lunes, 24 de mayo de 2010

Monografías, primero Celaya

Monografías, primero Celaya





Publicado en de Guanajuato.

Ante la aparente superficialidad con que se pretende celebrar el centenario y bicentenario en estas tierras del Bajío, es un respiro saber que existen algunos proyectos con más contenido, tanto histórico como educativo. La Comisión Estatal para la Conmemoración de ambos sucesos acaba de iniciar la publicación de una colección de monografías históricas municipales de Guanajuato. Con esta iniciativa se remedia una inexplicable ausencia en nuestra entidad: no contamos con monografías históricas de la totalidad de los 46 municipios, menos aún de una colección que establezca criterios más o menos homogéneos para que los cronistas locales puedan exhibir las microhistorias de sus regiones y localidades.
Sólo los municipios “importantes” cuentan con monografías históricas, y las existentes son de muy extrema variedad en cuanto a calidad, criterio histórico, veracidad y alcances. Los memoriosos de los pueblos y ciudades pueden ser creativos en extremo, al grado de confundir la verdad histórica con las leyendas que pululan en los villorrios.
La colección a destacar aquí ha gestado su primer producto mediante la pluma del probado escritor de Cañada de Caracheo, Herminio Martínez, hoy cronista de Celaya. Y el libro con que inaugura la colección se llama “Las raíces del viento. Monografía, crónica e historia de Celaya.” Son 200 páginas bien escritas, plenas de información que debe alimentar la conciencia e identidad de los celayenses del siglo XXI.


Herminio es un escritor consagrado, con numerosos reconocimientos nacionales e internacionales. Su maestría en la novelística histórica, así como en la poesía y la narrativa de vuelos estéticos, le facilitan guiar al lector por un bosque de datos que bien puede espantar al neófito. No ahorra información, pero sí la presenta como lo haría un buen chef de cuisine comprometido tanto con el paladar como con la nutrición provechosa. Es un pedagogo nato. Además, su pluma lo obliga a darle a la literatura un papel protagónico dentro de su historia local, y así vemos aparecer poesías, sonetos, corridos y demás versadas populares y cultas, sobre hechos y gentes locales. El arte de la lírica va de la mano de la narrativa histórica.
El coordinador de la colección, el maestro Isauro Rionda Arreguín, promete que todos los municipios tendrán su monografía en este mismo año. Para ello se han comprometido los miembros de la Asociación de Cronistas del Estado, que están ansiosos por contribuir a las conmemoraciones con su aporte de sabiduría localista. Su trabajo no ha sido –todavía- ponderado en suficiencia, pues los festejos se han asumido con una óptica comercial y simplista, donde los personajes se traducen a caricaturas: ridículos polichinelas que se pasean por centros comerciales, y pronto en la feria del Disney-tenario del Bajío.

Los dolorosos procesos de independencia y de revolución social dejaron heridas hondas en la memoria colectiva de pueblos, ranchos y ciudades. Celaya todavía exhibe con orgullo las cicatrices urbanas de la batalla entre villistas y obregonistas. Lo mismo del paso de las huestes de Hidalgo, o de los bandoleros que asolaron la región. Las monografías ayudarán a recuperar la noción de lo propio, nuestra herencia. Recordar que todavía somos mexicanos, y no gringos de segunda.


viernes, 21 de mayo de 2010

Feria de lectura en León

Feria de lectura en León







Publicado en Milenio de León.


