huele mal en Dinamarca…

viernes, 22 de agosto de 2008

Seguimos adelante…

Ya lo saben, desde el miércoles pasado fui excluido por el pleno del Consejo Universitario de la UG como candidato a Rector del campus Irapuato-Salamanca. De 106 consejeros, sólo 31 consideraron que mi oferta era plausible. A éstos les manifiesto mi agradecimiento sincero. Para el resto debí haber evidenciado demasiadas limitaciones en mi proyecto o en mi persona, y no me otorgaron su voto. En fin, así son todas competencias: muchas veces no nos conducen al resultado que deseamos, pero lo que importa es participar en ellas.
Envío una felicitación cordial a mi buen amigo y colega René Jaime Rivas, quien sí supo aglutinar las voluntades de los consejeros. Estoy seguro de que sabrá realizar una excelente gestión durante los cuatro años que se avecinan. Es un hombre bueno, con gran capacidad y don de gentes, lo que le hace un líder natural. Yo me uniré a sus esfuerzos desde la posición académica que ocupo en el Departamento de Estudios Multidisciplinarios-Campus Sur, que formará parte del nuevo Campus Irapuato-Salamanca. Habrá que trabajar duro para que la nueva instancia universitaria cumpla las expectativas que está despertando en los municipios donde tenemos o tendremos presencia; las sociedades locales demandan servicios educativos de alto nivel pero accesibles para todos, y nuestra universidad tiene las capacidades para hacerlo.
Cambio de tema, y ahora les comento a los pacientes lectores que en nuestro departamento universitario, ubicado en Yuriria, recibimos el día de ayer la visita de una delegación de México-americanos provenientes de Chicago, quienes acudieron por invitación de la Fundación Comunitaria del Bajío y su directora general Adriana Cortés Jiménez, para que conocieran –o reconocieran-- la región centro-sur de Guanajuato. Se trató de ocho líderes sociales o académicos, algunos con vínculos personales con el sur de Guanajuato. La Fundación tiene interés en despegar un programa de desarrollo autogestivo en algunas comunidades de Irapuato, de Dolores Hidalgo y del eje Yuriria-Moroleón-Uriangato a partir del próximo año. Se trabajará con familias de migrantes tanto en sus localidades de origen como en las de destino, y también se involucrará a activistas y académicos de Pennsylvania, aprovechando el nexo que tenemos Adriana y un servidor con los doctores Laura González y Víctor García, de la Indiana University of Pennsylvania, estudiosos que han trabajado por muchos años sobre la problemática de los migrantes guanajuatenses en diversas regiones de los Estados Unidos.
La Fundación Comunitaria del Bajío busca promover un acercamiento vigoroso entre las organizaciones civiles de paisanos en el vecino país, para que participen y apoyen proyectos concretos de creación de oportunidades productivas en las comunidades del centro-sur guanajuatense. Adriana Cortés es una experta en found-rising y en diseño de estrategias de desarrollo local, y nos ha convocado para que la Universidad de Guanajuato, en concreto su Campus Sur, se involucre en un proceso de largo plazo mediante la participación activa de los profesores y estudiantes de nuestras licenciaturas en Gestión Empresarial y en Enseñanza del Inglés, quienes plantearían los proyectos específicos de desarrollo comunitario a ser fondeados por las organizaciones México-americanas. Por supuesto, se busca involucrar a los gobiernos estatal y municipales, por lo que se sostuvieron encuentros con el secretario de Desarrollo Social estatal Juan Carlos López, y con los alcaldes de Irapuato Mario Turrent, y de Yuriria Gerardo Gaviña, quienes se avinieron a participar incluso con fondos públicos, apoyándose sobre todo en programas federales y estatales como el “tres por uno”. Por nuestra parte, aunque la universidad no puede comprometer financiamientos, sí podemos ofrecer el esfuerzo de estudiantes y profesores, los primeros mediante el servicio social universitario, y los últimos con el planteamiento de proyectos de investigación a ser fondeados por el Concyteg o el Conacyt. A los académicos, mexicanos y México-americanos, nos tocará generar los conocimientos pertinentes sobre el fenómeno migratorio, así como detectar las posibles vías para facilitar el desarrollo comunitario.
Compartimos el día con líderes sociales como Oscar Chacón, director ejecutivo de la National Alliance of Latin American and Caribbean Communities; Luis Gutiérrez y Juan Francisco Orozco, directores ejecutivo y de desarrollo de Latinos Progresando; María Pesqueira, presidenta de Mujeres Latinas en Acción; Robert Ramos, director ejecutivo del Chicago Youth Boxing Club; y Silvia Rivera, administradora de Radio Arte 90.5 FM. Junto con ellos acudieron los académicos Sylvia Puente, del Institute for Latino Studies de la University of Notre Dame, y el antropólogo y buen amigo mío Víctor Ortiz, director del Latino and Latin American Studies de la Northeastern Illinois University. Les expusimos nuestro incipiente proyecto de incubación de empresas, en el que se han involucrado varios de nuestros estudiantes de Gestión Empresarial. Ellos serán nuestra cabeza de playa para intervenir en las comunidades con los programas de la Fundación.
Por cierto, la Fundación Comunitaria del Bajío es presidida por dos irapuatenses distinguidos: Armando Sandoval Pierres y Juan Miguel Alcántara, dos expolíticos de signo contrario, pero unidos por su compromiso social y calidad humana. Pero sin duda el alma de esta organización de la sociedad civil ha sido Adriana, desde su establecimiento en 1997. Con su red FODICOM (Fortalecimiento al Desarrollo Integral de Comunidades de Emigrantes) la FCB ha podido ayudar a 39 comunidades con altos índices de migración. Ahora, desde el sur, podremos añadir algunas más en los próximos cinco años, horizonte temporal que nos hemos dado para ver florecer los proyectos específicos que buscaremos impulsar entre familias de migrantes de Yuriria, Moroleón y Uriangato. Si logramos el éxito en esta alianza entre sociedad civil, empresarios, gobierno y academia, podríamos marcar una línea de acción digna de imitarse. Ya te mantendremos al tanto, resignado lector.

