martes, 30 de marzo de 2010

México social, 2

México social, 2


Publicado en el de Guanajuato.

También en Eje Central, El Poder de las IdeasCEINPOL

También en iGeTeO.
El miércoles y el jueves de la semana pasada se desarrolló en la ciudad de Guanajuato el encuentro “Diálogos del bicentenario, por un México social”, bajo los auspicios del periódico Correo, la Universidad de Guanajuato y el Centro de Estudios e Investigación en Desarrollo y Asistencia Social A.C. (CEIDAS). La hermosa biblioteca “Armando Olivares” sirvió de digno marco. El seminario significó una espléndida oportunidad para abordar críticamente los temas sociales que hoy inquietan a los mexicanos ante la falta de claridad en las políticas públicas involucradas: el modelo de desarrollo, la generación de empleos en cantidad y de calidad, la reforma educativa siempre pendiente, el acceso a servicios de salud y la nueva morbilidad, la reforma fiscal para la equidad, y otros temas que desataron polémicas de altura.
Foro México Social
Fue un evento con sentido académico –formal, riguroso y orientado hacia propuestas , pero también un suceso con interpretación política –que no partidista . La procedencia plural de varios personajes políticos participantes permitió que se expresaran las visiones ideológicas contrapuestas, que fueron contrapunteadas por los estudiosos del desarrollo social, la política, la educación y las finanzas públicas. Los rectores José Narro (UNAM) y Arturo Lara (UG) inauguraron y clausuraron el evento, lo que ayudó a que los medios nacionales se interesaran en el encuentro. Y valía la pena. Los debates partieron de las intervenciones magistrales de académicos de fuste nacional como Rolando Cordera, Olac Fuentes Molinar, Mario Luis Fuentes, David Kershenobich y Leonardo Lomelí. Cada conferencia fue seguida de una mesa de discusión donde participaron otros académicos, políticos o funcionarios públicos. Políticos como el senador Francisco Arroyo, la exgobernadora de Yucatán Dulce María Sauri, la expresidente del Congreso Ruth Zavaleta, los diputados federales José Yunes, Ma. Cristina Díaz Salazar, Luis Videgaray, Luis Enrique Mercado, Felipe de Jesús Cantú y el senador Rogelio Humberto Rueda. Académicos como Manuel Gil, Fernando Cortés, Fernando Patrón, Ignacio Barradas, Éctor Jaime Ramírez y el que esto escribe.
Me tocó participar en la mesa “Hacia una nueva agenda social”, que partió de la conferencia del convocante del evento, Mario Luis Fuentes, director del CEIDAS. Es un orador sobresaliente: improvisó, con base en notas, una larga alocución, rica en reflexiones y sin duda provocadora. Se hizo la pregunta: ¿existe para México una nueva cuestión social en el siglo XXI? Y dibujó un escenario inquietante, con una nueva agenda determinada por la pobreza de ingresos, de expectativas, de educación y servicios sociales cada vez más inaccesibles. El nuevo escenario social va salpicado por un desánimo generalizado, suicidios juveniles crecientes, inseguridad laboral, adicciones, violencia criminal con homicidios y ejecuciones, y una población temerosa del Estado. Un país donde el llamado “bono demográfico” ha dejado de ser tal; más bien se ha convertido en una tragedia demográfica al vernos incapaces de aprovechar la fuerza de trabajo juvenil para convertirla en motor del desarrollo. En la próxima colaboración sintetizaré los comentarios que emití sobre el mismo tema.

miércoles, 24 de marzo de 2010

México social, 1

México social, 1



Publicado en el de Guanajuato.

También en Eje Central, El Poder de las IdeasCEINPOL

También en iGeTeO.

