viernes, 23 de octubre de 2009

Más impuestos ¿a cambio de...?

Más impuestos ¿a cambio de...?



Por: © Luis Miguel Rionda ©



Publicado en Milenio de León.

¿Cómo evitar dar una opinión sobre la “reforma fiscal” en curso? No es posible hacerlo, sencillamente porque todos los mexicanos vamos a ser afectados de manera directa -en el sector formal- o indirecta -los que medran en la informalidad-. En lo personal soy un asalariado, un profesor universitario cuyos ingresos son usualmente fijos, aunque eventualmente soy contratado por honorarios como profesionista liberal. Por ello soy parte del sector “cautivo”, clasemediero, que es el que efectivamente paga impuestos y derechos al Estado. Formo parte de los 14.6 millones de asalariados que, junto con los 9 millones de personas físicas con actividad independiente y las 800 mil personas morales, formamos la base de contribuyentes del país, según el SAT (Notimex, 2 de septiembre pasado).
En 2008 los contribuyentes mexicanos aportamos 1.2 billones de pesos a las finanzas públicas federales, que sumados a los ingresos petroleros y a los derechos, productos y aprovechamientos, representaron un ingreso de 2.05 billones de pesos. Un tercio del mismo fue de origen petrolero (Política de ingresos 2008, SHCP). Si el PIB nacional de 2008 fue de 9 billones de pesos, quiere decir que se recaudó por impuestos a los contribuyentes apenas un 13.3% del PIB. Somos el país de la OCDE que menos recauda en proporción a su PIB. ¿Para qué hacerlo, si desde 1978 gozamos del cuerno de la abundancia petrolero?
La petrolización de los ingresos públicos ha tenido el efecto nefasto de hacer negligente al Estado para recolectar impuestos. En adición, el sector informal de la economía ha sido estimulado por las diferentes crisis, además de que sigue siendo muy complicado ingresar a la formalidad ya sea con actividad empresarial o como trabajador independiente. Cualquiera que haya presentado su declaración de impuestos sabe, sabemos, que el procedimiento es tan complicado que es obligado contratar a un contador, quien además debe actualizarse cada año por los constantes cambios en la miscelánea.
Según Milenio diario del 24 de mayo pasado, citando un informe del Centro de Estudios de las Finanzas Públicas de la Cámara de Diputados, el sector informal representa un volumen de 12.1 millones de mexicanos, quienes sólo pagan impuestos al consumo pero no al ingreso. Ese montón de informales -comerciantes ambulantes, jornaleros, migrantes, videopiratas, taxistas, narcos, changarreros, sexoservidoras y demás- equivalen al 5.06% de la Población Económicamente Activa (PEA), integrada por los trabajadores de 14 años o más.
Una reforma fiscal demandaría integrar a esos informales a la base gravable mediante mecanismos que hicieran atractivo darse de alta con Lolita. Eso mediante una estrategia que diera seguridad jurídica y personal a estos “micro emprendedores” y a los trabajadores a destajo o por jornal. Por supuesto habría que basarse en pocos impuestos de carácter universal, focalizados en grabar el ingreso y el consumo de manera perfectamente proporcional, y con un esquema sencillo para su pago y eventual deducción.
Lo que me parece escandaloso es que mantengamos la situación actual, llena de excepciones, omisiones y exenciones, con un esquema tributario enmarañado y por lo mismo fácilmente evadible si se cuenta con abogados fiscalistas o contadores colmilludos que le den la vuelta a la tortilla en favor del potentado que les pague sus jugosos emolumentos. Es terrible que se mantenga el trato preferencial a los grandes consorcios nacionales y extranjeros, que no sólo pueden hacer uso del crédito fiscal a 10 ó 12 años, sino también de múltiples deducciones que les permiten pagar cifras ridículas al fisco. Un día sí y otro también nos enteramos en la prensa de cómo Hacienda pierde juicios y amparos frente a los grandes potentados, a quienes con regularidad les reintegra millonadas.
He calculado con base en mis declaraciones fiscales y mis cuentas hogareñas que cada año pago más de la mitad de mis ingresos en impuestos por ingresos y por consumo. Parecería que habito en Noruega o en Dinamarca, donde el Estado benefactor retiene esa proporción, pero que la reintegra en servicios públicos de gran calidad. Pero en México pagamos por un gobierno ineficaz, ausente en el momento en que somos asaltados o secuestrados, que otorga una educación de nivel “Gordillo” y un servicio de salud carente de medicamentos. ¿Por qué entonces pagar más impuestos? Les pregunto a los senadores.