La Feria Nacional del Libro de León (FeNaL) me provoca dos reacciones: una de intenso optimismo, y otra de preocupación; la primera al constatar que cada año el evento mejora, y que en lo personal me recuerda la evolución acelerada que experimentó la FIL de Guadalajara desde sus humildes inicios en 1987, hasta el espectacular despliegue actual de 34 mil metros de exposición con mil 200 editoriales y docenas de miles de títulos, lo que la hace una de las mayores ferias del mundo. La segunda reacción, de preocupación, responde a mi personal y relativa percepción de poca afluencia de visitantes leoneses, excepto cuando hay alguna presentación atractiva, en la que los autores locales suelen acarrear a amigos y familiares, o bien por la presencia de algún figurín de la literatura nacional.
Son ya 20 años, apenas tres menos que la FIL, y ya es la cuarta feria del libro más importante del país, según reza el sitio publicitario del evento. Supongo que las otras dos son la Feria del Libro del Palacio de Minería y la Feria Metropolitana del Libro, ambas en la ciudad de México. También la de Monterrey podría entrar en esa puja por las más importantes del país.
La FeNaL se despliega en más de 9 mil metros cuadrados de exposición y 250 puestos –no son stands, por favor- con la misma cantidad de editoriales. Un montón de presentaciones de libros y novedades, así como un programa cultural paralelo, le dan vida al encuentro librero. Pero tal vez la mejor iniciativa fue la del bono “LeeMás-FeNaL”, que dobletea los escasos centavos con que concurren los sufridos lectorales para comprar su cuota anual de libros. Eso no existe, que yo sepa, en ninguna otra feria. Es una espléndida idea, que espero se pueda sostener financieramente en el futuro.
Se dice que en su última edición la FeNaL logró convocar a 99 mil visitantes durante los diez días de actividades del 2009. Nueve mil al día. Es la misma cantidad que reporta la Feria del Palacio de Minería. Lo malo es que muchos de esos visitantes son jóvenes alumnos de educación básica y media, que acuden acarreados por sus profesores. ¿Cuántos serán los que acuden por voluntad propia? Me aventuro a calcular que menos de la mitad. Muy pocos para una ciudad que suma ya más de un millón 300 mil habitantes. Y es que el leonés promedio, el guanajuatense y el mexicano, leen muy poco, y no gustan de gastar su dinero en libros ni en revistas de contenido. Y si un día nos animamos a comprar un libro, a veces obligados por la escuela, buscamos comprarlo pirata, fotocopiarlo o “googlearlo”. No nos parece delito el pirateo en el libro, pero sí en otros vehículos culturales, como el disco compacto musical.

Espero que en poco tiempo veamos cómo la FeNaL desborda sus actuales linderos. Pero para ello hay que trabajar mucho con el reforzamiento de la lectura como hábito cotidiano, como acción placentera que nos pone en contacto con lo mejor de nuestros imaginantes, nuestros creadores y nuestros ensayistas. Hay que crear y criar lectores, y un espacio privilegiado es la escuela en todos los niveles. Pero en la familia es donde el joven mama la lectura. Los libros como adorno de la sala no sirven para fomentar el hábito; pero sí lo hace el observar al padre o la madre que dedica media hora, una hora a la lectura en su sillón favorito, o en la cama junto a al buró, donde los libros compiten con el control de la tele.
Las universidades de León deberían armar sus propias ferias del libro, algunas de ellas especializada en campos del conocimiento. Lo mismo podrían hacer las cámaras empresariales, los clubes de servicio, los círculos de estudio y otras colectividades. También se podría impulsar la lectura electrónica mediante la distribución gratuita de libros sin derechos de autor vigentes. Y agregar formas alternas de lectura: audiolibros para débiles visuales, lecturas en Braille, maratones de lectura, talleres literarios, etcétera.
Pero hay que aplaudir la buena organización y la renovada proyección de la FeNaL al ámbito nacional. Ojalá la feria un día se constituya en un destino turístico, como ya lo es la FIL, que es capaz de llenar los hoteles de Guadalajara durante una semana. Al tiempo.


martes, 18 de mayo de 2010

Día del estudiante 2010

Día del estudiante 2010





Publicado en de Guanajuato.