En colaboraciones previas he afirmado que la mejor función que pueden cumplir los aniversarios y las conmemoraciones es la de constituirse en algo así como postas en el camino, donde el viajero puede detenerse para descansar, evaluar el trayecto transitado y planear la estrategia para continuar la travesía al día siguiente. Es el caso del centenario y bicentenario que celebramos en este año, tan cabalístico para la historia mexicana. Los años diez tienen ese hechizo: son señales de fin de ciclo, asociados con la irrupción violenta de ese pueblo que soporta todo, sí, hasta que revienta.
El gobierno federal y el del estado de Guanajuato han desplegado programas de conmemoración del bicentenario que, al menos en apariencia, amenazan con no superar la superficialidad a que obliga la mercadotecnia y el festejo frívolo y hedonista. El programa federal ha padecido cambios en su conducción y en su concepción, hasta que quedó en manos de los capaces historiadores del Instituto Nacional de Estudios sobre las Revoluciones en México –organismo que mudó de nombre poniendo en evidencia el salpullido que produce la Revolución de 1910 entre los sectores conservadores del país . Los estudiosos le han devuelto a la conmemoración su sentido pedagógico y de reflexión conjunta sobre historia y destino. A nivel local, parece que los criterios que prevalecen son los turísticos y comerciales, no los culturales ni educativos. La Expo, por ejemplo, suena más a Disneylandia que a Salamanca.
Ante la falta de claridad oficial sobre cuál es el sentido a privilegiar en la conmemoración, tiene una importancia especial el que la sociedad organizada y las universidades tengan iniciativas propias sobre la ocasión. Son ellas el reservorio de la reflexión y de la conciencia sobre lo que somos y lo que podemos ser los mexicanos. Me parece que en esa dirección apunta la iniciativa que Correo, casa periodística donde publico esta columna los martes, en conjunto con la asociación civil CEIDAS y la Universidad de Guanajuato, han lanzado para procurar esa cavilación.
Correo, la UG y el CEIDAS nos convocan a participar en el encuentro “Diálogos del bicentenario, por un México social”, a desarrollarse en la ciudad de Guanajuato en la hermosa biblioteca Armando Olivares. Un evento para provocar la discusión acerca de los significados de la conmemoración desde la visión del desarrollo social de nuestro país. Dos días de esta semana, miércoles y jueves, ocupará el encuentro, que dará inicio con una conferencia del doctor José Narro Robles, el rector de la UNAM. Pero le seguirán especialistas de la talla de Rolando Cordera, Olac Fuentes, David Kornshenovich, Carlos Tello Macías y Mario Luis Fuentes, el organizador. Yo comentaré la ponencia de este último, director del Centro de Estudios e Investigación en Desarrollo y Asistencia Social, CEIDAS. Igual harán los doctores Leonardo Lomelí, director de la Facultad de Economía de la UNAM; Gonzalo Hernández Licona, presidente del CONEVAL, y Rogelio Rueda, secretario de la comisión de Desarrollo Social del Senado de la República. Una mesa que promete mucho. Ya comentaré con los lectores mis impresiones del evento la próxima semana.

Momentos previos a la inauguración del Diálogo del Bicentenario. De derecha a izquierda: El Rector de la UNAM, José Narro Robles; el Rector de la Universidad de Guanajuato, Arturo Lara López; el Director del Centro de Estudios e Investigación en Desarrollo y Asistencia Social CEIDAS, Mario Luis Fuentes; el Coordinador del Seminario de la Cuestión Social de la UNAM, Rolando Cordera Campos y David Kershenobich, miembro de la Junta del Gobierno de la UNAM. [Foto y texto de la foto tomados del sitio del CEIDAS en Facebook].


martes, 16 de marzo de 2010

Ética política

Ética política

Publicado en el de Guanajuato, en iGeTeO y en EjeCentral.
No quisiera unirme al coro de opinadores que se han escandalizado por la conducta exhibida por los diputados federales y los líderes partidistas en el match de la semana pasada. Pero ni modo, me siento tentado de opinar. Creo que ese circo era natural en un entorno nacional donde el reclutamiento de las élites políticas se basa más en la zalamería y la apariencia que en las capacidades efectivas tanto profesionales como de ejercicio cotidiano del diálogo respetuoso. Salvo notables y escasas excepciones, tenemos una clase política oportunista y ambiciosa, centavera y corrupta. Pesa más el interés personal o de grupo que el de la nación y de los mexicanos. No hay amplitud de miras, sino un egoísmo ramplón.
Seré ingenuo y diré que un diputado federal debería pensar primero en lo que más conviene a sus 250 mil representados; luego puede ver por el interés del resto de los mexicanos; seguido podría atender el interés de su partido, y sólo hasta el final, porque sí se vale, pensar en lo que le conviene como persona. Ese es el orden que la ética política privilegiaría, si los actores del poder realmente fueran profesionales de su oficio. Pero en México seguimos pensando como Gonzalo N. Santos, que la moral sólo es un árbol que da moras.
Los insultos, incluso los golpes, no son extraños en muchos congresos del mundo. Pero el mal de muchos no es excusa para padecerlo sin hacer algo por evitarlo. La mentira consuetudinaria no es justificable, sobre todo si los mentirosos se desnudan entre sí, exhibiendo la mugre que ha acumulado en sus almas. Por supuesto, en política, como en la vida diaria, en ocasiones es necesario mentir para lograr un propósito moralmente superior; pero es injustificable mentir con reiteración cuando se sabe que el cómplice tampoco tiene palabra de honor, ni honor.
La democracia es sólo un sistema para la representación y el gobierno, pero no garantiza efectividad ni equidad en el ejercicio del poder. Para que la democracia incluya la gobernabilidad y el desarrollo, hay que construir ciudadanía y una cultura política altamente participativa. La vigilancia ciudadana, junto con una creciente ética que los controles y contrapesos impongan sobre la clase política, son las mejores vías para que nuestro sistema sea realmente efectivo y funcional. Desgraciadamente no veo que estos componentes estén presentes en el escenario nacional, sobre todo porque el sistema educativo básico y medio sigue en manos de los peores representantes del autoritarismo y la falsedad. No se está construyendo ciudadanía a partir de la escuela, y en las familias prevalecen los valores tradicionalistas del machismo y irresponsabilidad, que desgraciadamente son semilla fértil en el alma de los chicos.
Los partidos políticos deben reconocer que su función no es servir de agencia de colocaciones, sino constituirse en academias formadoras de profesionales de la política dialogadora y respetuosa. El reclutamiento de sus cuadros debería responder a la premisa del servicio público como apostolado, no como canonjía palaciega y lacayuna.