martes, 20 de octubre de 2009

Gasto superfluo

Gasto superfluo

Por: © Luis Miguel Rionda ©

Publicado en el de Guanajuato.
Muchos de los nuevos ayuntamientos del estado de Guanajuato han heredado una situación insostenible: el aparato burocrático que se infló de manera irresponsable en los últimos tres años está pesando fuertemente sobre las finanzas de los gobiernos municipales. El “boom” petrolero del 2006 y 2007 provocó una euforia de gasto que ha dejado secuelas inquietantes. Los munícipes de entonces creyeron que las participaciones extraordinarias que les llegaron del gobierno federal se convertirían en una constante, y que para enfrentar las nuevas exigencias de un gasto ampliado debían contratar más personal, particularmente de confianza. Pero incluso el personal que cobra vía honorarios genera derechos laborales, que hoy deben ser respetados por los recién llegados. La situación es particularmente difícil en los gobiernos donde hubo alternancia partidista, pues parte de ese personal que hoy gravita sobre las precarias finanzas municipales, fue reclutado entre simpatizantes o allegados a los ex-ediles. Algunos ni siquiera tienen tareas bien definidas, pues no faltaban los comodines ¿o comodinos?- tipo “milusos”- que le entraban a todo.
A lo anterior se suman los onerosos “bonos de marcha” que se asignaron a los funcionarios que dejaron el cargo. No es propiamente la liquidación a la que legalmente tienen derecho, sino un “premio al desempeño” que no está contemplado en la ley, y que además no es producto de una evaluación objetiva de la eficacia del servidor público, sino que se asigna de forma caprichosa o arbitraria, aunque sea avalada por el ayuntamiento respectivo. En León, el municipio más importante de Guanajuato, se llegó al extremo de malbaratar parte del patrimonio del municipio -las reservas territoriales- para poder enfrentar este gasto extraordinario. Es incomprensible desprenderse de bienes permanentes y comunitarios para cubrir pagos efímeros e individuales.
Adelgazar la estructura burocrática de los municipios será difícil en tiempos de escasez presupuestal. Como ejemplo tenemos la estrategia que ha propuesto el presidente municipal de León, Ricardo Sheffield, quien está afanado en deshacerse de al menos un centenar de servidores públicos con funciones no esenciales. Ha recurrido a la puntada de solicitarle a los empresarios locales que “le pichen un burócrata”, es decir que los magnates paguen la liquidación de un trabajador. Quiero ver quién le entra a esta folclórica invitación, pues estoy seguro de que los patrones dirán: ¿y yo por qué voy a pagar por las torpezas del gobierno?
Es lamentable que la función pública siga siendo conducida con la miopía y cortoplacismo, particularmente en el ámbito municipal. Pero tampoco se salva el gobierno estatal. Es bien conocido que el aparato burocrático ha crecido fuertemente en los últimos nueve años. Pronto se hará necesario adelgazar al gobierno estatal, sobre todo ante el gasto que representó la compra de las 700 ó 1000 hectáreas para la apuesta de la refinería. El año próximo veremos “reingeniería” del gobierno, y volverá a oírse el chiste que se popularizó en tiempos del gobernador Fox: “¿qué es un trío? Es un mariachi luego de la reingeniería”.

viernes, 16 de octubre de 2009

Varas diferentes

Varas diferentes


Por: © Luis Miguel Rionda ©

Publicado en Milenio de León, y reproducido en CEIPOL.