Publicado en Eje Central, El Poder de las IdeasCEINPOL

Cuando converso con mis estudiantes en la Universidad de Guanajuato me sigue impactando cómo impera el desconocimiento sobre el origen del “Día del estudiante”. Se ha impuesto la “tradición” de celebrarlo en mayo -nadie sabe por qué- y con un programa tan previsible como superficial: misa, desfile, bailongo grupero y reventón etílico hasta madrugar. Pachanga pura pues.

Sobre el origen del día del estudiante he escuchado versiones confusas y erróneas: que dizque el “padre Pollo” lo impuso; o bien que así se ensalza la primavera; hay quien dice que debe corresponder al día del maestro; o que dizque equivale al spring brake gringo... Nada más lejos de la realidad. Hay que aclarar que el día del estudiante se conmemora en México el 23 de mayo. Pero como cae en domingo se adelantó para el miércoles, a la mitad de la semana. El 21 se celebra el día del estudiante politécnico y el 17 el día del estudiante técnico.
En otros países varían fecha y motivo: en Argentina se celebra el 21 de septiembre desde 1902, al arranque de la primavera austral y en recuerdo del educador Domingo Sarmiento. En Venezuela se realiza el 21 de noviembre, en recuerdo del levantamiento estudiantil de 1957 en contra de la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez. En Panamá se celebra el 27 de octubre, desde 1948, por razones que desconozco. Existe también el Día Internacional del Estudiante, decretado por la ONU en 1941 en conmemoración del asesinato a manos de soldados nazis de nueve estudiantes en Praga, el 17 de noviembre de 1939.
La Federación de Estudiantes de Guadalajara -los célebres “Tecos”- conmemoran el 23 de octubre como día del estudiante “autonomista” en recuerdo de su movimiento opositor de 1933 al establecimiento de la educación socialista callista.
La iglesia católica promueve la adoración del santo adolescente italiano Domingo Savio, estudiante de San Juan Bosco, quien murió en 1857 ejemplificando las virtudes beatíficas del alumno dócil y consagrado al estudio. Muchos estudiantes católicos lo han adoptado como su santo patrono, particularmente en periodo de exámenes.
El 23 de mayo en México se deriva de la conmemoración de la represión que sufrieron varias docenas de estudiantes de la escuela de Medicina de la Universidad Nacional de México el 23 de mayo de 1929, en la Plaza de Santo Domingo, que se manifestaban a favor de la libertad de cátedra y la autonomía universitaria. Era un movimiento que buscaba preservar a la universidad pública libre de las presiones de los gobiernos post revolucionarios, que quisieron imponer la ideologización de la educación superior. Vid artículo de Renate Marsiske, del Centro de Estudios sobre la Universidad, UNAM.

Octavio Rodríguez Araujo, académico de la UNAM, explica el alcance de ese movimiento:
“La autonomía de la UNAM […] no fue una graciosa concesión de las autoridades gubernamentales. Fue una lucha, de estudiantes y profesores en México, una conquista resultado de la petición estudiantil del 23 de mayo de 1929, petición precedida de movimientos y huelgas, por parte de los estudiantes, y de represión por parte del gobierno. Esta lucha fue contra la intromisión del gobierno en la vida universitaria y en la orientación de sus planes de estudio, intromisión que inhibía el pensamiento libre y, por lo mismo, la libertad de cátedra en una lógica de pluralidad y universalidad de corrientes de pensamiento. Era, para decirlo en términos de ahora, la lucha contra el pensamiento único y oficial de quienes detentaban el poder. Por eso, precisamente, la lucha por la autonomía comprendía principalmente un binomio indisoluble: autogobierno de los universitarios y libertad de cátedra (y de investigación).”

viernes, 7 de mayo de 2010

¿Panzas verdes o rozadas?

¿Panzas verdes o rozadas?



Publicado en Milenio de León.

