martes, 31 de agosto de 2010

Jerécuaro en un nido

Jerécuaro en un nido


Publicado en de Guanajuato.

Continuando con el análisis de las monografías históricas municipales de Guanajuato que ha ido publicando la Comisión Estatal del Bicentenario, toca ahora comentar la dedicada a Jerécuaro, de Ma. Teresa Obdulia Edith Alcántara Rivera -no por nada a los extranjeros les llama tanto la atención la longitud de nuestros nombres-. Se trata de un texto breve, de 60 páginas, el más escueto de los que he comentado hasta el momento.

No sólo es escueto, también la monografía es sencilla. No explora un número importante de fuentes históricas; parece que la autora se limitó a realizar una búsqueda rápida de información general y contemporánea que consideró de interés para el visitante. Tal vez realizó algunas entrevistas entre gente memoriosa de Jerécuaro, pero no lo indica, por lo que uno asume que los eventos y personajes de la historia inmediata los toma de su propia experiencia. La ausencia de referencias a fuentes es preocupante, porque no hay forma de verificar la información contenida. Por ejemplo, afirma que entre 17 mil y 20 mil jerecuarenses han emigrado a los Estados Unidos; una cantidad impresionante, pero no hay manera de conocer quién la calculó, ni qué periodo de tiempo comprende. El conteo de población 2005 registró 46,137 habitantes en el municipio; el censo de 2000 contó 55,311 personas en Jerécuaro. Un despoblamiento acelerado: 16.6% de pérdida poblacional en cinco años.
Junto con Coroneo, Jerécuaro forma una de las tres “esquinas” pobres de la entidad, en este caso la sureste. Las otras son las formadas por los municipios de la sierra Gorda, en el noreste, y Ocampo y San Felipe, en el noroeste.

Jerécuaro ocupa el lugar número 40 por su índice de calidad de vida -calculado por Boltvinik y Cortés de El Colegio de México-. A pesar de ello su historia es rica, pero no se refleja suficientemente en la monografía comentada. Ya Correo había puesto en evidencia la riqueza arquitectónica de las 24 haciendas que alberga este municipio, entre las que destacan las de Puruagua y Sabanilla, que obtuvieron premios como inmuebles habitacionales históricos mejor conservados (nota de Onofre Lujano en Correo, 23 de noviembre de 2008). Tan atractivas son las fincas históricas de Jerécuaro, que “el jefe” Diego Fernández de Ceballos compró la ex hacienda La Barranca, magnífico ex convento jesuita del siglo XVI que era propiedad del criador de toros de lidia Fernando de la Mora (nota de Luis Negrete en Milenio, 14 de noviembre de 2009).
 En 1987, siendo yo responsable de conocer y promover las culturas populares en nuestro estado, conocí en la comunidad de Salto de Peña, de Jerécuaro, una de las expresiones de teatro popular más interesantes que haya yo conocido jamás: la representación que desde 1977 hacen -o hacían- los ejidatarios. El coloquio se llamaba “Los Mártires de Salto de Peña”, y estaba dedicado a rememorar la lucha agraria local y el sacrificio de vidas por conquistar un pedazo de tierra. El asesinato de algunos de sus compañeros por órdenes de la hacendada, allá por los años veinte. Logramos que se presentaran en Guanajuato capital, en la simbólica Plazuela de San Roque.
Ojalá que Jerécuaro logre poner en evidencia su riqueza histórica, arquitectónica, artesanal ecológica -¡los hermosos ahuehuetes del río Tigre!- y que los jerecuarenses en el exterior contribuyan a reconstruir la memoria colectiva.