La liquidación de la empresa estatal Luz y Fuerza del Centro ha trastornado de forma radical la agenda de los asuntos a debate en la conducción del desarrollo nacional. El gran asunto de la política coyuntural debería ser el del presupuesto público de ingresos y egresos del año próximo, pues de ello depende la velocidad y efectividad en la salida de la crisis económica que, contra todo lo dicho por los personeros del gobierno federal, nos ha pegado como a pocos países. El haber iniciado un frente de conflicto adicional al del actual debate parece responder a un deseo de distraer a la opinión pública. La negativa de “toma de nota” de la Secretaría del Trabajo, con su belicoso y locuaz secretario al frente, al liderazgo del Sindicato Mexicano de Electricistas, pareció en un principio un asunto que no tenía sentido en un momento en que se requería convocar a grandes acuerdos en torno a las estrategias económicas globales. Sin embargo pronto se evidenció que existía un plan largamente premeditado en el asunto. No se trataba de descabezar o dinamitar un liderazgo sindical acusado de corrupto y sin duda cercano a los patricios de la izquierda nacional. La estrategia iba más allá: estaba dirigida a desmontar una empresa terriblemente ineficiente y que con sus cedazos presupuestales se había convertido en la fuente de financiamiento más importante de los movimientos contestatarios y sus mesías iluminados.
El operativo fue implementado con una eficacia inquietante. Se escogió con sospechosa puntería el día, la hora, los espacios y las circunstancias. El sindicato no se había preparado realmente para una posible toma de sus instalaciones, cuando existían muchos elementos que permitían sospechar la inminencia de una posible requisa o apropiación. La policía federal, que con regularidad se ve rebasada o sorprendida por el crimen organizado, se mostró cruelmente eficaz ante trabajadores adormilados y algunos incluso bebidos luego del festejo del triunfo futbolero. Ojalá viéramos estos desplantes contra las fortalezas de los capos, y en los espacios de nuestra geografía que están fuera del control del Estado mexicano.
Por supuesto que el SME y sus usos y costumbres eran indefendibles, incluso para la izquierda honesta. Pero lo que vimos fue una blitzkrieg avasallante que dejó en el suelo y sin empleo a 66 mil jefes de familia. Podemos transigir en que era urgente poner orden en el sistema energético de la zona centro del país, y tapar la fuga milmillonaria que representaba para un erario depauperado el sostenimiento de una casta divina y sus subsidios para las movilizaciones de izquierda. Pero ¿por qué comenzaron con el SME? Un derrame financiero mayor se hubiera podido tapar declarando la quiebra de PEMEX y su necesaria requisa, defenestrando al SNTPRM con todo y sus líderes-jeques. O bien ejecutando una medida drástica contra el charrismo en la SEP, donde se sigue comerciando con las plazas y las promociones, y los líderes se proveen de Hummers que luego, si los ventanean, rifan. Se me antoja sospechar una razón para ello: el sindicato petrolero es aliado histórico del PRI y coquetea con el PAN, y el sindicato magisterial se ha convertido en el soporte imprescindible del PAN, gracias a doña Elba Esther y sus prosélitos enquistados en las filas de la SEP y el gobierno federal.
Había que poner orden. Pero eso sí: que se haga la voluntad del presidente en los bueyes de mi compadre.
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Y termino con una nota personal de protesta en contra de la irrupción de elementos del ejército en la comunidad de Lebaron, de los mormones de Chihuahua. Tres soldados embozados y vestidos de civil irrumpieron en una celebración familiar. Los mormones, que ya habían anunciado su voluntad de defenderse, lo hicieron ante la evidente agresión armada por parte de desconocidos que no se identificaron. Hubo un militar muerto y ahora se acusa a varios miembros de esta expacífica secta de asesinato. ¿Qué nos pasa?

martes, 13 de octubre de 2009

Guanajuato capital: nuevo comienzo

Guanajuato capital: nuevo comienzo


Por: © Luis Miguel Rionda ©


Publicado en el de Guanajuato.

El sábado tomaron posesión los nuevos 46 ayuntamientos de Guanajuato. Ya es bien conocido que el mapa político local se modificó fuertemente: se decoloró su azul previo y se multiplicó el rojo priísta. Pero hubo una victoria que al viejo partido de la revolución institucionalizada le supo a gloria: la reconquista de Guanajuato capital. Una ciudad insignia, símbolo de un liberalismo suavizado que con trabajos puede mantenerse dentro de un entorno regional altamente conservador.
La ciudad de Guanajuato es diferente. Lo es no sólo porque concentra los poderes del estado, sino también las luces de la educación y la cultura de la región. Y lo ha hecho por mucho tiempo, al menos desde el siglo XVIII cuando su espíritu jesuítico llevó a sus mineros y clases medias a levantarse en contra del autoritarismo de un Virrey lerdo y lejano.

