viernes, 27 de noviembre de 2009

Un nuevo campus universitario

Un nuevo campus universitario



Por: © Luis Miguel Rionda ©



Publicado en Milenio de León.

El miércoles 25 se inauguró en el municipio de Yuriria un espléndido edificio que albergará la Unidad Sur del Campus Irapuato-Salamanca de la Universidad de Guanajuato. Se anunció que el inmueble y las instalaciones significaron más de 126 millones de pesos, y que en ellas podrán trabajar en lo inmediato siete profesores de tiempo completo y 212 estudiantes de siete licenciaturas. Sin duda es una obra con calidad de primer mundo, donde por su amplitud y comodidad se antoja mucho estudiar, dar clase o investigar. Yo mismo laboro en un edificio idéntico, inaugurado hace apenas dos años en el Campus León, donde nos apretujamos los 543 estudiantes, una quincena de profesores de tiempo completo, y como medio centenar de trabajadores administrativos y de apoyo, incluyendo la Rectoría de nuestro campus. Eso quiere decir que en Yuriria estarán bastante cómodos, hasta que logren reclutar el millar y pico de estudiantes que pretenden acomodar en más de una docena de programas académicos existentes o por abrir.
Al evento inaugural concurrieron representantes de los tres órdenes de gobierno: el gobernador Juan Manuel Oliva, la presidente municipal Ángeles Lopez “La Güera”, y la directora de Educación Superior de la SEP, Sonia Reinaga. También participó el secretario ejecutivo de la ANUIES, Rafael López Castañares. Por supuesto acudió casi toda la plana mayor de la universidad, liderados por el Rector General, los rectores de los cuatro campii, y el director del nivel medio superior. Alrededor de un millar y medio de personas llenaron el amplio patio central del recinto, entre políticos, académicos, diputados, periodistas, clubes de servicio, fuerzas vivas locales, y estudiantes propios y ajenos.
Me alegró mucho el estreno de esta instalación porque debo presumir que, junto con el maestro Artemio Guzmán, colaboré en la definición y apertura de lo que en un tiempo denominamos Campus Sur; esto fue durante los años del 2006 al 2008. Nuestro Rector, el doctor Arturo Lara, había logrado convencer a los presidentes municipales de Moroleón, Yuriria y Uriangato de trabajar juntos, y apoyar la instalación de una unidad de la Universidad de Guanajuato en esa región, tan abandonada por la educación superior pública. Pronto contó con la simpatía del gobernador Oliva, que ha convertido en distintivo de su gestión la multiplicación de la oferta educativa superior.


Es de justicia rememorar que la administración municipal yuririense del doctor Guillermo Zavala Alcaraz -hoy diputado local- había dado los primeros y más contundentes pasos hacia este fin. Fue él quien concretó la donación del amplio terreno en la colina, y logró hacer colaborar a los alcaldes Anastacio Rosiles de Uriangato y Adrian Sánchez Contreras de Moroleón. Las administraciones siguientes de Gerardo Gaviña en Yuriria, Rafael Zamudio en Moroleón y Carlos Guzmán en Uriangato, sostuvieron el compromiso de sus predecesores y consolidaron el proyecto. Eso nos permitió abrir nuestras primeras inscripciones en julio de 2007, en las instalaciones rentadas de la Escuela Preparatoria Federal por Cooperación Lázaro Cárdenas, en medio de las expectativas de los lugareños.
Los tres municipios originales poseen una población en edad escolar pertinente de 21 mil 700 chicos. Pero su egreso efectivo del bachillerato es de 900 jóvenes, que se incrementan a casi mil 500 si incluimos el egreso de Salvatierra, a tiro de piedra del nuevo campus. Se busca también recibir estudiantes del norte michoacano: Cuitzeo, Santa Ana Maya, Copándaro, Zinapécuaro, Puruándiro, incluso la misma Morelia, pues se busca competir con calidad ante la universidad nicolaíta. Recuerdo que un colega de su Facultad de Derecho me comentó que de los 7 mil estudiantes de esa facultad, alrededor de un décimo procedían del sur de Guanajuato.
Ojalá pronto se concrete el buen deseo que expresó el gobernador en su mensaje: que las nuevas instalaciones de Yuriria pronto se asuman como un campus independiente de Salamanca, para acercar aún más la atención a las necesidades regionales concretas. Entre ellas está la atención al lastimado entorno natural del sur guanajuatense, y por eso me pareció un gran acierto que el gobernador insistiese en la apertura prometida de la licenciatura en Gestión Ambiental, anunciada en la colocación de la primera piedra el 24 de mayo de 2007. Fue un reto interesante que espero recoja el rector del Campus Irapuato-Salamanca, el maestro René Jaime Rivas, a quien también felicito por el suceso. Lo mismo sucede con la vocación turística de la región, tan desaprovechada.
La ubicación del nuevo campus, para quien quiera consultarla en Google Maps, es +20° 13' 4.74", -101° 6' 6.20"



martes, 24 de noviembre de 2009

Población y Desarrollo

Población y Desarrollo


Publicado en el de Guanajuato, y en 15Diario de Monterrey.