viernes, 27 de agosto de 2010

La generación NiNi del mundo posmoderno

La generación NiNi del mundo posmoderno





Publicado en Milenio de León, y en Gurú Político.
El evento de la semana para el estado de Guanajuato lo fue sin duda la Conferencia Mundial de la Juventud, que reunió a jóvenes de -dice la publicidad oficial- 104 países convocados por la Organización de las Naciones Unidas, principal promotora del encuentro de chavales. Desde el principio se evidenció que el magno evento no estaría libre de polémicas y enfrentamientos entre las visiones encontradas sobre el papel que debe jugar la juventud en un mundo tan diferente del que conocimos los que ya somos adultos maduros o mayores. Como nunca, percibí una enorme confusión sobre los paradigmas con que los jóvenes deben comprometerse: unos optan por la libertad y el hedonismo, otros por el compromiso social y la solidaridad, otros más por el progreso económico y la productividad. En fin, cada chavo con su onda.
Tuve la suerte de participar como expositor en uno de los foros interactivos del lunes gracias a la amabilidad de Luis Arturo Ruiz Mendoza, dirigente de la organización cívica Unidos por el Progreso y la Igualdad Social A.C. El foro se dedicó a analizar y debatir sobre el fenómeno de los chicos NiNi -que Ni estudian Ni trabajan-, un conjunto de jóvenes que no encuentran motivación para salir a la calle y buscarse un trabajo ordinario, o bien para continuar con sus estudios.
World Youth Conference 2010, foro sobre NiNi's
El fenómeno se despliega en países desarrollados como Japón, Alemania, España y muchos otros; incluido México, que aunque sin desarrollo ya exhibe una importante cantidad de chavales en esa situación.
En España la cantidad de jóvenes NiNi es ya motivo de alarma nacional. “El dato asomaba hace poco, sin estrépito, entre los resultados de la última encuesta de Metroscopia: el 54% de los españoles situados entre los 18 y los 34 años dice no tener proyecto alguno por el que sentirse especialmente interesado o ilusionado. ¿Ha surgido una generación apática, desvitalizada, indolente, mecida en el confort familiar? Los sociólogos detectan la aparición de un modelo de actitud adolescente y juvenil: la de los Ni-Ni, caracterizada por el simultáneo rechazo a estudiar y a trabajar” (nota de José Luis Barbería para Vida&Artes, 22/06/2009). En España se padece un desempleo de casi el 20% de la PEA. Tal vez sea esa una de las razones para el desánimo de toda una generación que se niega a buscar el pan o la competencia profesional que le permita salir del cómodo nido familiar. En una búsqueda en YouTube encontré una interesante serie televisiva española, un Reality Show denominado “Generación Ni-Ni”. Dos psicólogos que obligan a una docena de chavales a vivir juntos, y confrontar las responsabilidades básicas de sostenerse, atenderse y trabajar cotidianamente, sujetos a horarios y obligaciones ante patrones nada complacientes. Es triste constatar el dolor de mozos macizos de 18, 22 o hasta 30 años de verse arrojados a las rudezas del mundo real. Una generación posmoderna y hedonista que halla gozo en el placer inmediato, la virtualidad de un mundo cibernético e inexistente, el odio hacia los padres, pero la inevitable dependencia hacia los mismos.

Sobre México, Luis Miguel González, director editorial de El Economista, publicó el 12 de febrero pasado: “El purgatorio económico tiene forma: ser joven, no estudiar ni trabajar. Para ellos se ha inventado un término, generación Ni-Ni y una cifra: se dice que son 7 millones de personas en México.” Esta misma semana el Rector de la UNAM, José Narro, afirmó que en el país existen 7.5 millones de NiNi’s, ateniéndose a los datos de la Encuesta Nacional de la Juventud 2005. Si tenemos 34 millones de personas jóvenes en nuestro país, un 22% de nuestros chavos no tienen trabajo ni estudian. Falta saber cuántos de ellos no lo hacen por imposibilidad real, o sencillamente por la comodidad de no cumplir con una obligación que hasta hace poco era elemental. La SEP y Gobernación saltaron escandalizadas a corregir al insigne Rector, y lanzan una cifra absurda: sólo 285 mil jóvenes mexicanos pueden considerarse NiNi’s, ya que la gran mayoría de los reportados por la encuesta son desempleados o mujeres dedicadas a labores del hogar. ¿Tú les crees? Yo tampoco.
El fenómeno NiNi se acompaña del llamado “Síndrome de Peter Pan”, la negación de muchos mocetones de crecer, de madurar. Es parte de una actitud posmoderna del ciudadano contemporáneo, muy estudiada por psicólogos sociales, filósofos y sociólogos en todo el mundo. ¿Es cinismo? O es saberse intrascendente en un mundo donde todo está hecho. ¿Para qué esforzarse, si todo está resuelto? Sobre todo lo correspondiente a la papa diaria, al esfuerzo cotidiano, al compromiso. Como canta Virulo: “Y cuando en el futuro pregunten de seguro, que cómo fue que hicimos, que todo lo jodimos. A mí que no me vengan con mamadas: yo no hice nada”


viernes, 20 de agosto de 2010

El retorno de la Edad Media

El retorno de la Edad Media



Publicado en Milenio de León y en Gurú Político.