viernes, 12 de marzo de 2010

Los días de la mujer

Los días de la mujer




Publicado en Milenio de León.

En nuestro país, el día internacional de la mujer -cada 8 de marzo- ha ido cobrando cada vez más importancia desde que fue instituido por la ONU en 1975, el “año de la mujer”. El régimen de Luis Echeverría buscó y logró un destacado protagonismo en este tema, y consiguió que la ONU designara a la ciudad de México como sede de la primera Conferencia Internacional de la Mujer, primera de cuatro se han realizado -la última en Pekín en 1995-. La conferencia se desarrolló del 19 de junio al 2 de julio de 1975, bajo la conducción de un hombre (!): el procurador Pedro Ojeda Paullada. ¿Sería que el régimen vio la cuestión de la mujer como asunto de procuración de justicia? ¿O como fuente de delitos potenciales?
Entonces yo era un adolescente, y el asunto de la conferencia me entusiasmó tanto que durante años conservé un hermoso cartel alusivo en una pared. El logo era hermoso: un rostro-paloma femenino en el que se incluía un signo de Venus y el de rayitas paralelas de la igualdad, referencias al lema del coloquio femenino: “Igualdad, desarrollo y paz”.

México era -y es- un país identificado por su machismo inveterado. Por eso era tan significativo que se albergara a una conferencia de este tipo, con delegaciones de mujeres procedentes de 133 países. Pero el clima político se prestaba: un gobierno con banderas progresistas como el de Echeverría buscaba integrar a las mujeres mexicanas al desarrollo y a los espacios de poder; bueno, al menos en lo declarativo. La conferencia venía a sumarse a otras medidas que reconocieron derechos antes negados a las mujeres, en particular en lo que respecta a su cuerpo y la reproducción. Un ejemplo fue la reforma del artículo 4o. constitucional que se concretó el último día de 1974, que a partir de entonces rezó “El varón y la mujer son iguales ante la ley. Esta protegerá la organización y el desarrollo de la familia.- Toda persona tiene derecho a decidir de manera libre, responsable e informada sobre el número y el espaciamiento de sus hijos.” Precisamente este es el artículo que el presidente Calderón quiso leer como el estatuto que define a la familia como la unión de un hombre y una mujer, con intenciones de reproducción. Por supuesto que esto no es así, ya que la constitución general no define en ninguna parte cómo se integra la familia.
Han pasado 35 años desde la conferencia y el año de la mujer. Los avances en la protección y garantía de los derechos del “segundo sexo” -como lo llamó Simone de Beauvoir- son enormes, pero todavía insuficientes. Y han corrido paralelos a los derechos de las minorías sexuales, el “tercer sexo”, los homosexuales. Aún con resistencias, los sistemas social y político han ido asimilando y adoptando modalidades nuevas de inclusión y vigilancia que le dan a las mujeres nuevas herramientas de defensa.
Desgraciadamente en pleno siglo XXI la situación tiende a involucionar. Los avances logrados por las mujeres mexicanas en los últimos treinta años, así como las conquistas consolidadas en el Distrito Federal en fechas recientes, son amenazados por una ola conservadora y neomachista que busca imponer una concepción unívoca y simplista de lo que es la “familia” humana y el denominado “derecho a la vida”. Y en los espacios de la política también constatamos esa involución cuando se burla el espíritu de la ley electoral para permitir la renuncia a sus curules de las diputadas “juanitas”, para que sus lugares sean ocupados por los machines oportunistas de sus suplentes, verdaderos destinatarios de las codiciadas posiciones.
Ojalá que los derechos de las mujeres no sigan siendo moneda de cambio entre nuestra clase política. Es una lástima constatar que todavía persisten prácticas de discriminación, de explotación y de violencia contra las mujeres de México. La tragedia acumulada de las 350 muertas de Ciudad Juárez sigue siendo una herida abierta. Y el asesinato de mujeres es una constante en el resto del país, incluyendo al muy machista estado de Guanajuato, donde las desapariciones de mujeres son asumidas de inicio por las policías como escapes con el novio, y las violaciones como provocadas por las víctimas (“facilitas que son, ya saben”). Por eso, la liberación definitiva de las mujeres transita necesariamente por la liberación masculina de sus atavismos culturales.