A pesar de que en el estado de Guanajuato vivimos más de cinco millones de personas en poco más de 31 mil kilómetros cuadrados -lo que la hace una de las entidades más densamente pobladas del país- realmente se ha hecho poco en torno al estudio y comprensión de la dinámica demográfica de este espacio social. Incluso se han dado pasos de cangrejo, como sucedió en 2003 cuando el gobierno estatal dispuso la desaparición del Consejo Estatal de Población (COESPO). Este organismo, creado en 1987 durante el gobierno de Corrales Ayala, cobró un impulso importante como instancia de de planeación y evaluación de la política poblacional del estado a fines de la administración de Carlos Medina, durante el año de Ramón Martín Huerta, y en los primeros tres de Romero Hicks. El COESPO apoyó y participó en numerosos esfuerzos de investigación y definición de estrategias, con el apoyo del Consejo Nacional de Población, El Colegio de la Frontera Norte, la Universidad de Guanajuato, y otras instancias relacionadas con el tema.
Por eso fue incomprensible la decisión de desaparecer la instancia, y no darle continuidad a los trabajos de investigación demográfica, poblacional, de género y de migración que había emprendido el defenestrado organismo. La Unidad de Planeación que le sucedió formalmente no dio secuencia a trabajos tan importantes como el anexo guanajuatense a la Encuesta de Migrantes en la Frontera (EMIF) que año con año levanta el Colegio de la Frontera Norte.
En la actual administración estatal ha habido un intento de retomar la participación activa en la definición de políticas poblacionales locales, a partir de la instalación del Instituto de Planeación del Estado de Guanajuato (IPLANEG), cuyo consejo consultivo ciudadano se ha mostrado muy interesado en que se profundice en el tema poblacional y que se genere conocimiento pertinente sobre el comportamiento demográfico de las comunidades guanajuatenses. Este interés se confirmó con el establecimiento este año del Observatorio Ciudadano de Población y Desarrollo, al que fui amablemente convocado como parte del grupo de apoyo de la Universidad de Guanajuato, Campus León.
Ayer se firmó un convenio entre el IPLANEG y el Consejo Nacional de Población (CONAPO), que juzgo de gran trascendencia para consolidar un espacio de reflexión entre el sector público, el privado –por medio del consejo consultivo- y el social –por medio del observatorio ciudadano- sobre la cuestión poblacional. No es cosa menor, sobre todo cuando recordamos que México ha podido superar muchos rezagos sociales gracias a que en los años setenta se aplicó una política de control natal inteligente y efectiva. Si no hubiese sido así, hoy día nos ahogaríamos en problemas mucho mayores que los que padecemos, ya que seríamos 150 millones, y no 107. Es evidente que los sectores conservadores ven con desconfianza la intervención del Estado en la materia, ya que relacionan el control natal con el demonio redivivo. No es así. Es simple sentido común: somos demasiados, mal distribuidos y peor integrados al entorno. Hay que hacer algo.