El pensamiento conservador suele ser unívoco. Es decir que sólo concibe la existencia de una verdad: la suya. Parte de convicciones absolutas y excluyentes que denomina “dogmas”. Sobre el término dice la Wikipedia: “Un dogma es una doctrina sostenida por una religión u otra organización de autoridad y que no admite réplica, es decir, es una creencia individual o colectiva no sujeta a prueba de veracidad, cuyo contenido puede ser religioso, filosófico, social, sexual, etc., impulsado por una utilidad práctica. La enseñanza de un dogma o de doctrinas, principios o creencias de carácter dogmático se conoce como adoctrinamiento.” Un dogma no se contradice: se obedece.
La reacción de los máximos jerarcas de la iglesia católica en contra de la resolución de la Suprema Corte de Justicia de la Nación -resolución que declaró válidos a nivel nacional los matrimonios homosexuales, así como su capacidad para adoptar niños-, pone en evidencia que el pensamiento dogmático, propio de la edad media y el oscurantismo, priva en las mentalidades de los potentados que gobiernan la organización eclesial más importante del país. El sombrío cardenal de Guadalajara escupió un odio nada cristiano al calumniar al máximo tribunal del país, así como al jefe de gobierno del DF. Sin prueba alguna, afirmó -y lo sostiene- que éste “maiceó” a los once ministros, es decir que los sobornó. Indignados, pero a su vez temerosos, los jueces máximos emitieron un tibio voto de censura a las declaraciones del lenguaraz patriarca católico. El ministro Sergio Valls, quien elaboró el proyecto de resolución, defendió la separación entre la iglesia y el Estado como lo establece el artículo 130 constitucional. Pero no se atrevieron a más. Sólo el jefe de gobierno ha tomado acciones legales en contra del vocinglero jerarca. Ya antes el vocero del arzobispado de México, Hugo Valdemar, había tachado al PRD de partido fascista y de ser más peligroso que los narcotraficantes. Eso impulsó a ese partido a presentar queja formal ante el IFE, por esta flagrante violación a la Constitución y al Cofipe.

Falta ahora que la procuraduría y los jueces civiles, así como el Consejo General del IFE, se atrevan a castigar infracciones tan descaradas. La jerarquía de la Iglesia católica olvida que vive en un país de leyes, que se pretende democrático y por lo mismo abierto a la diversidad, a la tolerancia, a las libertades civiles y al predominio del pensamiento liberal y científico. Ya no se valen nuevas cristiadas. Es decir, que México en el siglo XXI no puede aceptar la imposición intolerante de las verdades absolutas e incuestionables, los dogmas, que son siempre defendidos con el único argumento de la autoridad: “lo digo yo, así que tú debes creer”.
La iglesia católica, en particular su élite, ha combatido desde la colonia todos los intentos de modernizar el país, así como de abrir las mentalidades de los católicos a la riqueza del pensamiento diferenciado, contrastante, divergente. Se condena la existencia de otros modelos de familia, cuando el actual modelo judeo-cristiano-occidental tiene apenas 800 años de existencia. Simplemente échenle un ojo al libro de Stephanie Coontz, Historia del matrimonio. Cómo el amor conquistó el matrimonio (Gedisa, Barcelona, 2006). Una cita:
“La Iglesia en sus primeros siglos no estableció reglas elaboradas que hicieran un matrimonio legítimo. Un papa propuso que un matrimonio debía efectuarse en la iglesia para ser válido. Pero sus obispos señalaron que tal cambio convertiría a la mayoría de los niños de Europa en ilegítimos. Así que la Iglesia decidió que un hombre y una mujer estaban casados si habían intercambiado “palabras de consentimiento”, incluso si lo habían hecho junto al granero, sin ningún testigo ni en presencia de un sacerdote. No fue sino hasta 1215 que la Iglesia católica convirtió el matrimonio en un sacramento, y hasta 1563 que empezó a imponer reglas que obligaban a que se realizaran ciertas ceremonias para que un matrimonio fuera legítimo.”
Hoy día los homosexuales han visto restablecido su estatus de ciudadanos de pleno derecho. Uno de esos derechos es el de matrimoniarse libremente con la persona amada, sin importar el género. Otro derecho que se intentó enajenar es el de adoptar un niño en situación de abandono u orfandad. La ley y las normas mexicanas permiten la adopción sólo cuando se cumplen requisitos rigurosos, que aseguren el futuro del infante y que éste no pueda verse sometido a abusos, explotación o ataque a su integridad física y moral. Los matrimonios homosexuales deberán reunir los mismos requisitos que se demanda a los heterosexuales. Es posible incluso que le sea más fácil a una pareja gay ser altamente responsable, que a las familias straight, que con frecuencia son disfuncionales, violentas, irresponsables, discriminatorias y explotadoras.