Publicado en 15Diario

El deporte organizado, profesionalizado y comercializado es uno de los componentes simbólicos más destacados de la civilización liberal-consumista. Desde los orígenes del capitalismo, muy pocas actividades gregarias han recibido un tratamiento similar: tal vez podríamos mencionar a las religiones y sus iglesias, la política institucionalizada, o los medios de comunicación masificados. El deporte profesional les iguala e incluso supera en poder de convocatoria social, capacidad para recaudar recursos, y fuerza de seducción mediante símbolos icónicos y personajes semidivinos. El futbol profesional en México, América Latina y Europa posee ese enorme encanto social que le permite distraer a los millones de hinchas y fanáticos, que se suman a una causa compartida que cada vez se antoja más virtual y menos real.
Los “clubes” deportivos son fieles a su origen incluso desde su epíteto: un “club” es, literalmente, un gran garrote que era empuñado por los miembros de una cofradía, para simbolizar su unión inquebrantable.

Era un conjunto solidario que defendía –ya sea mediante el deporte o mediante la guerra- las posiciones de un villorrio o de un cantón regional. La competencia entre clubes comarcanos nació de manera natural, como una serie de escaramuzas sin más objeto que reiterar la fuerza del conjunto local, que debía humillar al visitante. Pero como no podía sostenerse por mucho tiempo un ceremonial destructivo, debió dársele reglas y arbitraje, cuya autoridad debía ser observada por todos. La violencia se transformó en deporte, que canalizaba el instinto humano de territorialidad hacia una actividad constructiva, no destructiva como antaño.
El deporte y los clubes profesionales canalizan fuerzas sociales que de otra manera encontrarían desfogues virulentos. La antropología y la sociología del deporte, así como la etología –ciencia del comportamiento animal- nos han enseñado que muchas fuerzas profundas provenientes de nuestro ser animal logran ser canalizadas no por la práctica del deporte –lo que sería lo más recomendable , sino por la afición pasiva al deporte espectáculo, mediático y comercial. No es un fenómeno exclusivo de las sociedades modernas y capitalistas: ya griegos y romanos hacían uso del enorme potencial como entretenimiento y enajenación del deporte profesionalizado. Los deportistas griegos, en particular los olímpicos, recibían la admiración fanática y paladas de dinero por parte de sus hinchas, quienes los deificaban e identificaban con su orgullo localista.
Es sumamente interesante para alguien ajeno al fenómeno comercial del deporte como yo –mi esposa agregaría que también soy ajeno al resto de variantes del deporte observar la efervescencia social que se desata cada año en la ciudad de León, cuando se inicia la liga de ascenso a la primera división del futbol profesional mexicano. Cada año, desde hace ocho, la sociedad panza-verde exuda esperanza en cantidades industriales. Los corrillos se llenan de sesudos análisis y la renovada convicción compartida por todos: “ahora sí lograremos el ascenso” –nótese el plural-, y a los rivales se les encuentran cien mil quebrantos en comparación a los siempre jóvenes y talentosos esmeraldas.
Cada año la fiesta es seguida por la decepción para una afición merecedora de mejores causas, que se irrita ante una derrota para ellos inexplicable, y comienza a elucubrar una injusticia perpetrada por árbitros bajo nómina de Televisa, u otras maquinaciones a cargo de otros monstruos anti-leoneses.
Mi hijo Allende estudia la licenciatura en León. Es fiel seguidor de felinos futboleros melenudos o calvos pues es “panza” y es “puma”. Le repito la máxima de Gómez Morín: “que no haya ilusos, y no habrá desilusionados”. El deporte profesional es ingrato, es traicionero y no tiene compromisos. Si por alguna hazaña el León logra el ascenso en el partido de regreso, no me sorprendería que el dueño venda de inmediato la franquicia.
Nunca he asistido a un partido de futbol profesional, pero sí a partidos llaneros, donde los equipos, esos sí, son representativos de la manada a la que pertenecen, y defienden sus colores y su territorio con el coraje de las jaurías cazadoras. Ese es el auténtico deporte gregario, solidario y constructor de identidades.
A los hinchas panzas verdes, mis paisanos, les recomiendo la lectura de un libro de mi querido maestro Andrés Fábregas, antropólogo chiapaneco que se avecindó en la muy chiva Guadalajara: “Lo sagrado del rebaño. El futbol como integrador de identidades”. Lo publicó el Colegio de Jalisco en 2001 (ISBN 968-6255-58-3). Puedes leer una reseña aquí.