La universidad estatal ha contribuido mucho al fortalecimiento de ese sentido de particularidad. Los letrados de ese terruño, todos profesores o estudiantes de la institución, impulsaron en los años cincuenta un florecimiento intelectual pocas veces visto en otras provincias de México. Y el fogonazo cultural universitario fue seguido por otros chispazos brillantes, uno de los cuales terminó por establecer a esta ciudad dentro del mapa artístico y cultural del mundo: el nacimiento del Festival Internacional Cervantino en 1972.
Es por este prestigio, más su cualidad capitalina, que los partidos se disputan con especial intensidad el gobierno de este caserío barroco donde se atiborran 120 mil personas. Además del ineluctable PRI, Guanajuato ha sido gobernado por el PDM, el “gallito colorado”, entre 1982 y 1985; por el PRD entre 2000 y 2003, y por el PAN entre 2006 y este año que termina.
La propuesta común del PRI y el PRD con Nicéforo Guerrero a la cabeza, se ha hecho ahora del gobierno municipal, y lo lograron contra todos los vaticinios y encuestas, ya que enfrentaron a una propuesta fuerte del PAN y a una maquinaria propagandística impresionante, que llenó al candidato Chowell de confianza en demasía. Además el candidato de la alianza no parecía representar mayor amenaza por su desarraigo. Pero su imagen bonachona, su lenguaje mordaz y socarrón, más una campaña hiperactiva y “de a pie”, dieron estos resultados que a muchos nos sorprendieron.
La nueva administración se estrena con la esperanza de que la amplia experiencia del nuevo presidente municipal, miembro de una de las familias de más prosapia en la política y la cultura locales, se refleje en la eficacia del gobierno en la provisión de servicios y desarrollo a la ciudad y sus comunidades. No se extrañará demasiado el estilo desenfadado de su predecesor. Ya es hora de darle seriedad a la función municipal.
Por cierto: ¿qué pasó con el asunto de los terrenos del excandidato panista en las colonias precaristas de Las Bateas y El Edén? El aspirante había prometido que en ellos establecería un dispensario médico gratuito para sus habitantes. Yo opino que hay que honrar la palabra empeñada.

viernes, 9 de octubre de 2009

El discreto encanto de la Reelección

El discreto encanto de la Reelección



Por: © Luis Miguel Rionda ©


Publicado en de León.