martes, 17 de agosto de 2010

San Felipe, crisol de barro y sangre

San Felipe, crisol de barro y sangre


Publicado en de Guanajuato.

Llegó a mis manos una de las mejores monografías históricas municipales que ha publicado la Comisión Estatal del Bicentenario del estado de Guanajuato. Se trata de la que elaboraron los historiadores José Hernández Salazar y José Aguirre Bárcenas con el título “San Felipe, crisol de la independencia”. Muy bien escrito, aunque denso en términos de información histórica abordada.

Los autores no perdieron tiempo en contextualizaciones innecesarias, que en otras monografías han distraído la atención del lector. Para mi gusto, los lugareños ávidos de conocer su pasado no parroquial demandan información geográfica o económica que pueden conseguir en otras fuentes de almanaque. Me satisface más que los cronistas locales nos expongan de inmediato su sapiencia sobre su historia matria.
San Felipe es un municipio que derrama su historia. Viejos anales que iniciaron los recios chichimecas que poblaron esos feraces territorios, y que opusieron férrea resistencia a la ocupación colonial en la célebre “guerra chichimeca” de 1550 a 1600 -el auténtico western mexicano como decía don Luis González, aunque en este caso sería un “northern”-. En tiempos coloniales San Felipe jugó un papel destacadísimo en los eventos vinculados a la expansión hacia el norte, con eje en el “camino de tierra adentro” que conducía a los reales de minas de Zacatecas, Chihuahua y Santa Fe, Nuevo México, ya en las provincias internas que luego se apropiaron los gringos.
Los autores enfatizan los momentos cruciales de la independencia y sus antecedentes locales. Muy pocos espacios municipales pueden presumir como San Felipe el haber tenido tanto protagonismo en el estallido insurgente y sus secuelas. Puede competir sin problemas con Dolores Hidalgo, Querétaro y Valladolid por el rol de “crisol de la independencia”. Ya hasta el nombre le quieren cambiar para enfatizar este hecho. Eso porque Miguel Hidalgo fue cura de San Felipe por diez fructíferos años, hasta 1801. Su casa “de la alcantarilla” -por el nombre de la calle- pronto se trasformó en la “Francia chiquita” donde el sacerdote, su familia y amigos ilustrados leían a los racionalistas franceses y representaban las obras de la comedia francesa. Gustos escandalosos por lo irreverente, heterodoxo y revolucionario de sus contenidos.
La Francia Chiquita

San Felipe y los guerrilleros insurgentes que mantuvieron viva la chispa de la libertad en el Bajío, con “el pachón” Encarnación Ortiz, Pedro Moreno y el joven libertario español Javier Mina, figura romántica que comprendió que sólo la emancipación de las colonias liberaría a la España peninsular de su yugo francés. Las aventuras de estos insurrectos parecen más producto de la novela romántica que de la realidad, pero al fin verdades que la historia corrobora con documentación amplísima, que los autores manejan con destreza.
San Felipe en la revolución y la posrevolución, con la violencia irracional, pero con nuevos personajes de renovado atractivo: el brillante periodista Praxedis Guerrero, el profesor silaoense Cándido Navarro, los héroes locales de la defensa comunitaria, etcétera. San Felipe y la cristiada, espíritu conservador que luego cobró tintes aún más dramáticos en su rechazo violento a la educación socialista.
Monografía bien hecha, con sólo unos pocos errores como afirmar que los restos de los próceres que se exhibieron en las esquinas de la Alhóndiga hasta 1821, se condujeron de inmediato a la ciudad de México (p. 43), o confundir la mina de la Valenciana con la de Rayas en Guanajuato (pie de foto, p. 51). Minucias. Fuera de ello, me honro en haber gozado de este texto.


viernes, 13 de agosto de 2010

La trampa del plebiscito

La trampa del plebiscito


Publicado en Milenio de León.