viernes, 20 de noviembre de 2009

Diez y siete

Diez y siete

Por: © Luis Miguel Rionda ©

Publicado en Milenio de León.
Son los estados cuyos legislativos han aprobado reformas constitucionales en respuesta a obvias presiones que ejercen los sectores más conservadores del país sobre los dos institutos políticos más importantes, el PRI y el PAN. Diez y siete constituciones que han adoptado la premisa -falsa desde mi punto de vista- de que el respeto a la vida se traduce en el reconocimiento de la calidad humana a un cigoto en mitosis reproductora. Diez y siete congresos que han legislado al vapor un asunto de enorme trascendencia para un número igual de sociedades regionales, que se pretenden modernas, informadas y tolerantes.
El 14 de septiembre pasado Denise Maerker puso en evidencia en un artículo para el El Universal que el PRI, a pesar de asumirse con ideología socialdemócrata y de pertenecer a la Internacional Socialista, ha dado un viraje radical hacia la derecha en el tema de la penalización del aborto. Eran 15 los estados que entonces habían modificado sus constituciones; sólo faltaban dos para promover su asunción a reforma federal. Cito a Maerker: “De 187 legisladores priístas que han sido invitados a pronunciarse sobre iniciativas que implican la penalización de las mujeres por interrumpir sus embarazos: 172 han votado a favor, 15 en contra y 3 se han ausentado. En el 60% de los 15 estados en los que se ha modificado recientemente la constitución para ‘garantizar la protección de la vida desde la fecundación’ el PRI gobierna y tiene mayoría en el Congreso local.”
La antropóloga Marta Lamas declaró recién que en los años ochenta el PRI había apoyado iniciativas muy liberales sobre el tema de la libertad femenina de decisión sobre su cuerpo. Mucho tiempo antes que en el DF, en estados como Yucatán se había abierto la posibilidad de que la mujer optara por interrumpir su embarazo por motivos socioeconómicos. Y en general en las entidades gobernadas por ese partido los códigos aceptaban varias excepciones dentro de la prohibición del aborto en gestaciones avanzadas.
Curiosamente en Guanajuato ese partido evitó montarse -hasta donde pudo- en la ola nacional. La iniciativa fue presentada en el congreso local por la bancada panista, y en la sesión del 8 de mayo fue rápida y apretadamente aprobada por el 70% de los diputados, porcentaje necesario para modificar la constitución. En diez minutos los 23 representantes del PAN, más la diputada del PT (!) y dos diputados priístas -una mujer y un hombre, que después serían expulsados- garantizaron ese mínimo. Cuatro priístas, los tres perredistas y los dos verdes abandonaron la sesión. Un diputada priísta se ausentó.
En el diario de debates llama la atención que casi todos los diputados panistas “adornaron” sus votos con expresiones como “a favor de la vida, del embrión y de la mujer, ¡sí!”; “por la mayoría de mujeres que sí quieren la vida, ¡sí!”; “a favor de la vida, por todas las que la aman, ¡sí!” -emitidas todas por varones-. En cambio los tres opositores -dos de ellos mujeres- sólo pronunciaron un parco “sí”. Supongo que en algo les remordió la conciencia.
No es extraño que el PAN asuma la posición “Pro-Vida”, pues desde sus orígenes ha comulgado con la posición de la iglesia católica y los grupos conservadores sobre este tema. Se trata de una visión fundamentalista que se basa en el dogma de que la “persona humana” existe desde la fecundación. Esto es totalmente debatible, pues este concepto es definido así desde la vieja noción de que el “Hombre” fue creado a imagen y semejanza de Dios. Y no se puede exterminar lo divino. Pero si aceptamos la noción más científica y antropológica de que el ser humano es un animal más, que construye su “humanidad” desde lo social y no desde lo biológico, podemos sostener la convicción de que la “persona” sólo existe en función de su vínculo efectivo con la sociedad. Lo “humano” y el valor denominado “derecho a la vida” son relativos a momentos históricos concretos y a sociedades específicas. No existen como “valores universales” pues admiten demasiadas excepciones, incluso en nuestra propia realidad occidental y contemporánea.
Pero por supuesto, esta es una simple opinión personal. Pero la hubiera defendido en los debates que nunca se dieron. Las mayorías, incluso las artificiales, siempre se asumen como posesionarias de la única verdad. Así lo creyeron fascistas y comunistas.

