martes, 28 de abril de 2009

Alonso: el bello y la bestia

Lo conocí en septiembre de 1996, durante el primer Congreso Nacional de Ciencia Política. Me inscribí al evento motivado por el deseo de analizar y compartir la experiencia guanajuatense en torno a los gobiernos de Carlos Medina y Vicente Fox, a quienes les había tocado la suerte –buena o mala- de compartir el poder con una mayoría parlamentaria de diferente signo partidista. Me tocó participar en una mesa de trabajo que tenía como tema el desempeño del poder legislativo en las entidades del país. El coordinador era Alonso, quien me pareció un joven académico talentoso, pero sencillo y afable. Él tenía 34 años de edad, y era candidato a doctor por la Universidad de Yale. Yo tenía 36 y desarrollaba mi doctorado en el CIESAS en Guadalajara.
Poco después me llamó para invitarme a participar en un libro colectivo que él estaba armando para ser publicado por el Colegio, la UAM y el IFE. Sería dedicado al tema de los “gobiernos divididos” que se comenzaban a presentar en el país, que junto con Guanajuato incluían a Baja California, Baja California Sur, Chihuahua y Aguascalientes. Consistiría en cinco ensayos sobre estos casos estatales y una introducción analítica a cargo de Alonso. Un “gobierno dividido” acontece cuando el poder ejecutivo es detentado por un militante de signo partidista diferente al de la mayoría del congreso. Si recuerdan, tanto Medina como Fox convivieron con legislaturas con mayoría priísta hasta 1997. En Guanajuato, a pesar de las eventuales radicalizaciones de ambos poderes en torno a asuntos como el de la reforma electoral, se pudo construir un esquema de convivencia que permitió avances sustantivos en temas como el fiscal, el del desarrollo económico, el educativo, etcétera. Consulta el texto que publiqué.
En noviembre de 1996 Alonso fue nombrado consejero general del IFE. Yo continué trabajando sobre los temas electorales, y en 1999 volví a contactarlo, ahora con motivo de haber sido yo propuesto por Woldenberg para ocupar una consejería local del IFE en Guanajuato. Nuevamente se mostró gentil y me deparó su apoyo. En nuestros encuentros de consejeros del IFE siempre lo busqué para saludarlo y charlar un poco. No sólo es un gran conocedor de la materia política, sino también un gran ser humano.
Formó parte de la mejor generación de consejeros generales del IFE. A su salida se reintegró a su base académica en el ITAM, pero no por mucho tiempo: no me sorprendió que lo convocaran a conducir el IFAI, donde hizo un excelente papel.
Cuando supe de su nombramiento al frente de la SEP me extrañé porque la educación no es su área, pero luego entendí que hoy se requiere de un negociador fino como Alonso. De seguro sabrá seducir a “la maestra” con sus modales y su porte. Es como establecer la clásica dicotomía entre “el bello y la bestia”. Yo por lo pronto le deseo la mejor de las suertes.