viernes, 5 de marzo de 2010

Informes universitarios, 3

Informes universitarios, 3

Publicado en Milenio de León.
El viernes pasado emitió su primer informe anual el Rector del Campus Celaya Salvatierra de la Universidad de Guanajuato, el maestro Juan Miguel Ramírez Sánchez. Se trata del más pequeño de los cuatro campii regionales en cuanto a su matrícula y número de profesores. Pero esta nueva institución recoge la tradición acumulada por la antigua Escuela de Contabilidad y Administración de Celaya -la ESCACE-, la Escuela de Enfermería y Obstetricia de Celaya, y la Unidad de Estudios Superiores de Salvatierra. A partir de ese basamento se definieron las dos divisiones académicas que integran el campus, y se proyectó ampliar su oferta con nuevos programas de licenciatura como el de ingeniería civil y psicología clínica, con lo que se dan pasos firmes para que la actual división de Ingenierías y Ciencias de la Salud evolucione hacia dos nuevas divisiones con vocación profesional bien delimitada.
Con casi dos mil estudiantes y once programas educativos de licenciatura y dos de posgrado, el Campus Celaya Salvatierra atiende los crecientes requerimientos del oriente y el sureste de la entidad. Casi un 30% de sus estudiantes gozó de algún tipo de beca, que les permite mantenerse en los estudios a pesar de las presiones de la crisis económica. Estos apoyos se vinculan al desempeño académico del alumno, por lo que no son dádivas, sino estímulos al trabajo académico. Un 75% de su matrícula en licenciatura cursa un programa de calidad certificada.
El campus vio reforzada la potencialidad de su comunidad académica gracias a la contratación de nueve profesores con doctorado y seis candidatos a doctor. Se unen a la planta previa de 42 profesores de tiempo completo. Además, logró incrementar su número de profesores en el Sistema Nacional de Investigadores de uno a cinco.
Este campus tiene ante sí el reto de atender una región amplia y diversificada. Hoy día ya cuenta en Celaya con un nuevo y amplio edificio académico recién inaugurado, su biblioteca y mucho espacio para continuar creciendo. Además, pronto iniciarán la construcción de otro edificio similar en Salvatierra, donde se tienen 15 hectáreas que donó el municipio. Ojalá un día veamos nacer otro subcampus en Acámbaro, e incluso en alguno de los municipios de la cuenca del Río Laja. Esta es un área donde la Universidad de Guanajuato carece aún de alguna unidad, con excepción de la Escuela de Nivel Medio Superior de San Luis de la Paz.
Los cuatro campii de la UG, casi sin quererlo, han emprendido un vuelo propio que les llevará a adquirir con el tiempo una personalidad propia, acorde con el entorno inmediato al que sirven e incluso al temperamento cultural de sus habitantes. Los cuatro están creciendo a un ritmo apresurado, que busca recuperar el terreno perdido ante alternativas educativas con menor compromiso social. Seguimos siendo la entidad con menor oferta de educación pública superior con relación a la población demandante, y ese es un lastre que impide la formación de capital humano de alto registro, como el que hoy día exige la sociedad del conocimiento, fundada en una economía de servicios y de información.
En mi espacio laboral, el Campus León, vemos con optimismo las alternativas que nos plantea el futuro de mediano plazo. Aunque la crisis económica le ha pegado fuerte a la capacidad del estado mexicano para emprender proyectos culturales y educativos de envergadura -y como ejemplo podemos ver los desangelados festejos del bicentenario-, quiero pensar que la inteligencia priva al final del camino. Vimos hace poco más de dos meses cómo la cámara de diputados federal enmendaba el recorte presupuestal a las universidades públicas, y destinó diez mil millones de pesos para fortalecerlas. No es Jauja, pero se invierte en educación.
Ya nos anuncian la inminente presencia de la UNAM en el municipio leonés, lo que enriquecería sensiblemente nuestras opciones. Su compañía nos viene bien, pero el Campus León de la UG busca confirmar a la universidad estatal como líder en el concierto público de la entidad. Pero sin importar la adscripción, los universitarios deseamos mantenernos en la brega para contribuir a sacar adelante a este lastimado país; y para eso debemos mejorar nuestro desempeño educativo general.