El presidente municipal de Guanajuato capital, Nicéforo Guerrero, propuso este jueves a su ayuntamiento congelar el acuerdo CDUE-11-2009-2012, aquél en que se determinó que “es factible la autorización del cambio de uso de suelo, para el predio denominado: Granja ‘La Bufa’, de la antigua fracción de la ex-hacienda de la Yerbabuena del Municipio de Guanajuato, propiedad de "Constructora Azacan S.A. de C.V.” Como mago de feria, el alcalde se sacó del sombrero la brillante iniciativa de llevar el asunto a un plebiscito, recurso previsto en la Ley de Participación Ciudadana del Estado de Guanajuato, un ordenamiento que a pesar de sus ocho años de existencia nunca se ha podido aplicar por lo oneroso de sus condiciones.
Las marchas de “Guanajuato somos todos”, más los miles de firmas recabadas rechazando el disparate, incluyendo la del propio alcalde, han demostrado que el pretendido cambio de uso de suelo en una zona declarada como reserva ecológica es mayoritariamente repudiado. Hemos recorrido la ciudad recogiendo firmas e informando a la gente sobre el proyecto de urbanización -lo que no ha hecho el municipio-, y es muy estimulante ser siempre recibidos con entusiasmo por nuestros conciudadanos. Se nos pregunta de todo: que cuándo vamos a organizar la próxima marcha -¡ya les gustó!-, que qué hay que hacer para que el alcalde renuncie y se regrese al DF, que por qué no hacemos un plantón frente a la presidencia, etcétera. Hay enojo ciudadano.
El alcalde propone ahora el plebiscito. Esta figura de consulta ciudadana tiene por objeto, según el artículo 22 de la citada ley el de “someter a consideración de los ciudadanos guanajuatenses la aprobación o rechazo de los actos o decisiones del Gobernador del Estado o de los Ayuntamientos que se consideren trascendentes para el orden público o el interés social de la Entidad o del Municipio.” Aparentemente es la mejor opción para que la autoridad municipal constate el sentido de la voluntad mayoritaria, y por ello el procedimiento puede parecer muy democrático. Pero resulta que no es así. Veamos lo que reza la susodicha ley en cuanto al procedimiento y resultados del plebiscito:
“Artículo 32. El resultado del plebiscito será vinculatorio cuando hayan votado: […] II.- En el ámbito municipal, al menos el cincuenta por ciento de los ciudadanos inscritos en la lista nominal de electores del Municipio de que se trate, y de éstos que más del sesenta por ciento haya emitido su voto en el mismo sentido.”
“Artículo 33. Cuando el resultado del plebiscito no alcance los porcentajes requeridos para tener el carácter de vinculatorio, será solamente indicativo.”
La consulta se realizaría mediante boletas donde sólo se consignará una pregunta sobre el acto reclamado, con dos opciones: sí o no. Nada más. Para que la ciudadanía tenga información y que pueda definir el sentido de su voto, las partes podrán hacer difusión -que no campaña- sobre la que el artículo 55 prescribe: “La difusión del proceso la realizarán tanto la Comisión de Participación Ciudadana del Consejo General [del IEEG] como los solicitantes, cada uno con recursos propios [sic]. Los partidos políticos no podrán participar ni financiar la difusión del proceso.” En la difusión los ciudadanos competiríamos con nuestros pobres recursos, con los del ayuntamiento, que desviará talegas de dinero desde sus fines originales hacia la promoción del “Sí”, y contará con el auxilio del constructor. No se me ocurre nada más desigual y quijotesco.
Para colmo, dice el artículo 43: “Si el resultado del plebiscito realizado en el Municipio es en el sentido de desaprobar el acto de gobierno, el Ayuntamiento, emitirá el acuerdo revocatorio que proceda en un término no mayor de treinta días. El Titular del Poder Ejecutivo o el Ayuntamiento no podrán expedir decreto o acuerdo en el mismo sentido del abrogado o derogado dentro de los dos años contados a partir de su publicación.” ¿Y después de los dos años? Sencillo: el ayuntamiento puede reincidir y revivir el acuerdo.
En las elecciones municipales del año pasado Guanajuato capital tuvo una lista nominal de 113 mil 204 electores. De ellos sólo acudió a urnas el 47.6%. Para ganar el plebiscito “Guanajuato somos todos” debería lograr lo que los siete partidos juntos y el IEEG no lograron: que voten más de la mitad de los ciudadanos. Y además deberá triunfar la opción del “No” con un 60% de los votos emitidos: más de 34 mil votos. La coalición que llevó a Nicéforo al poder obtuvo apenas 23 mil 436 sufragios. Y eso contando con las prerrogativas que le acordó el IEEG.
Pero incluso soñando con que se lograra que el resultado fuese vinculante, y que ganara la opción del “No”, el esfuerzo de la sociedad civil sólo detendría por dos años el capricho del gobierno municipal. Esta o la siguiente administración puede revivir al zombi.
El plebiscito, desde mi personal punto de vista -“Guanajuato somos todos” se pronunciará hasta luego de la reunión del viernes con la comisión del ayuntamiento- el plebiscito no es la solución para nuestra demanda: es una estrategia para desacreditar a nuestro movimiento y exhibirnos como carentes de consenso social. Contrariamente al ayuntamiento, que movilizará a sus huestes clientelares para derrotar a los catrines “clasemedieros” que nos oponemos al progreso.