martes, 21 de abril de 2009

No hay política… ni ciudadanos

Es claro que la novel democracia mexicana está transitando por una crisis de credibilidad ante la ciudadanía más llana. La Secretaría de Gobernación publicó los resultados de la Encuesta Nacional sobre Cultura Política y Prácticas Ciudadanas (ENCUP) 2008, la cuarta versión de este sondeo desde el 2001. Se confirma el desgaste que mantienen las instituciones nacionales ante la percepción pública, un deterioro que los entrevistados manifiestan ante las corporaciones que en teoría deben garantizar el estado de derecho, la práctica de la democracia y la efectividad del gobierno.
La ENCUP involucra ahora, además de la SEGOB –que la diseña- y el INEGI –que la levanta-, a la Secretaría de Relaciones Exteriores y al Instituto Internacional para la Democracia y la Asistencia Electoral (IDEA). Esto sin duda le agrega confiabilidad. Recordemos que la ENCUP fue impulsada por Juan Molinar, en sus tiempos como subsecretario de Desarrollo Político, donde sí tenía experticia. En cada versión se han perfeccionado las técnicas de levantamiento e interpretación, y se han simplificado sus reactivos.
Los resultados no sorprenden, pero sí inquietan. La iglesia y el ejército se mantienen como las instituciones con los porcentajes más altos de confianza (72% y 66%), en contraste con la policía (26%) y los partidos políticos (23%). En cambio a nivel internacional la Encuesta Mundial de Valores 2005 reportó un 56% de confianza hacia la policía y 26% hacia los partidos. Es evidente que nuestra problemática de seguridad pública se percibe muy relacionada con la corrupción en las corporaciones policiacas.
El desinterés en la política es pasmoso en México: sólo un tercio de los encuestados afirmó interesarse mucho o algo; mientras que a nivel mundial la cifra fue del 44%. En cambio, el 98% de los mexicanos se manifiesta orgulloso de serlo en grado de “mucho” o “algo”, cuando a nivel mundial el 89% se sienten orgullosos de su país. ¡Como México no hay dos!
Pero los mexicanos están insatisfechos con su democracia: el 20% se dijo “nada” satisfecho y un 34% “poco” satisfecho, lo que totaliza un 54% que no se siente contento con el modelo democrático. Sólo un 28% dijo estar “algo” satisfechos y apenas un 5% se siente “muy” satisfecho. Hay que considerar también el factor ignorancia: un 42% de los entrevistados manifestaron no saber si su ideología es de izquierda, de derecha o qué. Del resto, un 14% se considera de izquierda, un 12% de centro y un 32% de derecha. De los encuestados entre 18 y 49 años de edad, un 50% considera que México vive en una democracia, pero este porcentaje disminuye diez puntos entre los mayores de 50 años. A más viejo más escéptico.
No sorprende que más de la mitad de los ciudadanos que hoy día visita el IFE para integrar las mesas directivas de casilla tengan mil pretextos para no participar con esta obligación ciudadana. ¿Para qué? dicen, si es una pérdida de tiempo. Conclusión: hace falta construir ciudadanía.

martes, 14 de abril de 2009

Tres menos uno

Guanajuato es tierra de migrantes desde al menos los años cuarenta del siglo pasado. Y lo es no por elección y deseo de aventura de sus trabajadores rurales o urbanos, sino sencillamente por las crisis económicas recurrentes que han azotado el entorno regional, desde que el reparto agrario de los años treinta desmembró el sistema productivo agrícola tradicional, que había convertido a Guanajuato en el “granero de la república”.
Cada año, de nuestro territorio salen entre 30 mil y 45 mil nuevos trabajadores migrantes, que se suman a un flujo mayor que involucra a los 1.2 millones de paisanos guanajuatenses que ya habitan en los Estados Unidos. Con la crisis que atraviesa ese país es posible que esa corriente haya bajado un poco en su intensidad, pero definitivamente no mucho, pues la misma crisis pega acá con resultados más dramáticos a nivel familiar. Por ejemplo estoy seguro de que muchos de los casi tres mil trabajadores de la GMC en Silao ya iniciaron camino hacia el norte, desmotivados por los “paros técnicos” que los dejan sin la mitad de su salario semanal de 700 pesos.
El desarrollo de las comunidades migrantes es un tema en el que los gobiernos federal y estatal no han sabido dar pie con bola desde su “reencuentro” con los migrantes en los años noventa. Han inventado programas glamorosos como el 3 por 1, pero siempre sometidos a las exigencias de las burócratas que se supone se dedican al desarrollo social. Y recordemos que las burocracias siempre intentarán justificar su existencia inventando procedimientos que sólo ellas puedan comprender y ejecutar. Por ello no me sorprende la indignación de líderes como don Ángel Calderón, del Timbinal en Yuriria, quien ha decidido ignorar al gobierno y ejecutar obra directa. Él ha dedicado buena parte de su vida a reunir recursos de sus compañeros en California hacia la atención de las necesidades de su pueblo de origen. Muchos centenares de paisanos han hecho lo mismo desde hace décadas, y han transformado el nivel de vida de sus comunidades. Siempre sin la ayuda de los gobiernos.
Recordemos las declaraciones del diputado local José Medina, quien el 24 de septiembre pasado dijo que “todavía faltan por ejercer 40 millones de pesos del Programa 3x1, de 120 millones de pesos disponibles este año, aportados por los gobiernos Federal, Estatal y Municipal.”
Muchos académicos y especialistas hemos insistido en la necesidad de revisar a profundidad el funcionamiento de estos programas sociales, que evidencian una preocupante ineficacia en la consecución de sus fines. La lógica burocrática debe eliminarse de su implementación, y buscar una mejor integración con las aspiraciones de los trabajadores migrantes, quienes lo menos que desean es vérselas con el papeleo. Por supuesto hay que cuidar que los recursos públicos se ejerzan con probidad, pero también con oportunidad. Una cosa no elimina a la otra. ¿Nos entendemos?