martes, 17 de noviembre de 2009

El Desarrollo Regional y la AMECIDER

El Desarrollo Regional y la AMECIDER


Por: © Luis Miguel Rionda ©

Publicado en el de Guanajuato.
El viernes pasado culminaron cuatro días de trabajo académico del XIV Encuentro Nacional de la Asociación Mexicana de Ciencias para el Desarrollo Regional (AMECIDER). Más de 300 ponentes y cien asistentes se reunieron desde el martes 10 en las cómodas instalaciones con que cuenta la Universidad de Guanajuato en el Forum Cultural de León, donde se ubica su Departamento de Estudios Culturales. La organización corrió cargo de la propia asociación y de la División de Ciencias Sociales y Humanidades del Campus León de la UG.
Los estudios e investigaciones regionales tienen una tradición relativamente reciente en nuestro país. México inició su trayectoria como país independiente heredando dos modelos de organización política altamente centralizados: primero, el arquetipo proveniente de la península ibérica, donde la guerra contra los moros obligó a una concentración del poder en las manos de los monarcas de Castilla, región que acaparó las capacidades del naciente estado español y ahogó las autonomías regionales. Segundo, el esquema imperial de los aztecas, que controlaban con mano férrea territorios de extrema variación cultural. Por eso fue tan absurdo que el país que nació en 1821 se diera una constitución federalista en 1824, imitando el modelo norteamericano sin considerar el propio; así lo hizo ver el diputado constituyente Fray Servando Teresa de Mier en su famoso “discurso de las profecías”, donde aseguró que el federalismo en los Estados Unidos unió lo dividido y en México dividiría lo ya unido.
Por la fuerza de los hechos el centralismo se impuso durante todo el siglo XIX y por supuesto en el XX. Las regiones se mantuvieron debilitadas por el poderoso presidencialismo imperial mexicano, así como por una ideología nacionalista que negó el componente local dentro de la matriz cultural “nacional”. Ser regionalista equivalía a ser considerado retrógrado y reaccionario.
Pero la formación nacional mexicana ha madurado y necesariamente ha reconocido la importancia de las regiones y su desarrollo. Al menos desde los años setenta han surgido movimientos sociales y políticos que reivindican la importancia de la región para sostener un modelo nacional viable. El desarrollo regional se convirtió en una estrategia sobre la que comenzaron a voltear gobiernos y actores sociales. La academia no podía ser la excepción.
La página electrónica de la AMECIDER señala como antecedente de esa asociación un encuentro de académicos regionalistas realizado en 1975 en la ciudad de Guanajuato: el Primer Coloquio Internacional sobre Desarrollo Urbano y Regional. A partir de 1994, año de su fundación, la AMECIDER ha venido realizando sus encuentros anuales en diferentes lugares del país.
La Universidad de Guanajuato no ha sido insensible a la necesidad de estudiar y estimular el desarrollo regional. Desde 1999 cuenta con la licenciatura en Desarrollo Regional, que se ofrece en Salvatierra y en León. Mediante los cuerpos profesorales de la División de ciencias Sociales y Humanidades del Campus León se continuará estudiando las características particulares del desarrollo de México, Guanajuato y sus regiones.

viernes, 13 de noviembre de 2009

Los Muros

Los Muros




Publicado en Milenio de León, y en CEIPOL.

Los 20 años de la caída del muro de Berlín fueron celebrados con fausto y estrépito en Alemania y en toda Europa, lo que además sirvió de pretexto para subrayar el protagonismo compartido que han forjado ese país y Francia. Los 27 países miembros de la Unión Europea suelen respaldar los acuerdos cocinados entre esos dos estados dominantes. Y es de llamar la atención que estos dos viejos enemigos, reñidos al menos desde la humillante derrota francesa en la guerra con Prusia de 1870, tengan ahora una alianza tan llamativa, que viene de refrendarse ante la tumba del soldado desconocido francés en el arco del triunfo parisino. Por supuesto, hace ya casi 70 años que terminó la última confrontación armada entre estos dos contendientes, y hace 20 se resolvió la “cuestión alemana”, que tenía su expresión más cruda en el ignominioso muro que dividía la ciudad de Berlín desde 1962.
Si las fronteras políticas son inventos humanos para dividir artificialmente a sus componentes nacionales, raciales, religiosos o ideológicos, los muros son la expresión más concreta y chocante de esa discordia. Las naciones y los conjuntos sociales se imponen límites mutuos, basados la mayoría de las veces en la imposición por el poder de las armas de prejuicios inveterados que con frecuencia no son más que la evidencia de la incapacidad para aceptar las diferencias y nuestros intereses egoístas. El muro de Berlín no dividió a un pueblo; lo que hizo fue dividir dos sistemas de vida, dos maneras de percibir la realidad y a dos hegemonías hemisféricas producto de la pírrica victoria aliada sobre los nazis. Lo construyeron los alemanes del este con el apoyo de los soviéticos, para detener la fuga demográfica y económica que representaba una frontera semiabierta. Ya desde entonces era evidente el hedonismo consumista occidental, y la incapacidad socialista para garantizar la productividad económica. Un muro que fue denunciado por el llamado “mundo libre” como una vergüenza internacional producto de la incapacidad del socialismo real para generar bienestar a su población.
Las fuerzas reales de la economía y la política internas presionaron fuerte para lograr la apertura y la liberación del “bloque soviético”, y terminaron resquebrajando el monolito hasta hacerle tronar en 1989 cuando cayó físicamente el muro, y en 1991 cuando se hundió el Estado soviético. Quedó evidenciado que los muros no impiden la acción incontenible de las energías macroeconómicas: donde existe demanda, habrá oferta; por ello los “mercados negros” y la incapacidad de un sistema sin competencia de generar bienes y parabienes condujeron a la quiebra económica y política del socialismo.
Ahora bien, la historia nos debería dejar enseñanzas valiosas como la anterior. Pero no ha sido así, ya que padecemos dos ejemplos vergonzosos de nuevos muros que se levantan entre naciones: el muro del odio que desde 2002 divide a israelíes y palestinos, que se ha construido a lo largo de 600 kilómetros donde se despliega tecnología y armamento para impedir el paso de los segundos hacia los territorios conquistados por los primeros. Y en el otro lado del mundo se está construyendo desde 1994 un muro doble, a veces triple, de concreto y acero entre México y los Estados Unidos que abarcará, cuando esté culminado, casi un tercio de los 3 mil kilómetros de frontera entre los dos países. Este “muro de la tortilla” busca impedir que los cientos de miles de inmigrantes ilegales mexicanos, centroamericanos y de otras naciones crucen la línea imaginaria en busca de empleos y oportunidades. Diez mil muertos se han acumulado desde entonces en la contabilidad macabra de decesos provocados por los intentos fallidos de cruce, lo que la convierte en la frontera más mortal del mundo. Israelíes y estadounidenses buscan tapar con un dedo el agujero en el farallón, pero el océano de las fuerzas económicas terminará por carcomer y arrastrar los muros, que aunque inútiles, seguirán construyéndose en el vano intento de detener lo incontenible. Diremos entonces como los alemanes: ¡viva la libertad!