En los sistemas políticos competitivos, como lo es de forma creciente el mexicano, el mecanismo de la reelección en el puesto ejecutivo o representativo suele tener efectos benéficos para la consolidación de una clase política profesional y rendidora de cuentas. Pero definitivamente no sucede así en sistemas no competitivos y autoritarios, como lo fue el periodo porfirista en nuestro país, o en casos paradigmáticos como el de Leónidas Trujillo en la República Dominicana, quien gobernó entre 1930 y 1961 hasta que salió de la presidencia con los pies por delante, literalmente. Durante su tiranía trujillista, los ciudadanos dominicanos que querían progresar y tener tranquilidad debían enrolarse en el Partido Dominicano, el del presidente, que ganaba las elecciones con casi el 100% de los votos. Algo muy similar sucedió en Cuba con Batista, y desde 1961 con Fidel Castro. Éste siempre se sometió al “voto popular” para poder mantenerse como diputado en la Asamblea Nacional del Poder Popular, donde a su vez era electo reiteradamente Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba y Presidente del Consejo de Estado. Claro que nunca perdió una elección, hasta su retiro el año pasado, y su porcentaje de votos siempre fue superior al 98%. Por supuesto, en sistemas de partido único las elecciones son plebiscitarias: es decir se vota a favor o en contra del candidato que propone el partido de Estado.
La no reelección presidencial en México tiene raíces históricas muy profundas que explican su adopción: las once veces en que Antonio de Santa Anna fue presidente de la República, los catorce años en que gobernó Benito Juárez –a quien sólo la muerte le salvó de convertirse en un nuevo caudillo-, y luego vendría la Revolución de Tuxtepec de 1876, que llevó a Porfirio Díaz a la presidencia bajo el lema de “que ningún mexicano se perpetúe en el poder y ésta será la última revolución”. Gobernó cuatro años; los siguientes cuatro dejó el gobierno en manos de su incondicional compadre Manuel “el manco” González, y regresó en 1880 para no irse hasta que le echó la fuerza de las armas maderistas en 1911, otra vez bajo el lema de la “no reelección”.
Además de México, en América Latina existe la prohibición absoluta de reelegir al presidente de la República incluso de forma no consecutiva en Paraguay, Costa Rica, El Salvador, Guatemala y Honduras. En Colombia la prohibición se levantó en 2004 para permitir la reelección del zaino y astuto Álvaro Uribe, quien ya está promoviendo una nueva reforma constitucional para poder buscar la presidencia por tercera ocasión en 2014. Se apoya en la fuerza de las armas del poderoso ejército colombiano, armado por el “Plan Colombia” de los gringos.
En Venezuela el histriónico Hugo Chávez ya afianzó su reelección ad perpetuam. En diciembre pasado había declarado que: “si Dios quiere y mi salud lo permite, estoy listo para estar con ustedes hasta el 2019 y el 2021, como el pueblo mande”. El referendo del 16 de febrero pasado hizo realidad el sueño del guajiro, y refrendó así el modelo castrista de la revolución permanente. El “indígena” Evo Morales –pseudo Aymara que sólo habla castellano-, presidente de Bolivia, se adelantó a sus congéneres y desde el año pasado logró la reforma de su Constitución nacional, y además de ampliar los derechos de los pueblos originarios, aprovechó para abrir la puerta de su propia reelección. También el folclórico presidente ecuatoriano Rafael Correa someterá a referendo el próximo día 28 la tercera constitución en doce años de su país, misma que también deja una rendija para una futura reforma que le permita la reelección indefinida.
Y el caso reciente y más patético: el camaleónico ricachón Manuel Zelaya, presidente legal de Honduras aunque hoy expulsado del cargo y refugiado bajo la bandera brasileña, se había alineado a esta gran tendencia de la izquierda autoritaria latinoamericana. Compró las banderas populistas, pero también la categoría de líder “imprescindible” que defiende las mejores causas del pueblo oprimido. Tras el golpe de estado de la oligarquía de la que renegó, el personaje quiere vender su imagen como paladín de la democracia y el estado de derecho. Pero es inocultable que Zelaya fue expulsado por la fuerza debido a los temores de los poderosos de su país de tener que lidiar con un chavista en ciernes que, como todos los paladines iluminados, ven en la propia permanencia la única vía para garantizar la permanencia de la revolución y la salida del pueblo de sus miserias. Puras papas, diría mi madre.

martes, 6 de octubre de 2009

Intolerancia y quema de libros


Intolerancia y quema de libros

Por: © Luis Miguel Rionda ©

Publicado en el de Guanajuato.
También en 15Diario
, cotidiano de Monterrey NL.

Dijo el filósofo alemán Heinrich Heine: “donde se queman libros, se termina quemando personas”. Eso fue en 1820. Un siglo más tarde Alemania, la nación más civilizada de Europa, cayó en una profunda depresión moral y económica luego de la “Gran Guerra” de 1914-1918, que perdió y por lo que se le obligó a pagar onerosos cargos a sus vencedores. Los alemanes cedieron a la tentación del pensamiento autoritario y en 1933 apoyaron el ascenso del partido Nazi y de su líder, el lunático Adolfo Hitler. Este personaje retomó la tradición que había inaugurado la Santa Inquisición siglos antes y arremetió contra los símbolos objetivados de la cultura y la sabiduría humanas: los libros. El 10 de mayo de ese año, los camisas pardas tomaron por asalto las bibliotecas alemanas y quemaron decenas de miles de libros de filósofos, poetas, pensadores, y literatos, a quienes se consideró peligrosos para el régimen excluyente.