viernes, 15 de agosto de 2008

Campus Irapuato-Salamanca

Desde el viernes pasado el Consejo Universitario de la Universidad de Guanajuato tuvo a bien considerarme candidato formal a la Rectoría del nuevo campus regional Irapuato-Salamanca. Como profesor del Departamento de Estudios Multidisciplinarios ("Campus Sur") que sirve a Yuriria, Moroleón y Uriangato, soy parte de la comunidad de 336 trabajadores que sostendremos la vida académica del nuevo campus. Y he trabajado arduamente para integrar un proyecto de desarrollo que puede ser consultado en la página electrónica de la UG, donde también aparece mi CV resumido y en extenso.

Durante esta semana pudimos difundir nuestras propuestas y debatirlas con la comunidad universitaria. Pude así presentarme ante los profesores, estudiantes y personal de apoyo del Instituto de Ciencias Agrícolas y la Facultad de Enfermería y Obstetricia, ambas en Irapuato; la Facultad de Ingeniería Mecánica, Eléctrica y Electrónica en Salamanca, y ante mi propia comunidad en Yuriria. Mi percepción fue que mi proyecto y mi trayectoria fueron bien evaluadas, y que pude trasmitir lo fundamental de mis inquietudes y convicciones acerca de esta nueva modalidad organizativa que nos estamos dando en la universidad más importante de la entidad. Quiero aprovechar ahora este espacio que cultivo semanalmente en el correo desde hace más de cinco años, para compartir con mis lectores aunque sea una parte de mis propuestas.

El campus regional e interdisciplinario Irapuato-Salamanca debe volcarse hacia la atención prioritaria de la región centro-sur de nuestro estado, conformada por 13 municipios. Me refiero al corredor industrial, agrícola y comercial que conforman los municipios de Irapuato, Salamanca, Pueblo Nuevo, Valle de Santiago y Jaral del Progreso; unido al consolidado complejo textil y comercial de Moroleón, Uriangato, Yuriria y Santiago Maravatío; así como al dinámico desarrollo agroindustrial y pecuario de Abasolo, Pénjamo, Cuerámaro y Huanímaro. Todos ellos demandan que la universidad pública estudie y defina alternativas para el soporte y atención de las necesidades de capital humano que exige este complejo diferenciado de impulsos regionales y municipales.

Primero que nada necesitamos crecer institucionalmente, pero para ello hay que incrementar la matrícula y en paralelo los recursos humanos y materiales. Pero hay que hacerlo bien, más que rápido. Necesitamos mejorar, pero tener claro en qué ámbitos y con qué recursos; necesitamos ser socialmente pertinentes, pero con definición en las estrategias concretas para apoyar el desarrollo social; necesitamos preservar lo bueno y desechar lo pernicioso, pero también saber cuál es cuál. En fin, que necesitamos renovarnos profundamente y culminar el paso hacia la universidad regionalizada y flexible que todos deseamos. Con esa visión, creo que será fácil ponernos de acuerdo en las estrategias básicas. El esquema de los campus, las divisiones y los departamentos ayudará enormemente a concretar los ejes transversales que hoy no existen; la complementariedad e interdisciplinariedad que sólo vemos hoy en el papel, y la cercanía universitaria a las realidades regionales, que demanda nuestra sociedad.