martes, 4 de mayo de 2010

Las mejores Tesis sobre elecciones

Las mejores Tesis sobre elecciones






Publicado en de Guanajuato.

El viernes pasado la Sociedad Mexicana de Estudios Electorales A.C. (SOMEE) entregó la presea “Carlos Pereyra Boldrini a las mejores tesis de maestría y doctorado que se presentaron el año pasado en todo el país, en materia de estudios electorales. Fue producto de un concurso nacional que ya ha tenido un par de ediciones anteriores, y ahora fue diseñado e impulsado por el doctor Víctor Alejandro Espinoza, del Colegio de la Frontera Norte. El acto tuvo lugar en las instalaciones de la Junta Local del IFE del Distrito Federal, en la ciudad de México.
Los premiados fueron: en tesis de doctorado, el físico Miguel Ángel Martínez Cruz, con su trabajo “Predicciones a partir de muestreos no representativos: análisis fractal y conteo rápido a partir del PREP en elecciones federales y estatales”. En cuanto a tesis de maestría la ganadora fue Elizabeth Cristina Cobilt Cruz, con el texto “Entre el cliente y el patrón: la intermediación política en los periodos de latencia”. Ambos recibieron la presea mencionada, que honra a uno de los grandes politólogos del país prematuramente fallecido hace 22 años; además se otorgó un pequeño estímulo económico, con diez y cinco mil pesos respectivamente, más la publicación bajo el sello de la SOMEE. Los premios fueron patrocinados respectivamente por los socios Víctor Alarcón Olguín (UAM-I) y Lerins Varela Castro (UACoahuila).
El jurado determinó otorgar dos menciones honoríficas: una a la tesis de doctorado “El papel de los medios de comunicación en la decisión del voto de los residentes de Tijuana durante el proceso electoral presidencial 2006 en México”, de Héctor Jaime Macías Rodríguez, y otra a la de maestría “Mecanismos de vinculación con la sociedad del Partido Acción Nacional en el proceso electoral de 2006”, de Mario Alberto Huaracha Alarcón.
Llama la atención que el galardonado doctoral proceda de las ciencias “duras”. Estudió la licenciatura en Física y Matemática en la Escuela Superior de Física y Matemática del IPN, y la maestría en Ingeniería de Sistemas en la ESIME, con otra tesis donde analizó sistemas sociales y electorales: “Dinámica de Sistemas Sociales Complejos: Análisis Fractal de Elecciones Federales 1991–2003”. Sus proyectos actuales confirman esta vocación por el estudio de lo social mediante herramientas cuantitativas: “Modelación y simulación matemática de sistemas sociales” y “Modelación matemática del comportamiento de grupos sociales en la ciudad de México”. Excelente ejemplo de interdisciplinariedad.
Elizabeth Cobilt es egresada de la licenciatura en Sociología de la UAM-I, donde hoy es estudiante de doctorado. Su tesis de maestría la presentó ante la FLACSO. Es una chica alegre y prometedora que nos alegró la tarde con su buen humor.

Es de gran trascendencia que los estudios sociales en general, y los electorales en particular, se estimulen en razón de su creatividad y originalidad. Esto ayudaría mucho a profesionalizar la acción política y partidista, tan desacreditada en nuestro país. Son los jóvenes politólogos los que pueden ayudar a regresarle dignidad y pertinencia a este oficio.
Ojalá los políticos leyesen más a los politólogos.