martes, 10 de noviembre de 2009

Aniversarios

Aniversarios

Por: © Luis Miguel Rionda ©

Publicado en el de Guanajuato, en 15 Diario de Monterrey, y en CEIPOL.
En los últimos tres años de la década que acaba, los aniversarios están cayendo sobre nosotros como gruesas gotas de aguacero intempestivo. Todo parece haber ocurrido hace cincuenta, cien, doscientos, o hace cuatrocientos años. Por supuesto es una impresión subjetiva, basada en que la memorabilia reciente ha referenciado eventos de gran trascendencia, como el telescopio de Galileo que hace 400 años rasgó los secretos de un universo que se quería inmutable y divino, y que resultó cambiante e imperfecto. O bien los 200 años de la “guerra de independencia” española, que se festejó el año pasado para rememorar la valiente respuesta del pueblo ibérico contra la invasión napoleónica, que en otro lares había sido aceptada sin mayores estertores populares por su aparente carácter de “liberadora” de los pueblos europeos oprimidos por las monarquías.
Ese mismo año, y relacionado con el anterior aniversario, el gobierno del Distrito Federal se ocupó de festejar los 200 años de la intentona del Ayuntamiento de la ciudad de México de independizar la colonia de la ocupada España, que resultó en la destitución violenta del virrey Iturrugaray el 15 de septiembre, y el asesinato del regidor Primo de Verdad, primer mártir de la independencia mexicana.
Por supuesto, el 2 de octubre de 2008 marcó de nuevo la traumada conciencia política de nuestro país. Ya suman 40 los años transcurridos, y los que conservamos el recuerdo del momento -yo no olvido una fotografía que circuló en la prensa con docenas de zapatos abandonados por los aterrados manifestantes, algunos de ellos muertos en la balacera indiscriminada creemos que jamás podrá cerrarse una herida que como esta, tardó en sangrar.
Este año de 2009, ya agonizante, fue fértil en aniversarios gozosos o penosos. Hace 200 años nació Edgar Allan Poe, mi escritor favorito en lengua inglesa, que definió el romanticismo oscuro de una época convulsa en un país que no terminaba de inventarse a sí mismo. Y en el mismo año nacieron Nicolai Gogol y Charles Darwin; el primero fue uno de los cuentistas rusos de tipo costumbrista que mejor retrataron a una sociedad rusa predominantemente rural que abandonaba el feudalismo y que se modernizaba penosamente imitando a Europa. El segundo, un científico naturalista que con la publicación -hace cien años- del libro El Origen de las Especies se convirtió en el pensador que más ha transformado nuestra concepción del papel que, como seres humanos, jugamos en el amplio espectro de la naturaleza y el tiempo enorme, retirándonos de la soberbia mística que nos hizo creer sublimes, hechos a imagen y semejanza de Dios.
Nos acercamos ahora al año de los bicentenarios, y de nuevo tendremos momentos para la rememoración de personajes y sucesos que nos definen como herederos de tiempos pasados que permitieron, como sentenció el filósofo medieval Bernardo de Chartres, ser “como enanos sobre hombros de gigantes.”