Leo en el sitio electrónico de la Deutsche Belle que ese fue el detonante para la persecución y la expulsión de científicos e intelectuales de Alemania. Según el historiador Michael Grüttner, de esta manera comenzó su decadencia como nación privilegiada por la ciencia, pues en pocos años emigraron 24 premios Nobel de Alemania y Austria hacia los Estados Unidos.
Cuando una sociedad acepta e incluso promueve la quema de libros, está avanzando rápidamente hacia la intolerancia y el autoritarismo, así como al atraso moral. La exclusión de otras formas de pensar es una de las manifestaciones más patentes del pensamiento unívoco, ese que no acepta más forma de ver las cosas que la suya propia, y por lo mismo busca imponerla al resto de la sociedad.

Eso es lo que viene ocurriendo en Guanajuato, donde el gobierno estatal y algunos padres de familia rechazan el contenido de ciertos libros de texto oficiales que se emplean en la educación secundaria. Dice uno de los líderes de la fantasmal asociación “Suma tu voz”, Alberto Guerra: “Expresamos nuestro apoyo a la educación sexual basada en valores y nos manifestamos en contra de imposiciones ideológicas y sin perspectiva de familia”. Y sigue: “rechazamos las imposiciones ideológicas en educación sexual tanto en primaria como en secundaria a través de los libros de Ciencias I, Biología y Cívica y Ética para segundo y tercer grado de secundaria”.
Y junto con sus secuaces arremetió contra los libros y los quemaron en la plaza pública de León, a la manera de la inquisición y los nazis.
¿Cuáles son esos “valores” de los que habla este señor? ¿Los suyos o los míos? La educación sexual es una cuestión que debe ser abordada con visión científica y objetiva tanto en casa como en la escuela. Los chicos deben tener información confiable para tomar decisiones pertinentes en torno a su cuerpo y futura vida sexual. Yo no tengo nada contra los valores que otros padres les impongan a sus hijos, pero rechazo que un modelo moral o religioso se convierta en el único. Eso es intolerancia y pronto veremos cómo queman en la plaza pública a los diferentes, a los heterodoxos y a los críticos (uups: ¡como yo!)

viernes, 2 de octubre de 2009

La conquista del Voto en Libertad

La conquista del Voto en Libertad

Por: © Luis Miguel Rionda ©
Publicado en de León.
También en 15 diario cotidiano de Monterrey, NL