Los 23 programas que ofrecen las cuatro unidades -16 licenciaturas, 6 maestrías y un doctorado- tienen acreditación externa en su mayoría. No existe un problema de calidad en la oferta y su sustento, pero es conveniente mantener una política de evaluación permanente y atención a las recomendaciones de los evaluadores. Sin embargo el reto del crecimiento pondrá en tensión las capacidades de atención con calidad a los nuevos programas y a los nuevos estudiantes. El proyecto de desarrollo contempla establecer estrategias participativas que involucren a todos los miembros del campus en el despliegue de acciones simultáneas en el ámbito de la calidad -superación académica, actualización curricular, internacionalización, desarrollo de capacidades y habilidades técnicas con enfoque humanístico, etcétera- así como en la cobertura -nuevos programas con pertinencia social, ampliación de matrícula en áreas de alta demanda, apertura de nuevos departamentos y divisiones, etcétera-, de tal manera que en los cuatro años de la nueva administración se pueda lubricar el tránsito hacia un auténtico modelo departamental y regional desplegado en tres nuevos campus, que planteo de esta manera: el Campus Irapuato -a construirse en El Copal o La Garrida-, con una división en Ciencias de la Salud y otra de Ciencias Ambientales, Agropecuarias y de la Alimentación; y eventualmente inaugurar programas en ciencias económico-administrativas y en ciencias sociales. El Campus Salamanca, con una división de ingenierías y Ciencias de la energía, otra en disciplinas económico-administrativas, y una más en artes y humanidades. Y finalmente el Campus Sur que atendería el eje urbano de Moroleón, Yuriria y Uriangato, con una división multidisciplinaria con departamentos en ingeniería, en lingüística aplicada, en disciplinas económico-empresariales, en diseño textil y en humanidades.

Se trata de atender con presteza y pertinencia a las necesidades de una de las regiones más dinámicas de Guanajuato, con 1.3 millones de habitantes y 163 mil jóvenes en edad de cursar licenciatura. Hoy sólo damos cobijo a 1,875 estudiantes. El reto numérico implica doblar esa cantidad en cuatro años, y hacerlo sin sacrificar la calidad y el prestigio del que hoy goza nuestra universidad.

Reitero que el proyecto en detalle está a la consideración del lector en la página institucional www.ugto.mx , pero con gusto responderé a cualquier cuestionamiento dirigido a mi correo electrónico personal. También agradeceré sus manifestaciones de apoyo al domicilio que se ha abierto para consultar a la comunidad: seleccion2008@quijote.ugto.mx

viernes, 8 de agosto de 2008

Ciencia Política latinoamericana

La Asociación Latinoamericana de Ciencia Política (Alacip), culminó ayer su IV Congreso Internacional en las instalaciones de la Universidad de Costa Rica en San José, la capital del país centroamericano. Fue una reunión de alrededor de 300 académicos y analistas políticos que debatieron durante tres días sobre el gran tema que convocó al congreso de este año: "¿Gobernanza sin desarrollo? Repensando el bienestar en América Latina". Tal vez por la cercanía geográfica, en esta ocasión predominamos los mexicanos; tanto que incluso un autobús lleno de estudiantes de Ciencia Política de Chetumal, se dejó venir para acudir a esta cita singular. Nos unimos a docenas de colegas de otros lares para presentar textos sesudos sobre las muy diversas circunstancias que atraviesan las realidades políticas, las conflictividades sociales y la cultura ciudadana en los países del subcontinente latinoamericano.

Fue una oportunidad excepcional para enterarse del estado de la cuestión en lo referente a la evolución de los debates politológicos sobre 25 países de la América continental y del Caribe, ibéricos casi todos pero también de habla inglesa y francesa; todos ellos unidos por las realidades cruentas del desarrollo en ciernes y las desigualdades profundas entre sus componentes sociales. Conflicto, competencia, debate ideológico, lucha entre élites y movimientos sociales, y por supuesto elecciones y democracia, son los grandes hitos que ocupan los análisis de estos especialistas, que se pretenden objetivos y regidos por el método de las ciencias políticas. Pero el gran tema, la "gobernanza", centró los principales debates. Los politólogos contemporáneos, sobre todo los europeos, distinguen gobernabilidad de gobernanza, y conciben el primer concepto como limitado a lo político-institucional y mecanicista. Un Estado busca la gobernabilidad cuando se limita a mantener el control sobre los factores básicos que facilitan la paz social y el mantenimiento del orden, incluyendo las medidas coercitivas. En cambio la gobernanza se refiere a la integración de "los procesos político-sociales y asociativos, cada vez más comunes en el nuevo contexto mundial, incluyendo las acciones de nuevos actores políticos y sociales estratégicos". Los estados entran en competencia con la sociedad civil, y desprecian el potencial de la movilización, tal como acaba de ocurrir en Argentina con el movimiento de los agricultores, que han derrotado al gobierno.