martes, 10 de agosto de 2010

Santiago Silahua

Santiago Silahua


Publicado en de Guanajuato.

La colección de monografías históricas municipales que está publicando la Comisión Estatal para la Conmemoración del Centenario y el Bicentenario en Guanajuato, ha dado a la luz la correspondiente al industrioso municipio de Silao de la Victoria. Las autoras son don jóvenes historiadoras que se han hecho cargo de la crónica local. Se trata de Paola Trujillo Hernández y Araceli Velázquez Mata. El hecho de que los jóvenes se estén haciendo cargo de la preservación de la memoria histórica de los municipios nos da muchas esperanzas de que el trabajo del cronista se consolide como una ocupación profesional y de tiempo completo. Además, encontramos que la crónica tampoco se deja en manos de una sola persona; en este caso es una pareja de jóvenes investigadoras, pero ya existen experiencias interesantes como el consejo de la crónica municipal que Herminio Martínez ha armado en Celaya. Creo que el trabajo en equipo, liderado o ejecutado por jóvenes, es el mejor camino para que la microhistoria cobre carta de naturalización en los gobiernos municipales y sus archivos.

Trujillo y Velázquez han generado una buena monografía histórica. Lo que me agradó más en su lectura es que abordan todos los temas desde una óptica diacrónica: los capítulos referidos a la hidrología, la geología, la población, la economía, la migración o la cultura, son abordados desde la historiografía, ensayando explicaciones que exploran el pasado para facilitar la comprensión del presente. Por ejemplo, cuando analizan la contaminación de aguas y suelos que tanto afecta hoy a Silao, las cronistas despliegan las circunstancias del pretérito mediato e inmediato que nos ayudan a entender los porqués de hoy. Desde las desviaciones del río Silao, la sobre explotación de los mantos freáticos, la industrialización sin planeamiento, el crecimiento poblacional, la agricultura con base en agroquímicos, etcétera, son causales que se desataron a lo largo de las pasadas décadas, incluso siglos.

Las historiadoras aprovecharon una gran cantidad de fuentes, y tratan con éxito de ser sintéticas pero certeras. Silao tiene una historia compleja que no siempre le ha sido favorable. Su situación geográfica privilegiada, nos hacen ver las autoras, también ha sido una de las causas de sus padecimientos, como la migración permanente de los sectores más ilustrados de su población, o la pérdida de soberanía por la imposición de los intereses de sus potentes vecinos: León, Guanajuato capital e Irapuato. Ha sido tierra de emigrantes ilustres: José María Liceaga, Efraín Huerta, Feliciano Peña, los Chávez Morado, Luis I. Rodríguez, el científico Vicente Fernández, el fotógrafo Romualdo García, etcétera. Pero también tierra de emigrantes netamente laborales, como los miles de silaoenses que habitan en los Estados Unidos. Pocos regresan, pero ninguno olvida.
Silao ha sido víctima de catástrofes sociales como la guerra de Reforma -de la que fue su escenario bélico final-, la Revolución -el profesor Cándido Navarro-, la cristiada, el agrarismo y otras, y también de desastres naturales como la inundación de 1976, que devastó más de la mitad de las casas del casco urbano. Me extrañó que las historiadoras no hagan suficiente referencia a esta última calamidad. Silao no fue el mismo después de la inundación.