El miércoles pasado presentamos el libro Voto en Libertad de la autoría de Juan Miguel Alcántara y Antonio Lozano Gracia, en la librería “Efraín Huerta” del Fondo de Cultura Económica de la ciudad de León. La presentación fue promovida por el Instituto Guanajuatense de Estudios y Ciencias Políticas (IGECIP), que preside el veterano político José Aben-Amar González Herrera.
El evento fue muy concurrido por representantes de la clase política guanajuatense del hoy y del ayer. Vimos a priístas, panistas, perredistas y ecologistas, destacando el decano Miguel Montes García. Por supuesto también acudieron miembros del IGECIP, que son entusiastas de estos encuentros ecuménicos que aspiran a la objetividad académica y no al disenso de las subjetividades. Comenzó José Trueba Dávalos y presentó al presídium; siguió José Aben-Amar con una exposición sobre los contenidos y el sentido del libro, en el contexto de la reflexión serena que permite la distancia temporal.
Santiago López Acosta y un servidor fungimos como comentaristas, y ponderamos los aportes de un texto que aborda un tema sensible, aún debatido en nuestro país: hasta qué punto la cuestionada elección presidencial de 1988 significó el punto de pase entre el sistema autoritario y no competitivo de la posrevolución, y la emergencia de un nuevo esquema de competencia real y democratización política que caracteriza hoy al aparato de representación y gobierno en México. Y dentro de ese momento histórico, cuál es el aporte efectivo del movimiento de izquierda nacionalista que lideró Cuauhtémoc Cárdenas y el Frente Democrático Nacional, en comparación con la paciente y creciente construcción de ciudadanía crítica que impulsó el Partido Acción Nacional desde sus orígenes comprometidos con la “brega de eternidad” de Manuel Gómez Morín, hasta la eclosión del liderazgo impaciente de Manuel Clouthier y los empresarios neopanistas en los años ochenta.
El libro tiene dos componentes: primero, es un testimonio de primera mano por parte de dos testigos privilegiados de los hechos que rodearon la crisis política de los años ochenta, y su culmen en los fraudulentos comicios presidenciales de 1988, que obligaron al sistema hegemónico a permitir la reforma político electoral de 1989, origen del IFE y del COFIPE. Y segundo, es un excepcional esfuerzo de recopilación y análisis documental que abastece a los especialistas y opinadores que aún debaten sobre los acontecimientos fundacionales de la moderna democracia mexicana, desde que en 1946 el gobierno federal se hizo cargo de los aspectos fundamentales de las elecciones nacionales.
Lozano y Alcántara participaron bajo la bandera del Partido Acción Nacional en el complejo proceso electoral de 1988, y llegaron a Cámara de Diputados como integrantes de su histórica LIV Legislatura. Dos jóvenes diputados federales que se involucraron como pocos en la búsqueda de nuevas vías para canalizar constructivamente el creciente malestar de la sociedad mexicana, harta ya del autoritarismo centralista y presidencial que condujo con mano de hierro el desarrollo estabilizador. Fue este un modelo económico que le produjo al país tres décadas de relativa paz y prosperidad, pero que llegó a su límite de eficacia en los ochenta, la década perdida. Pero a su vez, la década que marcó la emergencia del nuevo ciudadano, que se levantó desde las regiones, municipios y entidades para zafarse de la servidumbre impuesta por los poderes centrales.
Los autores hacen un recorrido histórico por esas décadas de monopolio unipartidista del poder, utilizando como hilo conductor la evolución de la normatividad electoral y la conformación de la representación social en el ámbito federal, pero con frecuentes referencias a la situación en las entidades. Nuestros autores son mejor conocidos como abogados penalistas, pero en este libro hacen evidentes su vena académica y su gusto por el derecho electoral y la historia política. Sus descripciones no son formalistas ni aburridas, pues no pretenden nunca imponer un texto con ínfulas tratadistas. Su acercamiento es el del cronista memorioso que gusta participar del recuerdo, pero fundado en una amplia documentación que deje en claro que las opiniones expresadas no parten del tamiz del interés partidista.
Desde el principio ambos colegas dejan en claro que comparten los ideales del liberalismo político panista, y que comulgan con el enfoque civilista de los padres fundadores del partido más orgánico de México. Y desde esa óptica ejercen la memoria buscando ser lo más objetivos posible, sin rehuir el debate con los autores previos que han analizado el momento de quiebre político que significó el 88 y sus secuelas reformistas. Lozano y Alcántara combaten la tan popular noción de que el momento político de ese año trascendental le perteneció a la izquierda, y en particular al movimiento que nació del cisma del PRI, la Corriente Democrática, que galvanizó el autoritarismo presidencial y generó la reacción del sector nacionalista revolucionario del partido hegemónico que daría pie al nacimiento del poderoso Frente Democrático Nacional.
En los capítulos nodales los autores emprenden un debate inteligente con los panegiristas de la insurrección cardenista como elemento casi único de la reforma política que nos dio al COFIPE, al IFE y al Tribunal Electoral. Lo documentan ampliamente presentando evidencias contundentes, documentadas con los discursos, pronunciamientos, publicaciones e iniciativas legislativas que abordan los asuntos urgentes de atender para avanzar en la democratización efectiva de México. Hay un claro deseo de reivindicar el aporte de Acción Nacional en los avances normativos de las reformas consecutivas que permitieron desmontar el viejo alcázar del contradictorio “institucionalismo revolucionario”. Es perfectamente comprensible, porque tanto en los medios de comunicación como entre los analistas y académicos, es más chic abordar la transición mexicana a la democracia como una merced arrancada de las cadavéricas manos del leviatán revolucionario, por parte de los nuevos mesías de las buenas causas del pueblo proletario. No vende mucho, no es seductor reconocerle méritos a catrines clasemedieros, y para colmo mochos, que durante décadas no abandonaron el largo sendero que les permitió construir esa nueva ciudadanía que en los noventa renegó del priísmo arcaico. Si hoy gozamos de una democracia liberal en lo político es en buena medida debida a la acción educativa de los panistas fundacionales, que nos legaron ciudadanía y mística opositora.
Las habilidades de negociación del panismo, oposición leal que siempre supo que “quien opone apoya”, como decía Jesús Reyes Heroles, permitió encontrarle una salida constructiva al conflicto postelectoral que desató el fraude salinista.