Los congresos académicos son una espléndida oportunidad de actualizarse, pero también de vincularse con redes y grupos de trabajo sobre temáticas comunes. Pude conocer cofrades universitarios de Argentina, Colombia, Brasil, Chile, Perú, España y no sé qué otros pagos más. Es conveniente mencionar que asistieron analistas latinoamericanos y "latinoamericanistas". Estos últimos son expertos fuereños a la región, que laboran en universidades de los Estados Unidos –el principal semillero de latinoamericanistas--, la Gran Bretaña –el segundo--, España, Holanda, Francia, Alemania, Rusia y otros países, incluso algunos asiáticos. América Latina es la "clase media" mundial, y como tal llama mucho la atención de los especialistas de otros países, no todos ellos metropolitanos. El boom de asociaciones de latinoamericanistas fue explicado en una mesa estelar moderada por Klaus Bodemer, y donde participaron Manuel Alcántara –fundador de Alacip--, Timothy Power y Jonathan Hartlyn, dedicada a analizar el estado de la ciencia política latinoamericanista en Europa y Estados Unidos. Es claro que el interés sobre la región se mantendrá entre las prioridades de las ciencias sociales de los países desarrollados.

En lo personal, presenté una ponencia sobre el PAN en Guanajuato, sus orígenes y su conversión en una nueva fuerza hegemónica regional; sin querer aproveché el momento coyuntural de interés que ha despertado la intención de Germán Martínez de "guanajuatizar" México. Todos nos preguntamos qué quiere decir ésto, y dediqué la última parte de mi exposición a tratar de tejer una respuesta coherente: reproducir la estrategia de cooptación indiscriminada, renunciando a compromisos ideológicos históricos, y la opción por el pragmatismo descarnado de la derecha extrema. Puede ser una visión parcial la mía, pero eso es lo que se alcanza a vislumbrar de entre la confusión identitaria por la que atraviesan todos los partidos políticos en México.

También acudí al encuentro en mi calidad de secretario general de la Sociedad Mexicana de Estudios Electorales, la Somee, para anunciar nuestros dos eventos por venir: el XX Congreso Nacional de Estudios Electorales, a realizarse en Morelia del 12 al 14 de noviembre próximos, y el III Internacional, que desarrollaremos en conjunto con la Universidad de Salamanca, España, en sus instalaciones en esa ciudad europea, del 28 al 30 de octubre de 2009. Nos acompañó el doctor Manuel Alcántara, vicerrector de esa universidad, quien anunció la participación de otras instituciones españolas y europeas en la financiación del encuentro. El IFE también colaborará con nosotros en ambos eventos.

Los interesados pueden consultar las convocatorias respectivas en nuestra página: www.somee.org.mx

viernes, 1 de agosto de 2008

Historia antigua de Guanajuato

Este miércoles tuve el gusto de participar en la presentación de un libro del maestro José Luis Lara Valdés, etnohistoriador de la Universidad de Guanajuato, ante la comunidad del campus Sur en la ciudad de Yuriria. El texto publicado bajo el sello de la misma casa de estudios, en su colección Historia General de Guanajuato, se denomina "Historia Antigua de Guanajuato: Disertaciones", y en él se aglutinan tres lustros de trabajo ininterrumpido de este especialista, que ha dedicado sus afanes a compendiar, a mejorar y a dar sentido al disperso conocimiento existente acerca de las sociedades llamadas prehispánicas en lo que hoy es el territorio del estado de Guanajuato. Buena parte de sus afanes, José Luis los ha canalizado en la integración de grupos de trabajo sobre este tema entre profesores del nivel medio superior y superior de la Universidad de Guanajuato. En ese sentido, se ha convertido en el heredero y continuador de la vocación principiada por nuestro maestro, Alfredo Pérez-Bolde, quien nos inició a muchos en el estudio sistemático de las culturas mesoamericanas. José Luis ha retomado la estafeta, pero le ha dado un sesgo afortunado hacia el examen historiográfico de los conjuntos nativos de la región guanajuatense, territorio que dentro de la tradición de la ortodoxia antropológica es identificada como zona de frontera entre las áreas culturales de Mesoamérica y Aridoamérica, linde oscilante y dependiente del comportamiento de las variables climático-ecológicas.