martes, 3 de agosto de 2010

Depredación urbana

Depredación urbana



Publicado en de Guanajuato.
La segunda marcha ciudadana que impulsó la agrupación “Guanajuato somos todos” duplicó los números de la primera. Más de mil personas marchamos el 31 de julio, día de la Cueva, exigiendo del ayuntamiento que dice gobernarnos que rectifique su decisión y eche atrás cualquier posibilidad de cambiar el uso de suelo solicitado por la constructora, relativo al predio Granja La Bufa.

Los habitantes de la ciudad de Guanajuato estamos hartos de padecer las medidas cortoplacistas e interesadas de las administraciones municipales y estatales, que han autorizado sin chistar proyectos urbanísticos que han depredado los escasos espacios naturales a nuestro alcance. Por ejemplo, no supimos reaccionar contra la ocurrencia del nuevo acceso Diego Rivera, que tasajeó los cerros del suroriente de la ciudad y que dejó una enorme cicatriz de asfalto por donde circulan unos cuantos vehículos, muchos de ellos gubernamentales, que no justifican el gasto en esa empresa faraónica. La obra, eso sí, permitió que el constructor de la carretera adquiriera con oportuna anticipación y a precios irrisorios los terrenos que hoy pretende urbanizar. El uso de información privilegiada para beneficio personal es un delito; sin embargo nada se hizo entonces ni ahora por investigar los intereses y complicidades involucradas en este turbio negocio.
Pero los guanajuateños no nos hemos movilizado para castigar un presunto delito que no podemos documentar; nos hemos manifestado para evitar la urbanización de un área natural que con total acierto se había clasificado como reserva ecológica. Abundan los testimonios técnicos que indican lo impropio que son esas cañadas y lomeríos para el asentamiento de familias, comercios y demás parafernalia del feo urbanismo de los desarrolladores de vivienda. Hasta el nombre que se rumora llevaría el complejo, “fraccionamiento El Dorado”, es horrendo y choteado. Como que quiere hacer referencia al “Guanajuato encantado” que nuestras madres y abuelas nos narraban que existía escondido en alguna parte de La Bufa.

El alcalde Guerrero ha optado por ignorarnos, negar la información que nos reprocha no poseer y viajar al extranjero por una semana. Ya ha escapado a dos rechiflas, para de inmediato insistir en su obcecación. Fuerte ha de ser el compromiso que se tiene con el particular que planteó la solicitud; tanto que el ayuntamiento se mantiene unido frente al rechazo ciudadano.
Al día siguiente de la manifestación, el alcalde publicó en su columna semanal un torpe intento de justificarse: enlista ejemplos de edificios o monumentos que han alterado la fisonomía urbana o natural de la ciudad o su entorno, y cómo la gente ha aprendido a asimilarlos con el tiempo. Aceptando sin conceder, porque algunos ejemplos son inadecuados, hay que dejar en claro que los errores del pasado no justifican los errores del presente. Si nuestros padres o abuelos no supieron oponerse a algunos bodrios urbanos, los adultos y jóvenes de hoy no tenemos por qué imitarlos. Nosotros sí sabemos decir ¡no!

Como profesor que soy, no puedo terminar sin recomendarle a nuestro alcalde que trabaje más sus habilidades para la escritura. Es triste que un profesionista que desciende de académicos ilustres cometa errores de ortografía, padezca una sintaxis incomprensible, y que lance perlas pleonásticas como afirmar que el acuerdo se tomó “por unanimidad de todo el Ayuntamiento” (¡sic!). Si alguien le redacta los artículos, debe despedirlo.
¡Vamos por 20 mil firmas!