martes, 7 de abril de 2009

En Guadalajara

El IFE está propiciando una serie de encuentros regionales con los consejeros locales y distritales que ese instituto tiene el país. ¿Y eso qué? me dirá el extrañado lector. Bueno, es que esto es novedoso: antes estas reuniones se daban sólo entre los consejeros generales y los locales, y éstos a su vez promovían asambleas estatales con los consejeros distritales. Y es que hay un problema: el IFE cuenta con nueve consejeros generales, 192 consejeros locales (más los 32 consejeros presidentes), y 1,800 consejeros distritales (más 300 consejeros presidentes). Una reunión de estas dimensiones es sencillamente imposible, por lo complejo de su logística y la inevitable dilución del diálogo entre estos representantes ciudadanos.
En esta ocasión, el IFE de Leonardo Valdés ha cambiado de estrategia y ha acentuado su interés en establecer contactos personales entre los tres tipos de consejeros. Por eso nos convocó a una sesión nacional de consejeros locales los días 13 y 14 de noviembre pasado, y luego a lo largo de marzo y abril de este año, a cinco encuentros regionales con los consejeros distritales y algunos locales. Fui invitado a la reunión regional de Guadalajara este sábado y domingo pasados, a donde acudieron los consejeros distritales de Jalisco (19 distritos), Michoacán (13), Guanajuato (14), Aguascalientes (3), Colima (2), Nayarit (3) y Sinaloa (8). La lista que nos circularon contenía 420 nombres, aunque pudieron hacer acudido 476 personas: 372 consejeros distritales, sus 62 consejeros presidentes, y los 36 consejeros locales con sus 6 presidentes.
Los dos días fueron sumamente interesantes, pues las 53 nuevas funciones del IFE demandan nuevas habilidades y conocimientos por parte de los consejeros de los distritos. Tan sólo menciono el nuevo procedimiento especial sancionador, que ha convertido a los consejos en instancias jurisdiccionales, con nuevas responsabilidades que demandan un cuidado inédito de los resolutivos de cada consejo. Los consejeros son considerados servidores públicos, y por lo mismo pueden ser sujetos a responsabilidades políticas.
Los partidos políticos, mediante sus diputados y senadores en el Congreso de la Unión, imbuyeron al IFE de estas nuevas capacidades, hasta convertirle en autoridad de última instancia en materias como la de radio y teledifusión durante periodos electorales. Pero son esos mismos partidos los que buscan ahora evadir de mil maneras esos términos de control. Los consejeros tienen la obligación de mantener una vigilancia proactiva, que no espere una eventual queja de parte, sino que puedan actuar de manera oficiosa para ir un paso delante de los eventuales trastrocamientos de la norma.
Leonardo lideró la primera de las mesas de trabajo, y expuso su criterio sobre las nuevas relaciones que se deben establecer entre los distintos tipos de consejeros. Su empleo natural de un lenguaje directo, franco y simpático derribó muchas de las barreras preexistentes ante el siempre lejano consejero presidente. Su don de gentes logró el objetivo: los consejeros distritales son ahora sus aliados entusiastas. Un logro inédito.