El inquieto y prolífico José Luis se ha dedicado a estudiar y a enseñar lo que todavía llamamos, por comodidad, "Historia antigua de Guanajuato". Sin ser arqueólogo, se ha aficionado al lenguaje altamente técnico de los excavadores del pasado lejano y ha acompañado a la breve comunidad arqueológica que labora o ha laborado sobre los indicios materiales que, para nuestra sorpresa, abundan en estos suelos tan transitados. Con sus estudios en paralelo, José Luis se ha transformado en un etnohistoriador bastante solvente, que concurre con otros especialistas de las ciencias sociales en el escrutinio de lo que el antropólogo Eric Wolf -quien por cierto también discurrió sobre El Bajío hace medio siglo- llamó "la historia de los pueblos sin historia".

Al igual que el concepto "México", lo que hoy denominamos "Guanajuato" es una realidad imaginaria que hemos construido histórica y políticamente desde nuestra visión contemporánea de sociedad mestiza que busca definir una identidad, y encuentra pocos referentes comunes en el pasado. Varios especialistas han discutido con pertinencia el asunto de la construcción de la nación en México, como lo hizo Octavio Paz, David Brading, Enrique Florescano, Ricardo Pérez Montfort y otros. El concepto "México" fue inventado en función de un sistema ideológico de dominación colonial, y posteriormente de un sistema de dominación criollo. La idea de México, la ciudad de los aztecas y capital del virreinato, se vertió sobre el resto del territorio y dio pie al nacimiento del esquema simbólico identitario que sustentó lo que los jesuitas en el siglo XVIII y los insurgentes del siglo XIX denominaron "México", el país, el referente de un nuevo nacionalismo. El concepto "Guanajuato" evolucionó de forma muy similar, aunque sin tanta contundencia como el epíteto nacional. El nombre del real de minas que engarzó el desarrollo regional durante los siglos coloniales, se convirtió en la denominación de la nueva intendencia de Guanajuato en 1786. No hubo mayores referentes culturales, sólo necesidades administrativas y políticas. Su ulterior reconocimiento como estado federado, o bien como departamento, siguió la misma lógica.

El libro del maestro Lara tiene dos valores intrínsecos: el de generar conocimiento científico que nos ayuda a sofisticar nuestra visión del pasado regional, y el de llamar la atención de la comunidad más amplia sobre la urgencia de atender y cuidar de los depósitos aún sobrevivientes de vestigios materiales de las culturas pretéritas. Nuestra sociedad mercantilista ve el hallazgo de sitios arqueológicos como nuevas oportunidades para la atracción de turismo y su explotación económica. Nuestros zafios gobernantes no son la excepción, y celebran alegres cuando una nueva "ruina" es abierta al público depredador. En poco tiempo tendremos conciertos de cantantes famosos en Cañada de la Virgen, y shows esotéricos equinocciales en El Monolito de Victoria o en Plazuelas. Pero mejor no les demos ideas.

El libro recorre la literatura y la creciente tradición científica sobre esta difícil materia y la expone sin mayores concesiones. El resultado es un excelente recuento crítico de la labor de múltiples especialistas, historiadores, viajeros y diletantes, desde el siglo XVI hasta la actualidad, que entre todos ayudan a dibujar el inconcluso y fragmentario panorama de nuestro conocimiento sobre las realidades históricas y culturales previas a la colonización española. El pasado lejano es un rompecabezas del que restan pocas piezas, y muy maltratadas, que además ha sido tergiversado por interpretaciones subjetivas. Por ello, a lo que nos convoca José Luis es a ejercitar la hermenéutica histórica, ya que debemos interpretar los documentos -tomados éstos en el más amplio sentido del término- y las evidencias con que contamos, es decir los registros líticos, cerámicos, escultóricos, arquitectónicos y de paisaje ecológico-cultural. La "construcción de la historia" que anuncia el autor será un terreno fangoso, carente de certidumbres, y por lo mismo imposible de ser completado o incluso clarificado con suficiencia.

Hoy, que en la ciudad de Guanajuato es día de la Cueva de San Ignacio, vale la pena recordar que precisamente en esa zona de la Bufa se han encontrado herramientas líticas y otros vestigios de ocupación humana pretérita. Así nos lo da a conocer el profesor Lara en su libro, y qué mejor oportunidad para reflexionar sobre nuestro pasado más lejano. Si le interesa el texto adquiéralo pronto, porque el tiro de la edición fue incomprensiblemente breve.